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El sur y el centro de Quito avivaron el gran triunfo de los patriotas

Los barrios del sur de Quito fueron la clave para que el Ejército de Sucre pudiese desarrollar el último capítulo de la gesta libertaria. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

La noche del jueves 23 de mayo de 1822, el general Antonio José de Sucre dio la orden a sus hombres de que empezaran a escalar las faldas del Pichincha. Era una operación secreta que les permitiría rodear la ciudad y llegar a los ejidos de Iñaquito.

Los soldados de la gesta libertaria pudieron pasar casi inadvertidos, pero ya con la luz del amanecer fueron divisados por los vigías del grupo realista. Y se blandieron las espadas de los dos bandos.

Antes de eso, la gente con posibilidades económicas se refugió en sus haciendas por fuera de la zona por donde retrocedían las tropas realistas españolas y avanzaban las filas libertadoras.

El resto tuvo que resistir y sobrevivir. Las crónicas de los historiadores hablan de la hostilidad de los realistas con los civiles que se quedaron, ya que desconfiaban de todos y creían que había redes de espías. No era para menos, el Ejército comandado por José Antonio de Sucre prometía libertad.

Así que es entendible que los barrios de lo que hoy es el sur de Quito hayan sido clave para el avance de los patriotas. Pero también las crónicas de ese tiempo aseguran que las mujeres se asilaron en los conventos para ponerse a buen recaudo, como siempre en un estado de guerra.

Chillogallo fue el lugar final donde Sucre planteó la estrategia de subir por las empinadas faldas del Pichincha, pasando por Lloa y llegando al norte inevitablemente por lo que hoy se conoce como La Libertad, por obvias razones ya en los próximos años.

En Chillogallo se decidió ese plan. El alto mando de Sucre sugirió presentar batalla en Iñaquito, al imaginar que si los realistas los interceptaban la lucha sería inmisericorde pero decisiva para toda la campaña bélica de liberación. Lo que, finalmente, ocurrió.

Una vez que los leales al rey de España se dieron cuenta de los planes de Sucre, decidieron desafiar a los rebeldes. La batalla fue cruel, pero al final los realistas trataron de escapar, algo que no fue fácil, porque la caballería se lanzó a la caza de los perdedores.

Finalizada la jornada, con el génesis de una nueva nación, los vencedores fueron a festejar a lo que hoy es La Victoria.