Más allá de las aulas, los abuelos y sabios enseñan a los niños en la Amazonía

Los estudiantes de las nacionalidades de la Amazonía: A'i Cofán, Siekopaai, Waorani tienen un modelo propio de aprendizaje.

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Con el inicio del año lectivo Sierra-Amazonía 2026-2027, los escolares de las nacionalidades Waorani, Siekopaai y A’i Cofán regresaron a las aulas bajo un modelo único: los tejidos curriculares y proyectos educativos comunitarios. A través de ellos, los niños aprenden directamente de sus abuelos, abuelas, sabios y sabias, recorriendo la selva y rescatando los conocimientos que sostienen su identidad cultural. Los docentes son los guías y ejecutores de este modelo educativo.

Siete años para plasmar la sabiduría de los abuelos en la enseñanza de los niños de la Amazonía

El 10 de septiembre de 2026 se convirtió en un hito para los Waorani, Siekopaai y A’i Cofán. Ese día, las tres naciones de la Amazonía registraron sus proyectos educativos comunitarios y sus tejidos curriculares en la Secretaría de Educación Intercultural Bilingüe y Etnoeducación (Seibe) para preparar académicamente a los niños.

Este registro permite oficialmente a las tres nacionalidades implementar sus proyectos sin trabas en sus territorios a partir de septiembre, es decir, con el nuevo ciclo escolar que ya empezó en Ecuador

Patricia Peñaherrera, líder de Educación Propia de Amazon Frontlines, explica que cada proyecto educativo necesita el registro oficial del Ministerio de Educación y de la Seibe. Sin ese reconocimiento, los niños de estas comunidades de la Amazonía no acceden a los derechos ni a los beneficios que corresponden a cualquier estudiante de Ecuador.

Wilmer Piaguaje obsequió un remo grabado en nombre de las nacionalidades Waorani, A’i Cofán y Siekopaai, luego de la firma de la resolución que oficializó el registro de los proyectos educativos comunitarios y tejidos curriculares. Foto: Aneth Lusitande / Alianza Ceibo

El proceso arrancó en 2019 con los Waorani, cuenta Peñaherra. La primera fase consistió en un diagnóstico: conversaciones con padres, madres, abuelos, jóvenes, docentes y funcionarios. El resultado fue un informe que se llamó ‘Los 100 problemas de la educación Waorani’. En resumen se detectó el poco funcionamiento de la educación y poco cumplimiento de los modelos rígidos, ninguna infraestructura ni validación de los conocimientos de niños y niñas, docentes sin capacitación, pérdida del idioma, pérdida de prácticas culturales y quiebre del vínculo espiritual con su territorio.

El tejido curricular que enseña sus raíces a los niños de la Amazonía

Tras el diagnóstico llegó una pregunta crucial: ¿qué proponen, qué quieren salvar? El pronunciamiento mayoritario de la nacionalidad Waorani fue: “queremos seguir siendo Waoranis, queremos pervivir, trascender. No queremos que nuestra nacionalidad se termine con la cuarta o quinta generación de Waoranis. Queremos que nuestros jóvenes sigan siendo wao, sigan hablando el wao terero, practicando la danza wao, tejiendo la chambira y practicando la siembra de sus alimentos y pescando en sus ríos y cazando sus animales”.

Pero también que los jóvenes adquieran conocimientos del mundo occidental: que sepan matemáticas, lectura, escritura, ciencias especiales, tecnología. “Queremos que se gradúen de bachilleres y también queremos que quiera estudiar en las universidades”.

Así marcaron su ruta y se elaboró la propuesta educativa durante dos largos años, dice Peñaherrera. En la tercera etapa decidieron entre que la propuesta fuera autónoma completamente y separada del sistema educativo nacional o mantenerse dentro del sistema de educación intercultural bilingüe. Ellos optaron por la segunda.

