Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
A las 11:00 de este jueves 17 de septiembre de 2026, el incendio del cerro Casitagua ya se veía desde El Pinar, por la avenida Occidental. Una columna de humo se levantaba sobre la montaña y el olor a quemado llegaba a varios sectores de la capital. En Pusuquí, bomberos enfrentaban las llamas, vecinos cargaban baldes y mangueras y dos helicópteros sobrevolaban el cerro. El viento podía echar abajo en minutos parte del trabajo.
El fuego comenzó pasadas las 10:30 en el cerro Casitagua, en Pomasqui, sector de Pusuquí. Desde las primeras horas, los equipos intentaron contenerlo y evitar que avanzara hacia otros puntos.
En el cerro se sentía bastante calor. La vegetación seca raspaba la piel y la ropa al intentar avanzar por el terreno. El polvo y el humo golpeaban el rostro y se sentían incluso con mascarilla.
La topografía dificultaba el acceso a varios sectores. El viento levantaba más polvo, empujaba las llamas y podía reactivar puntos donde el fuego parecía apagado.
A las 13:41, la emergencia ya cumplía tres horas y un Puesto de Mando coordinaba la respuesta.
Pero el fuego todavía tenía fuerza.
Cerca de las 14:30, las llamas volvieron a tomarse sectores del cerro. El viento y las altas temperaturas favorecieron esa reactivación.
A lo lejos se escuchaban instrucciones entre los equipos: “Presión a las mangueras, necesitamos controlar el incendio”. Poco después llegó otra alerta: “Las llamas se activaron. Traigan agua”.
El combate ocurría por tierra y aire.
Dos helicópteros realizaban descargas sobre el Casitagua. Uno pertenecía al Cuerpo de Bomberos de Quito y otro a la Policía Nacional.
Las aeronaves cargaban sus baldes con agua en la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro (Esmil), cerca del incendio. Desde allí volvían hacia el cerro y descargaban sobre los puntos afectados.
En tierra, el agua también debía acercarse hasta donde permitía el terreno.
La Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (Epmaps) coordinaba acciones con Bomberos. Sus tanqueros llevaban agua hasta los puntos más cercanos posibles. Los camiones de Bomberos cumplían una tarea similar.
En medio del calor, el humo y el polvo, el cansancio empezaba a notarse.
El equipo de bomberos que llegó al Casitagua también participó en la atención del incendio de La Vicentina, donde las llamas se reactivaron el miércoles 16 de septiembre.
Los Bomberos de Quito cumplen turnos de 48 horas y descansan otras 48, comentó uno de ellos durante la emergencia.
Cuando un incendio exige varias horas de trabajo, incluso comer puede esperar. En ocasiones, los bomberos pasan horas sin hacerlo mientras permanecen en la emergencia. “La adrenalina nos tiene de pie”, comentó otro bombero.
En Casitagua, una escena mostraba esa parte menos visible del trabajo.
Entre el humo aparecía un cadete de la Escuela de Policía con botellas de agua. Caminaba hasta los bomberos y las repartía entre quienes combatían las llamas.
Los cadetes también apoyaban otras tareas logísticas.
A pocos metros del fuego estaban las casas.
En San Gregorio, decenas de vecinos salieron con baldes de agua. Intentaban humedecer la vegetación para reducir el riesgo de que las llamas avanzaran hacia sus viviendas.
Sacaron mangueras y llenaron recipientes junto a una quebrada que conecta con el Casitagua.
El calor complicaba hasta esa tarea. Los moradores contaron que el agua podía evaporarse en cuestión de segundos al caer sobre la vegetación caliente.
En Pusuquí Alto ocurrió algo similar.
Un vecino llegó a su casa cerca de las 12:40 y observó cuánto había avanzado el incendio.
“Empezamos a prepararnos, a ver agua, a ver mangueras”, contó.
El acceso solo les permitía llegar hasta la parte baja. Desde allí mojaron el terreno. Algunos vecinos recurrieron a baldes y hasta recipientes de cocina.
“Estamos apoyando todo el mundo”, relató.
En un momento, las llamas avanzaron hacia las casas. Los moradores intentaron contenerlas con lo que tenían a mano. Los bomberos llegaron al sector y apagaron ese frente.
Mientras el combate continuaba en la montaña, el humo llegaba a otros sectores.
