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La informalidad persigue al 70% de jóvenes del Ecuador

Miguel Ángel Ordóñez, de 33 años, tiene un título. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Informalidad es toda ocupación que carece de un salario u horario y de derechos como la seguridad social, que asegura las pensiones de jubilación en la vejez. En total, siete de cada 10 jóvenes ecuatorianos de entre 18 y 29 años están en esta situación.

La cifra se desprende del estudio ‘Perspectivas del mercado laboral para los jóvenes, frente a los impactos del covid-19’, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La población joven está en peor condición que el promedio nacional de informalidad, que es cinco de cada 10 ecuatorianos, según datos de agosto del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).

Y es que, en efecto, los jóvenes han sido los primeros en ser despedidos o sufrir recortes de jornada frente a un trabajador de mayor edad y experiencia, lo que los deja en una situación de desprotección, señala Daniela Arias, oficial Nacional de la OIT para los Países Andinos.

Una de las razones de peso es que la mayor parte de esta población está insertada en industrias del comercio, hotelería y de servicios que han sido de las más afectadas por los efectos de la pandemia.

El caso de las mujeres se agudiza, pues son parte de una población vulnerable. Ellas enfrentan, además, un incremento en las tareas de cuidado ante el cierre de escuelas y guarderías o por la falta de cualificaciones profesionales.

Del 22% de mujeres que tienen hijos menores de 5 años, el 10% tiene una probabilidad de trabajar en la informalidad debido a aquellos factores.

“La combinación de estos elementos hace que los jóvenes sean susceptibles a caer en una especie de círculo vicioso del cual no resulta muy fácil salir”, señala Arias.

Ana Patricia Muñoz, directora del Grupo Faro, explica que muchos de los que estuvieron asalariados en su momento entran a la informalidad y se quedan allí. “Optan por tareas sencillas sin relación de dependencia que les genera dinero rápido, o se insertan en el comercio ambulante”.

Según la OIT, un factor que influye en el aumento de la informalidad es la falta de formación. Es decir, aquellos jóvenes que tienen un nivel más bajo de educación o que no están lo suficientemente capacitados para asumir tareas técnicas.

Una alternativa frente a esta situación es la formación dual, donde la empresa y el centro educativo se involucran en la formación de los trabajadores. “Es importante impulsar la formación dual para obedecer a lo que demanda el mercado laboral actual”, dijo Muñoz.

Además, la OIT trabaja en un proyecto junto a Naciones Unidas, para incorporar a los jóvenes de Ecuador al mercado formal con un esquema de aseguramiento, que se adapte a las necesidades y posibilidades de este segmento.

En cambio, el Gobierno defiende la flexibilización laboral que se prevé en su reforma laboral, la cual será enviada de forma separada a la Asamblea como proyecto urgente. El Régimen sostiene que permitirá contratar a más jóvenes.

‘Sin horario ni beneficios’ 

Miguel Ángel Ordóñez, de 33 años, tiene un título

A finales de 2019 me despidieron del trabajo que tenía en un colegio de Guayaquil, como diseñador. Fue por un recorte de personal. Ganaba unos USD 600 con todos los beneficios de ley. Al salir, me tocó conseguir un nuevo trabajo, pero nadie quería pagar lo que correspondía a una persona titulada. Opté por trabajar de manera informal desde febrero del año pasado, ofreciendo servicios pequeños que me den dinero rápido. Ya lo hacía antes, pero ahora era mi ingreso fijo. Lo complejo de trabajar así es que no tienes horarios, ni beneficios. Si no trabajas, no tienes dinero. No me interesa mucho estar afiliado, porque accedo a la salud pública o privada. Lo que me frustra es que no pueda estar formalizado porque las empresas no están dispuestas a pagar lo que es debido.

‘No terminé el colegio’

Daniela Hernández tiene 22 años y trabaja en la Bahía

Daniela Hernández tiene 22 años y trabaja en la Bahía. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

A las 07:00 empiezo mi día,cortando la fruta y haciendo el jugo para armar las micheladas que vendo en la Bahía hasta las 18:00. Salgo de mi casa en un taxirruta y luego los baldes que uso los dejo encargados en un local cercano. Los USD 15 o 20 que me hago a diario me sirven para pagar el arriendo y la comida de mis tres hijos. Además, cada cuatro días compro frutas y vasos para el negocio. He intentado, desde hace tres años, entrar a una empresa o ser vendedora en una tienda, pero la falta de título y de experiencia no me lo permiten. Yo tengo hasta el cuarto año del colegio y no aceptan a gente así, piden muchas cosas. Lo feo es que todos los días se lidia con los metropolitanos que no dejan trabajar, pero esta es la única manera, la honrada para poder tener alimento diario.

‘Todavía espero estudiar’

Angie Núñez, 27 años, vende pasteles y gana semanal

Angie Núñez, 27 años, vende pasteles y gana semanal. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Llevo seis años vendiendo pasteles de 07:00 a 18:00. Di con los dueños de este negocio por mi esposo, quien es chofer y hace las rutas para los trabajadores del negocio. En ese tiempo no tenía trabajo y me dijeron que me pagarían USD 110 a la semana, era una oportunidad porque con el sueldo de mi esposo no alcanzaba. No fue un contrato formal, más bien todo fue verbal. Como siempre me han contratado para vender comida de forma ambulante no se me hizo nuevo. Acepté por necesidad, para cubrir gastos de la casa y de mi hija de 10 años. Cuando me enfermo, voy a los hospitales públicos y me ha tocado gastar de mi bolsillo. Yo trabajo informal desde los 15 años, pero no pierdo la esperanza de estudiar y entrar en una empresa en donde pueda estar asegurada.

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