La gran figura de Maradona y sus claroscuros

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Lunes 30 de noviembre 2020

El brillante sol alrededor de una personalidad indomable, las loas que exaltan sus logros y su condición deportiva y la oscuridad de sus excesos marcaron a Diego Maradona.

Para los expertos en deportes quizá el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Aunque no se deja de mencionar a Pelé, Alfredo Di Stéfano, Johanes Cruyff o Lionel Messi.

Durante toda su vida, el interés por todo lo que sucedía a su alrededor hizo que su fama superara la humana posibilidad de asimilar con humildad un papel tan grande.

Se puedan ensayar decenas de teorías, desde sociológicas hasta psicológicas, para el fenómeno Maradona, tanto en el plano personal como en el impacto en el plano colectivo.

El contraste de vivir entre la miseria más grande como pibe de barrio en Villa Fiorito, donde el potrero fue su escuela; de pasar desde el modesto Argentino Juniors de sus primeras puntadas a vestir las grandes casacas del mundo, le marcaron.

Como les sucede a muchos deportistas o a las estrellas del rock, su presencia nunca pasaba inadvertida. Miles de personas rogándole por un autógrafo, una foto o una selfie, hicieron que el concepto de vida privada se pierda en su horizonte.

La fortuna prematura, el conseguirlo todo demasiado joven, acaso lo llevaron al hoyo de las adicciones que superó a ratos con dificultad. Su difícil vida familiar y sus excesos verbales hacen parte de una personalidad singular, que no por eso impidió que se lo comparara con un dios.

Maradona generó idolatría entre las masas. Pero políticos, monarcas, millonarios y pontífices ansiaban una foto con él. Igual, él admiraba a controvertidos líderes como Fidel o Hugo Chávez, pues le gustaba la figuración y ser parte del jet set.

El tumulto de su velatorio en la Casa Rosada -sede del Gobierno-, las noticias de portada en casi 200 diarios, la conmoción del pueblo argentino, se sintieron en casi todos los rincones del mundo, y causaron reac­ciones de admiradores y detractores.

Quedan para la posteridad sus mágicas jugadas, al igual que sus humanas grandezas y debilidades.