De ahí salió el tejido curricular: un documento que cruza los saberes propios con las materias oficiales bajo temas centrales, como “mi territorio” en el caso waorani. El proceso waorani tomó seis años, por la extensión de su territorio en Pastaza, Napo y Orellana.

Los centros educativos de los niños de la Amazonía

Actualmente existen 64 centros educativos waorani, siete siekopaai y ocho A’i Cofán. El promedio de estudiantes es de 20 a 25 niños por centro en estas tres nacionalidades de la Amazonía. Asisten escolares de 3, 4 años, 14, 15 y hasta 16 años.

Solo hay tres escuelas pluridocentes, una por cada nación; las demás son unidocentes. De profesores, solo una parte pequeña es de nacionalidades, ya que el resto es kichwa, de otra nacionalidad y mestizos.

En este sistema de enseñanza tiene un elemento muy importante: La autoridad educativa pasó del Ministerio a la comunidad, a través de comisiones o consejos de educación propia. Ellas definen el monitoreo, la evaluación del aprendizaje y la participación de las familias. Cada comunidad tiene su comisión, pero en el caso de los Siekopaai, solo se conformó una comisión de 42 miembros.

Los niños waorani de Pastaza reciben clases con sus abuelos

Opi Nenquimo lleva siete años al frente de un proyecto que junta dos mundos en la selva de Pastaza. El presidente de la Organización Waorani de Pastaza cuenta que su pueblo construyó, junto a padres de familia y sabios de la comunidad, un tejido curricular que traslada el conocimiento ancestral al papel, sin dejar atrás la ciencia occidental.

Los abuelos funcionan como una biblioteca viva: la enseñanza tradicional se transmite de forma práctica, día a día. El proyecto no busca un regreso al pasado, sino una educación con dos mundos: waorani y occidental, destaca Nenquimo. “Los abuelos son una biblioteca ancestral”.

Niñas Warorani aprenden el tejido de la chambira, fibra que se encuentra en el bosque, en su escuela en la comunidad de Daipare. Foto: Mateo Barriga / Amazon Frontlines

Hoy ese conocimiento convive con la escritura y el sistema educativo oficial. Su aplicación corre por cuenta del propio gobierno territorial. La organización provincial se unió con Nacionalidad Waorani del Ecuador (NAWE), el órgano de gobierno máximo, para capacitar a los profesores y así replicar en las escuelas.

En el territorio waorani de Pastaza, seis escuelas piloto arrancaron el proceso hace seis años, con cerca de 60 niños. Ahora la cobertura crecerá a 17 centros educativos, con 160 estudiantes en esa jurisdicción. A fines de septiembre comenzará el primer taller de capacitación en tejido curricular para los docentes de estos centros, antes de extender el modelo a las zonas de Napo y Orellana, los otros territorios de los wao.

Nenquimo explica que entre seis y 10 abuelos y abuelas sostienen la enseñanza en las escuelas pilotos de Pastaza. Uno explica cómo tallar una bodoquera o una lanza; otro transmite los cantos en wao o los rituales que acompañan un embarazo o un nacimiento. Cada niño aprende, además, a leer y escribir. “Si no hacemos esa transmisión, el conocimiento se muere”, advierte Nenquimo.

Sin infraestructura adecuada para los niños de la Amazonía

Las comunidades carecen de agua potable y servicios higiénicos para sus niños. El gobierno waorani construyó cuatro infraestructuras educativas y levanta una quinta, sin apoyo del Estado. Para Nenquimo, el territorio y la lengua se defienden desde el aula.

Nenquimo plantea que los jóvenes waorani estudien derecho, comunicación y otras carreras afines para volver a sus comunidades y asumir el gobierno territorial. Para él, el territorio amplio garantiza alimento, plantas medicinales y libertad para vivir en la selva.

Los Siekopaai salvan su lengua y saberes

Wilmer Piaguaje dirige la educación de la Nación Siekopai, un pueblo de apenas 825 habitantes en la provincia de Sucumbíos, entre los cantones Shushufindi y Cuyabeno.

