Asesinatos y abusos: ¿efectos de la pandemia?

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Jueves 15 de octubre 2020

Uno de los síntomas de un proceso tan intenso y doloroso como una pandemia se expresa en muestras de confrontación, violencia y abuso.

Las cifras dan cuenta de maltrato en los hogares y el riesgo de los femicidios ha sido evidente. Pero la calle es un escenario particularmente disputado, cruel en grado sumo.

Dos escenas ilustran el estado de cosas de modo traumático. Una de ellas ocurrió en la puerta de la estación del Trole en El Recreo, un sitio especialmente concurrido y con vecindades peligrosas. Otra sucedió en Durán, y fue un abuso de agentes a una persona con discapacidad.

En el primer caso referido, un grupo de agentes metropolitanos se hallaba despejando la vereda ya tomada por las ventas ambulantes. Las personas desalojadas emprendieron a palazos contra los agentes, y uno de ellos recibió una artera puñalada.

El agente murió. El caso no debe quedar en la impunidad y la persona que cometió el crimen debe ser juzgada y castigada como manda la ley.

En Durán una vendedora que padece discapacidad auditiva y del lenguaje es atada a un poste. Una agente le da palmadas en las nalgas y un hombre vestido de civil vierte el contenido de una botella de agua sobre su rostro, en medio de burlas. Los casos fueron grabados por cámaras de seguridad, el primero; y el segundo, por un testigo de la agresión.

En el caso de Durán, se levantan procesos por tortura y la Defensoría del Pueblo interviene. El país espera la máxima sanción por este abuso.

La pandemia ha definido a la calle como escenario de confrontaciones. La lucha por ganarse el pan ha agudizado la crispación.

El nivel de violencia se ha incrementado y la situación de perder el trabajo o estar durante un tiempo prolongado en el encierro obligado ha precipitado actos violentos.

Las grandes heridas de la pandemia están en las muertes de miles de ecuatorianos, en el cierre de empresas, en la pérdida de miles de fuentes de trabajo, pero también en las serias secuelas y honda brecha social que se profundiza. Su huella emocional deja estragos incalculables.