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La mortalidad impactó más en 10 parroquias de Quito

Wilson Chiguano, dueño de una mecánica en San Bartolo, recordó a vecinos fallecidos. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Los hogares de San Juan han afrontado la pérdida de seres queridos más que cualquier otra parroquia de Quito. Esta zona del centro acumula 3 140 defunciones por todas las causas, incluido el covid-19, desde el año pasado hasta la fecha.

Los moradores recuerdan con tristeza a quienes se han ido, pero también están conscientes de sus problemas.

A la memoria de Silvia Abata, dirigente de la zona, viene la imagen de la administradora de la Casa Somos de Toctiuco, quien falleció hace poco. Otra mujer de 65 años y su hijo de 36 también perdieron la vida.

Para Abata, hay un alto contagio entre comerciantes informales que han acudido a sesiones de bailoterapia. También han resultado muy afectados los adultos mayores, quienes se contagian por el contacto con jóvenes que salen a canchas deportivas y no se cuidan.

Solo entre el 1 de enero y el 20 de junio del 2021 se han registrado 1 217 defunciones generales en San Juan, según los datos del Registro Civil. Esto significa que en esa parroquia fallecieron siete personas cada día, en promedio. El año pasado, ese promedio diario fue de cinco personas fallecidas.

La madre de Armando Soria vive en las calles Tapi y Guatemala. Todos los días visita a su madre, pues a unas cuadras murieron cuatro vecinos mayores de 60 años, en abril.

Ellos asistieron a dos ‘hornados solidarios’. “Hubo aglomeración y por ahí consumieron alguna bebida y se descuidaron de la mascarilla”, dijo.

Ricardo Félix tiene un negocio en las vías Haití y Guatemala. En octubre del año anterior contrajo covid-19 junto con su esposa, hijos y suegros. “Mis niños fueron asintomáticos, nos aislamos durante 21 días. El Municipio y el IESS nos ayudaron para que finalmente lográramos superar ese mal momento”, recordó.

El Ministerio de Salud Pública (MSP) ha reportado apenas 59 fallecimientos de residentes de esta parroquia por covid-19. Esto se debe a que únicamente registra los decesos en hospitales públicos o privados. La mayoría de estos casos fue de hombres, y fueron atendidos en casas del Salud del MSP.

Junto con San Juan hay otras nueve parroquias que concentran el 64% de 28 360 defunciones generales, que publica el Registro Civil, del 2020 hasta el 20 de junio del 2021.

En su mayoría son localidades con alta densidad poblacional, como Calderón, Carcelén, Guamaní, entre otros, donde se ha experimentado un intenso movimiento de comerciantes informales con escaso distanciamiento.

Entre estos sitios también está San Bartolo, en el sur, una zona que se caracteriza por tener locales comerciales, fábricas y una sostenida circulación de transporte de carga.

En el período analizado hay 2 634 actas de defunción, de las cuales 1 086 (41%) corresponden a este año, es decir, seis muertes diarias en promedio.

No hay que olvidar que la mortalidad en exceso no solamente se da por covid-19. Según el INEC, también se ha presentado por enfermedades isquémicas del corazón, diabetes, influenza y neumonía. Esta última puede o no estar relacionada con el SARS-Cov-2.

Elena Caza, propietaria de una lubricadora, cuenta que la dueña de un restaurante de mariscos “falleció por la depresión que le causó enterarse de que su esposo se infectó del virus; la pandemia también nos afecta en lo psicológico”.

El MSP tiene en su base de datos a 68 personas que vivían en San Bartolo y fallecieron por covid-19 en hospitales. De esta parroquia murieron más en centros de salud del IESS.

Wilson Chiguano, propietario de un taller mecánico en las calles Tomás Guerra y Luis Urdaneta, relata con tristeza que el dueño de una peluquería cercana murió luego de que lo trasladaran a un sanatorio.

Al parecer, los familiares le contagiaron de coronavirus y no resistió la enfermedad. Caza también lo recuerda, pues era muy conocido y llevaba varios años con su negocio.

Los dirigentes de la Liga Barrial de San Bartolo se organizaron para ayudar a personas de escasos recursos que se infectaron. Su presidente, Franklin Toapanta, distribuyó alimentos con el Municipio. “Al principio de la emergencia ayudamos, pero nos tocó resguardarnos porque la situación se tornó preocupante por la cantidad de contagios”.

También logró que algunas organizaciones donaran mascarillas e insumos de bioseguridad. Pese a todos los esfuerzos, el directivo ha emitido al menos nueve cartas de condolencias a vecinos que perdieron a familiares por covid-19.

Lamenta, por ejemplo, el caso de un hombre, de 40 años, quien de forma repentina cerró su negocio de legumbres. “Luego nos enteramos de que perdió la vida”.

Las víctimas han sido conductores de transporte urbano, empleados públicos, adultos mayores, comerciantes, entre otros.

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