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Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil este domingo 25 de octubre de 2026, tras superar al senador ultraderechista Flávio Bolsonaro. Con el 97,69% de las urnas escrutadas, los resultados oficiales le daban el 51,74% de los votos, frente al 48,26% de su rival. El resultado representa una remontada inédita en la historia democrática brasileña desde el fin de la dictadura militar (1964-1985).
La victoria marca un nuevo hito en la trayectoria política de Lula, quien volverá a dirigir la mayor economía de América Latina por cuarta vez. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro había obtenido el 47% de los votos, dos puntos más que el dirigente progresista, con una ventaja de 2,2 millones de sufragios. Sin embargo, Lula revirtió la tendencia en la segunda ronda y consiguió más de cuatro millones de votos de diferencia frente a su adversario, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Es la primera vez desde el fin de la dictadura militar (1964-1985) que un candidato que quedó en segundo lugar en la primera ronda electoral se impone en la segunda vuelta a su adversario.
En la primera vuelta, Flávio fue el más votado con el 47 % de los apoyos, dos puntos más que el dirigente progresista, lo que se tradujo en una diferencia de 2,2 millones de votos.
Este domingo, en la segunda, Lula ha revertido ese resultado y le ha sacado más de cuatro millones de votos a su adversario. Lula asumirá su cuarto mandato -segundo consecutivo- el próximo 5 de enero en Brasilia con 81 años de edad.
Nunca antes en la historia de Brasil un presidente fue elegido en cuatro ocasiones diferentes.
La victoria de Lula también pone freno al giro a la derecha que experimenta América Latina en los últimos años alentado por el presidente estadounidense, Donald Trump. El dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) partía con desventaja después de la primera vuelta.
Desde entonces, todas las encuestas proyectaron un desenlace muy ajustado, con ambos aspirantes en empate técnico, aunque siempre con Flávio numéricamente por delante.
De hecho, los dos últimos sondeos, publicados en la víspera, mostraban al senador con un 51 % de los apoyos y a Lula, con el 49 %.
La historia de Lula está marcada por la pobreza, el trabajo desde la infancia y su ascenso hasta la Presidencia de Brasil. Nació en 1945 en Caetés, en el estado de Pernambuco, en una familia numerosa. Fue el séptimo hijo de Aristides Inácio da Silva y Eurídice Ferreira de Melo, conocida como Dona Lindu. Creció en una vivienda con suelo de tierra, en una zona seca y empobrecida del agreste pernambucano.
Su padre abandonó a la familia antes de su nacimiento y se trasladó a São Paulo para comenzar otra vida. Ante la falta de oportunidades, su madre emprendió junto con Lula y sus hermanos un viaje de 2 500 kilómetros en un camión de tarimas. Tardaron 13 días en llegar al litoral paulista, donde esperaban encontrar a su padre.
Desde niño, Lula buscó formas de ayudar a su familia. Vendió cacahuetes, naranjas y tapioca en las calles y también trabajó como limpiabotas. A los 14 años consiguió empleo en una fábrica de tornillos y aprendió el oficio de tornero mecánico.
Su camino hacia la política comenzó años después, cuando su hermano Frei Chico lo animó a visitar el Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo. Allí inició una trayectoria que lo llevaría a convertirse en dirigente sindical. Durante la dictadura militar, encabezó grandes manifestaciones y defendió los derechos de los trabajadores.
En una de sus primeras entrevistas de alcance nacional, concedida a la revista IstoÉ cuando presidía el sindicato, expresó su compromiso con quienes lo habían elegido. «Solo tengo un compromiso con los trabajadores que me eligieron», afirmó.
Lula fundó el Partido de los Trabajadores (PT) y dio el salto a la política nacional. En 1986, obtuvo 651 763 votos y consiguió un escaño como diputado federal constituyente. Desde entonces, centró sus esfuerzos en llegar a la Presidencia.
Participó en las elecciones presidenciales de 1989, 1994, 1998, 2002, 2006, 2022 y 2026. Perdió las tres primeras contiendas y ganó las cuatro últimas. Durante sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, impulsó políticas que sacaron de la pobreza y del hambre a millones de brasileños. También promovió la creación de universidades y gobernó durante un período de fuerte crecimiento económico.
Su carrera sufrió un revés con la operación Lava Jato. En 2018, el PT volvió a postularlo, pero la Justicia impidió su candidatura porque estaba en prisión tras recibir condenas por corrupción que posteriormente quedaron anuladas. Esa decisión le permitió regresar a la disputa política.
En 2022, Lula derrotó al entonces presidente Jair Bolsonaro y consiguió otro resultado histórico: se convirtió en el primer mandatario brasileño en ejercicio que perdió una elección para la reelección. Ahora, con la victoria frente a Flávio Bolsonaro, suma un nuevo capítulo a una carrera marcada por derrotas, retornos y triunfos electorales.
A sus casi 81 años, Lula también modificó su estrategia durante la campaña de 2026. Después de quedar dos puntos por detrás de su rival en la primera vuelta del 4 de octubre, calificó el resultado como «inesperado». Luego se incorporó con mayor fuerza al mundo digital, comenzó a utilizar un celular y movilizó a cientos de miles de militantes en las calles. Además, se autodenominó «el rey del selfi» y promovió una red de 10 millones de seguidores en WhatsApp para difundir su trayectoria, los logros de sus gobiernos y cuestionamientos sobre su adversario.
En su vida personal, Lula se casó tres veces y enviudó en dos ocasiones. Su primera esposa, Maria de Lourdes da Silva, murió dos años después de la boda por complicaciones durante el embarazo de su primer hijo. Marisa Letícia Lula da Silva, con quien compartió gran parte de su vida, falleció a causa de un derrame cerebral.
En 2022, se casó con la socióloga Rosângela ‘Janja’ da Silva. Es padre de cinco hijos, hincha del Corinthians y ha dicho que quiere vivir hasta los 120 años. Su nueva victoria presidencial amplía una trayectoria que comenzó en la pobreza y que ahora suma una remontada electoral sin precedentes en la democracia brasileña.