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Las lluvias del domingo 4 de octubre de 2026 dejaron inundaciones, un desbordamiento de quebrada, árboles caídos y problemas de drenaje en distintos puntos de Quito. En el pluviómetro de El Bosque cayeron 63,9 milímetros de agua en apenas dos horas, casi el 80% de lo previsto para todo el mes en esa estación. La magnitud del evento puso bajo presión a los equipos municipales y abrió el análisis sobre la capacidad de la ciudad para enfrentar episodios de este tipo.
Alexis Jarrín, director del Centro de Operaciones de Emergencia del Distrito Metropolitano de Quito, informó que la mayoría de los eventos correspondió a inundaciones. El balance también incluyó un desbordamiento de quebrada y dos caídas de árboles. No hubo personas heridas, fallecidas ni damnificadas.
El Municipio activó equipos del Cuerpo de Bomberos de Quito, Epmaps, Epmmop, Agencia Metropolitana de Tránsito (AMT), EP Emseguridad, Metro de Quito y administraciones zonales. Las labores incluyeron evacuación de agua, retiro de lodo y granizo, limpieza de sumideros y liberación de vías.
La AMT desplegó 100 agentes, 10 patrulleros y 25 motocicletas para gestionar la circulación. Entre los sectores que requirieron atención constaron El Labrador, La Y, Buenaventura de Chillogallo, Centro Histórico, El Condado, Tomás de Berlanga, Río Coca y Granda Centeno.
David Benavides, director de la Escuela de Gestión de Riesgos, considera que la ciudad sí contó con capacidad operativa, principalmente por la coordinación entre instituciones y la movilización de recursos.
Santiago Balarezo, experto en gestión de riesgos, coincide en que el Municipio dispone de personal, equipamiento y recursos para responder ante una emergencia. Su cuestionamiento apunta a la planificación previa en sectores donde los problemas aparecen de forma recurrente.
Benavides también marca una diferencia entre ambos componentes. A su criterio, una respuesta efectiva frente a un evento no implica que exista suficiente capacidad de prevención.
Los pasos deprimidos de El Labrador y La Y registraron acumulaciones de agua. En La Y, los equipos evacuaron dos vehículos. Ambos puntos recuperaron después su funcionamiento.
La estación El Labrador del Metro también requirió atención. Cerca de 30 personas del Metro de Quito trabajaron junto con personal de otras entidades para evacuar agua y limpiar el lugar.
Balarezo considera que sectores con antecedentes de inundaciones requieren estudios que contemplen las amenazas, las conexiones de alcantarillado, el sistema hidráulico y el volumen de agua que llega desde las partes altas.
El experto sostiene que estos factores deben formar parte de la planificación de infraestructura destinada a prestar servicios esenciales.
Jarrín explicó que la precipitación arrastró material que tapó los sumideros. Parte del granizo ingresó además al sistema de drenaje, lo que redujo el espacio disponible para el paso del agua.
La acumulación ocurrió con rapidez. El sistema de alerta temprana de los pasos a desnivel mostró que, en algunos casos, el taponamiento y el incremento del nivel del agua se produjeron en menos de cinco minutos.
El director del COE relacionó también las inundaciones con la intensidad excepcional del episodio. Explicó que los sistemas de drenaje responden a determinadas condiciones de diseño y que una precipitación de esa magnitud supera las previsiones habituales.
En Buenaventura de Chillogallo, un flujo de lodo y sedimentos descendió desde la parte alta de la microcuenca y alcanzó la vía. Los equipos inspeccionaron ocho viviendas y encontraron afectaciones en una, donde reside una familia de cuatro personas.
La evaluación municipal identificó una extensa ladera con pérdida de cobertura vegetal y suelo expuesto. La cantidad de agua y sedimentos superó la capacidad del drenaje.
Benavides utiliza este caso para explicar que la intensidad de una amenaza natural constituye solo una parte del riesgo. Las condiciones del territorio, su organización, la preparación y la capacidad de recuperación también determinan la vulnerabilidad de una zona.
Por eso, plantea medidas relacionadas con planificación territorial, protección de quebradas y cobertura vegetal, infraestructura adecuada y participación de las comunidades.