Durante años, sus escuelas enseñaron con material ajeno a su cosmovisión, pensado por los kichwas de la Sierra, manifiesta. “La nacionalidad estaba a punto de perderse”, cuenta. Solo se leía y escribía en paikoca, la lengua propia; los demás saberes quedaban afuera.

Tras el diagnóstico de 2019 hubo un cambio de rumbo en los Siekopaai. De ahí nació el proyecto de educación comunitaria, con un tejido curricular construido desde los nueve mundos de la cosmovisión Siekopaai: el mundo del agua, el de la tierra, el subsuelo, la flora y fauna, los cielos. En el mundo del agua, por ejemplo, los niños no aprenden solo la fórmula del H2O, sino que conocen a la mujer y el hombre del agua, seres espirituales que habitan ese territorio.

El abuelo siekopaai Alejandro Criollo participó en Quito en la entrega de los tejidos curriculares de las tres nacionalidades a la Seibe. Foto: Johanna Alarcón para Amazon Frontlines.

Sin embargo, él aclara que no se han salido de la línea del modelo del Sistema de Educación Intercultural Bilingüe y más bien se han insertado estos saberes ancestrales para que los docentes puedan desarrollar sus clases con todos los temas y unidades de enseñanza y aprendizaje.

Tienen siete centros educativos, seis unidocentes y uno pluridocente, con 12 maestros propios de la nacionalidad y 3 externos, encargados de matemática, biología y español. El año pasado tuvieron 184 estudiantes y de este nuevo año escolar aún no hay datos.

Cuarenta y cinco personas, entre jóvenes, sabios y docentes, participaron en su construcción. “Es un trabajo por la pervivencia de la nación”, dice Piaguaje. El objetivo no cambia: que un joven Siekopaai resuelva una raíz cuadrada en cualquier universidad del país y jamás olvide de dónde viene.

La ‘gente multicolor’ de la Amazonía se resiste a desaparecer

La población Siekopaai es la más pequeña de las tres nacionalidades y por eso les dicen que la nacionalidad está en proceso de extinción y por desaparecer, cuenta Piaguaje. Sin embargo, cuenta que tienen familias en Perú, donde hay 1 200 siekopaai. A partir de la guerra de 1941 entre los dos países se dividieron, pero desde que se firmó la paz, en 1998, hubo los primeros acercamientos de familias que no se habían visto por más de 50 años. “Ahora sí tenemos más cerca la comunicación y hemos hecho el esfuerzo de contactarnos”.

Piaguaje se siente orgulloso de haber elaborado esta nueva forma de educar a los niños de la Amazonía. Así que recuerda que Siekopaai significa gente multicolor. Sieko es multicolor o de varios colores y paai es persona o gente, “pero ese pai no es una persona cualquiera, es como decir soy originario, nos da orgullo, más identidad”.

En Sinangoe los niños de la Amazonía aprenden con las manos en el barro

Wider Guaramag es de la comunidad cofán Sinangoe, en Sucumbíos, en el cantón Gonzalo Pizarro. Ahí viven 260 personas de las 3 000 que componen la nacionalidad A’i Cofán en Ecuador. El proyecto de educación propia nació en 2022, después de un diagnóstico que encendió las alarmas: se debilitaban las prácticas propias, el idioma y la conexión espiritual con la medicina tradicional.

“Nuestros antepasados enseñaban desde la práctica, desde la oralidad, desde el territorio”, cuenta Guaramag. La comunidad hizo 10 encuentros de revitalización con los abuelos: elaboración de canastos, de shigras y otras actividades ancestrales. De esa manera identificaron la metodología de enseñanza y de ahí salió el tejido curricular propio, con adaptaciones al modelo andino que llegaba desde la Sierra.

El objetivo es garantizar la transmisión de los conocimientos de su nacionalidad y que les permita pervivir en el tiempo como son y cómo heredaron de sus abuelos, enfatiza Guaramag.