Con corte a las 11:00, la Secretaría de Ambiente identificó afectación directa por humo en cuatro barrios: Zona de Protección Pomasqui, Jhon Fitzgerald Kennedy, San Rafael de Alugulla y Pusuquí Chico Alto. Allí viven 12 697 personas.
Otros 11 barrios podían registrar afectaciones si el incendio continuaba activo durante las siguientes horas. Esos sectores concentran 90 161 habitantes.
El olor a quemado también podía percibirse en otros puntos de Quito.
La emergencia obligó además a cerrar las vías Juan Velasco y Pedro Porro, en el ingreso a Uyachul, para facilitar el trabajo de los equipos.
Las horas pasaban, pero controlar un punto no significaba terminar con el incendio.
El viento podía devolver fuerza a las llamas. También levantaba polvo y complicaba el trabajo sobre un terreno de difícil acceso.
Cada recorrido por el cerro implicaba avanzar entre vegetación seca que raspaba, soportar el calor y respirar entre humo y polvo. Incluso con mascarilla, esas condiciones se sentían.
Desde el aire, los dos helicópteros regresaban una y otra vez con agua. En tierra, los tanqueros abastecían las operaciones. Los cadetes apoyaban la logística. Los vecinos mojaban la vegetación cerca de sus casas.
Y los bomberos continuaban frente al fuego.
Algunos acumulaban dos días de trabajo entre La Vicentina y Casitagua. Entre el 1 de julio y el 13 de septiembre, Quito registró 188 incendios y alrededor de 1 200 hectáreas afectadas.
En el Casitagua, el combate dependía de muchas manos: unas sostenían mangueras, otras acercaban agua y otras cargaban baldes.
Cada ráfaga podía cambiar otra vez el escenario.
“Hay que controlar el flanco norte, no podemos dejar que se reactive”, se escuchaba por radio.
Y el trabajo continuaba. Hasta las 17:40 de este jueves, el Cuerpo de Bomberos de Quito todavía no reportaba el incendio del cerro Casitagua como controlado.
Un incendio forestal comenzó pasadas las 10:30 del jueves 17 de septiembre de 2026 en el cerro Casitagua, en Pomasqui, sector de Pusuquí.
Contexto: Bomberos desplegaron operaciones terrestres y aéreas. Hasta las 17:40, el Cuerpo de Bomberos de Quito todavía no reportaba el incendio como controlado.
El viento, las altas temperaturas, la vegetación seca y la topografía dificultaron las tareas de los equipos.
Contexto: El viento podía empujar las llamas y reactivar puntos donde el fuego parecía apagado. Cerca de las 14:30, las llamas volvieron a tomar sectores del cerro.
Dos helicópteros realizaron descargas de agua sobre las zonas afectadas.
Contexto: Una aeronave pertenecía al Cuerpo de Bomberos de Quito y otra a la Policía Nacional. Cargaban agua en la Escuela Superior Militar Eloy Alfaro.
Helicópteros, tanqueros de Epmaps y vehículos de Bomberos abastecían de agua las operaciones.
Contexto: En tierra, los vehículos avanzaban hasta los puntos más cercanos que permitían las condiciones del terreno.
Vecinos utilizaron baldes, mangueras y otros recipientes para mojar la vegetación cercana a sus viviendas.
Contexto: En San Gregorio y Pusuquí Alto, los moradores intentaron reducir el riesgo de que las llamas alcanzaran las casas. Bomberos apagaron uno de los frentes que avanzó hacia las viviendas.
La Secretaría de Ambiente identificó afectación directa en Zona de Protección Pomasqui, Jhon Fitzgerald Kennedy, San Rafael de Alugulla y Pusuquí Chico Alto.
Contexto: En esos cuatro barrios viven 12 697 personas. Otros 11 sectores, con 90 161 habitantes, podían registrar afectaciones si el incendio continuaba activo.
La emergencia obligó a cerrar las vías Juan Velasco y Pedro Porro, en el ingreso a Uyachul.
Contexto: La medida buscó facilitar el desplazamiento y las operaciones de los equipos que atendían el incendio.
Entre el 1 de julio y el 13 de septiembre, Quito registró 188 incendios.
Contexto: Durante ese período, alrededor de 1 200 hectáreas resultaron afectadas.
Hasta las 17:40 del jueves 17 de septiembre, Bomberos Quito todavía no lo reportaba como controlado.
Contexto: Los equipos continuaban las operaciones en el cerro, donde el viento podía reactivar las llamas y cambiar las condiciones del incendio.

