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El cambio de técnico no resuelve por sí solo las dificultades futbolísticas. Eso ha quedado claro tras el debut de Marcelo Gallardo con la Selección de Ecuador, con la que el argentino inició un proceso que él mismo calificó como un desafío de vida. Los primeros resultados dejan preocupaciones, pero también razones para entender que las transformaciones necesitan tiempo.
Gallardo, de 50 años, tuvo a disposición a los futbolistas durante dos semanas y dirigió tres partidos en la gira asiática. Ecuador perdió ante Corea del Sur y empató con Japón y Panamá, encuentros que posteriormente se definieron en tandas de penales desfavorables para la Tri.
Los resultados no acompañaron. Sin embargo, sería apresurado juzgar un proyecto que apenas comienza. Lo que sí corresponde es identificar problemas que trascienden al entrenador.
La falta de eficacia ofensiva es uno de ellos. Ecuador apenas marcó tres goles en sus últimos siete partidos, un promedio de 0,43 por encuentro. Durante las eliminatorias anotó 14 tantos en 18 compromisos. La solidez defensiva, una de sus principales fortalezas, no ha encontrado un equilibrio con la producción ofensiva.
Gallardo tampoco escapó a las estadísticas. Con dos puntos de nueve posibles, registra el peor arranque de un seleccionador ecuatoriano en los últimos 10 años. Es una señal de alerta, aunque todavía insuficiente para emitir conclusiones definitivas.
Hay, no obstante, aspectos positivos. El entrenador busca acercarse al fútbol nacional. Conocer el país, sus jugadores y su idiosincrasia es fundamental para dirigir una selección que representa mucho más que resultados deportivos.
Su presencia prevista en el partido entre Liga de Quito y Barcelona SC constituye una práctica que debería mantenerse. Observar, dialogar y conocer el entorno futbolístico también forman parte del trabajo.
La próxima fecha FIFA, entre el 9 y el 17 de noviembre, ofrecerá otra oportunidad para evaluar avances.
Ecuador necesita paciencia, pero también trabajo, decisiones y respuestas. La Federación, el cuerpo técnico y los futbolistas deben asumir sus responsabilidades. La afición, por su parte, merece un proyecto respaldado por hechos y no solamente por promesas. No obstante, los hinchas también deben comprender que la exigencia y la crítica nunca pueden estar por encima del respeto a los jugadores, sus familias y su entorno.
Gallardo necesita tiempo y apoyo. Pero también debe comprender que detrás de cada camiseta hay millones de ecuatorianos que esperan ilusionarse aún más con su Selección.