Este modelo se aplica desde la práctica, la oralidad, caminando el territorio, recolectando en el territorio, tomando la medicina, por ejemplo. “Fuimos identificando todos estos puntos importantes para crear un proceso de educación propia”.

La identidad de los A’i Cofán desde la enseñanza vivencial

En clases, cuando toca hacer una olla de barro, el maestro no muestra el producto terminado. Los 49 estudiantes de la escuela, junto a los docentes y las abuelas sabias, caminan hasta el lugar donde se recolecta la arcilla. Aprenden los tipos de barro, cargan el material, regresan y lo mezclan con arena. Ahí entran las ciencias naturales, la geografía y hasta la matemática: cuando tejen la shigra, cuentan las fibras que extraen de la planta.

Para las artesanías, van a buscar el material y recolectar las semillas. “Nuestros abuelos nos guían a dónde están los árboles, las semillas, se recolecta, se regresa, se hace el proceso de lavado, secado y al final hacemos la perforación y empiezan los niños a hacer los diseños de artesanía”.

Incluso, el recreo se aprovecha para afianzar su identidad con el involucramiento de las familias. Cada día, un padre o una madre llega a la escuela con un refrigerio propio: chucula, una sopa, una comida tradicional. “Esto no lo hacíamos antes”, admite Guaramag.

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Las clases se imparten en espacios vivenciales y de convivencia entre los niños y las familias. “Es una pedagogía basada en proyectos reales donde se tiene la mejor experiencia de aprendizaje, que no se olvida”, explica el líder educativo de Sinangoe.

Diez personas adultas de la comunidad sostienen el proceso, junto a una comisión de 15 personas entre docentes, abuelos y dirigentes. Para Guaramag, la amenaza no espera: “la globalización y la tecnología nos debilitan como pueblos indígenas”.

La educación intercultural en Ecuador


Preguntas frecuentes sobre la educación de los niños en la Amazonía

¿Qué son los tejidos curriculares que aplican las nacionalidades amazónicas de Ecuador?

Son documentos educativos que cruzan los saberes ancestrales con las materias oficiales del sistema nacional de educación. Waorani, Siekopaai y A’i Cofán construyeron cada tejido bajo temas centrales propios, como “mi territorio” en el caso waorani o los nueve mundos de la cosmovisión Siekopaai. El propósito es que los niños aprendan matemáticas, lectura y ciencias sin perder su idioma ni sus prácticas culturales.

¿Cuándo se registraron oficialmente los proyectos educativos comunitarios de la Amazonía?

El 10 de septiembre de 2026, ante la Secretaría de Educación Intercultural Bilingüe y Etnoeducación (Seibe). Ese registro permite a las tres nacionalidades implementar sus proyectos sin trabas desde el ciclo escolar Sierra-Amazonía 2026-2027, que ya empezó.

¿Cuántos centros educativos tienen las nacionalidades Waorani, Siekopaai y A’i Cofán?

Los waorani cuentan con 64 centros, los siekopaai con siete y los A’i Cofán con ocho. El promedio va de 20 a 25 estudiantes por centro, con escolares de entre 3 y 16 años. Solo hay tres escuelas pluridocentes, una por nacionalidad; el resto son unidocentes.

¿Quién define ahora el monitoreo y la evaluación de la educación en estas comunidades?

Comisiones o consejos de educación propia conformados por cada comunidad, no el Ministerio de Educación. Estos organismos supervisan el aprendizaje y la participación de las familias. Los Siekopaai, por ejemplo, conformaron una sola comisión de 42 miembros para toda la nacionalidad.

¿Qué problemas detectó el diagnóstico “Los 100 problemas de la educación Waorani”?

Falta de infraestructura, docentes sin capacitación, pérdida del idioma y quiebre del vínculo espiritual con el territorio. El diagnóstico se hizo en 2019 a través de conversaciones con padres, abuelos, jóvenes, docentes y funcionarios, y marcó el punto de partida para construir el tejido curricular waorani, un proceso que tomó seis años.