LOS VIAJES PRESIDENCIALES

La reciente visita a Rusia, Bielorrusia y Francia está en etapa de evaluación. Sin embargo, la oportunidad fue propicia para que el público conociera en EL COMERCIO datos fidedignos sobre los desplazamientos presidenciales, sus 46 encuentros bilaterales y la asistencia a 35 reuniones grupales. Los 712 000 km recorridos en 82 viajes fuera del país por el Primer Mandatario, en siete años, suponen que el Presidente ha pasado el equivalente a 41 días dentro de un avión y habría dado 17,7 vueltas al planeta.

De todos los destinos, Venezuela ha sido el más recurrente, especialmente cuando Hugo Chávez vivía. Le siguen los viajes a Argentina, Brasil, Perú, Estados Unidos, España y Bolivia. Las giras tuvieron curiosidades como la visita a Irán en dos ocasiones, el encuentro con Muamar el Gadafi, presidente de Libia muerto en la guerra civil, y los cinco periplos con distintos propósitos a EE.UU., país al que critica tachándolo de imperialismo.

De las cumbres, el Presidente prefiere las de la Alba y Unasur, pese a su poca efectividad, y cuestiona a otros foros; solo ha acudido una vez a la Asamblea General de Naciones Unidas, y este año no fue ni a la Cumbre de las Américas ni a la cita Iberoamericana.

Los de ahora son tiempos de diplomacia directa y de globalización. Empero, una evaluación a fondo sobre los viajes presidenciales no deberá dejar de lado sus beneficios tangibles para el país.

Los viajes presidenciales

No ha quedado claro el objetivo concreto del viaje presidencial a Oxford, Inglaterra, pese a que, según palabras del propio Jefe de Estado, el propósito era tomarse un respiro de la política nacional dictando conferencias en el prestigioso centro universitario británico.

Si fue así, el Gobierno debiera rendir cuentas acerca del sentido que tuvo llevar una numerosa comitiva para que acompañe al Presidente en sus charlas y contactos con sectores intelectuales y académicos de Inglaterra.

También fue confusa la agenda del Mandatario y sus numerosos acompañantes en Rusia. En principio se informó que la visita tenía como fin abrir nuevos mercados de exportación y buscar financiamiento para proyectos sociales e infraestructura, pero luego se conoció que la agenda incluía acercamientos para comprar equipos militares.

Si las relaciones entre los dos países son lo suficientemente fluidas, principalmente en relación con exportaciones de productos como banano, flores, camarón, entre otros, es loable que el Mandatario busque consolidar esas relaciones y las amplíe en áreas como energía, agricultura, industria, pesca y ciencia.

Pero hace falta coherencia en ciertos gestos geopolíticos, como por ejemplo que el Presidente abriera la posibilidad de reconocer, en favor de Rusia, a dos regiones separatistas mientras, paradójicamente, en Ecuador se judicializa bajo el cargo de separatismo a quienes en Guayaquil expresan su descontento con el Régimen.

Lo mismo ocurre con el discurso de soberanía que el Gobierno arguye para alejarse de Estados Unidos, mientras se acerca a países y regiones donde Rusia, otra potencia mundial, ejerce enorme influencia y control.