El Plan de Eventos Climáticos identifica 321 barrios con susceptibilidad a inundaciones y movimientos en masa. El Municipio también prioriza 112 quebradas y ríos para acciones relacionadas con el riesgo.
Durante el episodio del domingo, una de esas quebradas presentó problemas en Chillogallo. Para Jarrín, el comportamiento de las otras zonas priorizadas refleja resultados de las acciones preventivas.
Desde el 24 de septiembre hasta el 4 de octubre, el COE contabilizó 75 emergencias. Eugenio Espejo concentró 29; Eloy Alfaro, 11; y La Delicia, ocho. Las tres administraciones zonales reunieron el 64% de los eventos registrados en ese período.
El Municipio ejecutó 1 866 intervenciones en quebradas cercanas a viviendas durante 2026 y empezó en junio la planificación para la época lluviosa. La ciudad cuenta además con un Plan de Eventos Climáticos y un Plan de Acción ante el fenómeno de El Niño.
EPMMOP tiene proyectos para actualizar sistemas de drenaje y renovar tuberías con varios años de funcionamiento en sectores donde aumentó la población.
Benavides plantea que la ciudad debe avanzar hacia una gestión integral del riesgo. Balarezo, por su parte, considera necesario buscar soluciones definitivas en sitios donde las inundaciones se repiten.
Ese desafío cobra relevancia frente a los próximos meses. Jarrín señaló que los análisis contemplan lluvias sobre el promedio para noviembre, aunque aclaró que eso no significa que necesariamente ocurran precipitaciones extremas.
El Municipio activó equipos de varias instituciones para evacuar agua, retirar lodo y granizo, limpiar sumideros y liberar vías.
Contexto: Participaron Bomberos Quito, Epmaps, Epmmop, AMT, EP Emseguridad, Metro de Quito y administraciones zonales. La AMT desplegó 100 agentes, 10 patrulleros y 25 motocicletas.
Los expertos consultados consideran que la ciudad contó con capacidad operativa para atender la emergencia.
Contexto: David Benavides destaca la coordinación y movilización de recursos. Santiago Balarezo coincide sobre la disponibilidad de personal y equipamiento, pero cuestiona la planificación previa en sectores con problemas recurrentes.
Ambos registraron acumulaciones de agua y posteriormente recuperaron su funcionamiento.
Contexto: En La Y, los equipos evacuaron dos vehículos. La estación El Labrador del Metro también requirió trabajos para evacuar agua y limpiar sus instalaciones.
El material arrastrado por la precipitación y el granizo tapó sumideros y redujo la capacidad del sistema de drenaje.
Contexto: El sistema de alerta temprana mostró que, en algunos casos, el taponamiento y el aumento del nivel del agua ocurrieron en menos de cinco minutos. Jarrín también relacionó las inundaciones con la intensidad excepcional del episodio.
Un flujo de lodo y sedimentos descendió desde la parte alta de la microcuenca y alcanzó la vía.
Contexto: Los equipos inspeccionaron ocho viviendas y encontraron afectaciones en una, donde reside una familia de cuatro personas. La evaluación detectó pérdida de cobertura vegetal y suelo expuesto en una extensa ladera.
El Plan de Eventos Climáticos identifica 321 barrios susceptibles a inundaciones y movimientos en masa.
Contexto: El Municipio también prioriza 112 quebradas y ríos para acciones relacionadas con la gestión del riesgo.
El COE contabilizó 75 emergencias durante ese período.
Contexto: Eugenio Espejo concentró 29 eventos, Eloy Alfaro 11 y La Delicia ocho. Las tres administraciones zonales reunieron el 64% de los casos.
El Municipio realizó 1 866 intervenciones en quebradas cercanas a viviendas durante 2026.
Contexto: La planificación para la época lluviosa empezó en junio. Quito también cuenta con un Plan de Eventos Climáticos y un Plan de Acción ante el fenómeno de El Niño.
Los análisis contemplan lluvias sobre el promedio para noviembre.
Contexto: Jarrín aclaró que esta previsión no significa que necesariamente ocurran precipitaciones extremas.