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Beijing advierte contra el ‘embotamiento del pensamiento’. Jiangsu ordena ‘prevenir la dependencia excesiva y el abuso de la inteligencia artificial’. Shanghái manda evitar que los estudiantes obtengan respuestas de tarea mediante IA, para que no se debilite su capacidad de pensar.
Tres de las cuatro jurisdicciones que hoy encabezan los resultados de PISA 2025 incorporaron una advertencia explícita contra la dependencia de la inteligencia artificial. El mensaje de fondo coincide. Hay que enseñar IA en la escuela, con horas fijas y currículo obligatorio. Pero hay que impedir que esa misma tecnología le resuelva el pensamiento al estudiante.
Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang son las cuatro jurisdicciones de China que la OCDE agrupa como B-S-J-Z en PISA 2025. El resultado no representa a toda China: corresponde a Beijing y Shanghái, que son municipios de administración directa; Jiangsu y Zhejiang son provincias. Las cuatro decidieron en 2025 qué quieren que sus estudiantes aprendan sobre IA. Y qué no quieren que la IA les quite.
PISA 2025 evaluó tres dominios principales –ciencias, matemáticas y lectura– y sumó, por primera vez, una nueva prueba de resolución de problemas mediante pensamiento computacional. Esta última no mide programación en sí: mide si el estudiante sabe usar herramientas de modelización, hacer experimentos y construir o depurar productos digitales.
B-S-J-Z obtuvo el promedio más alto del mundo en ciencias (597 puntos) y en matemáticas (612). En lectura quedó segunda, detrás de Singapur (527 frente a 535). En pensamiento computacional quedó tercera, detrás de Macao y del propio Singapur (560 frente a 572 y 563). El promedio de la OCDE es 482 en ciencias, 463 en matemáticas, 461 en lectura y 500 en pensamiento computacional.
Frente a la medición anterior, de 2018, el panorama es más parejo. Matemáticas subió. Lectura bajó. Ciencias no cambió de forma significativa. La brecha entre los estudiantes de mayor y menor rendimiento se amplió en matemáticas, se redujo en lectura y no cambió en ciencias. Es el mismo problema de lectura que enfrenta el mundo entero -también le pasa al promedio de la OCDE-, solo que B-S-J-Z lo sufre desde un nivel mucho más alto. La muestra incluyó 12 385 estudiantes de 374 escuelas, y cubrió cerca del 83% de la población de 15 años de esas cuatro jurisdicciones.
Es esa combinación lo que distingue a B-S-J-Z: no ganar una sola prueba, sino estar cerca de la cima en las cuatro a la vez. Y ahí hay una distinción que conviene hacer, porque atraviesa el resto de este reportaje. Usar inteligencia artificial no es lo mismo que pensar de forma computacional. Lo primero es manejar una herramienta. Lo segundo es la capacidad de aplicar un razonamiento estructurado para encontrar soluciones claras y repetibles. Y es justamente la que las cuatro jurisdicciones buscan proteger cuando ponen límites al uso escolar de la IA.
Hay datos que revelan que las cuatro jurisdicciones son exitosas en un sistema que no es perfecto:
Y hay otros datos que sorprenden:
Los estudiantes de B-S-J-Z describen en PISA 2025 un aula con más apoyo docente y menos problemas de disciplina que el promedio de la OCDE:
Y el ausentismo es casi inexistente: 1% faltó al menos un día en las dos semanas previas a la prueba, frente al 22% del promedio OCDE.
Beijing fue la primera de las cuatro en poner esto por escrito. Lo hizo en dos tiempos.
En agosto de 2024, meses antes de tener un plan específico de IA, publicó una reforma general de su currículo de educación básica: seis líneas de trabajo hasta 2027. Esto incluye desde rediseñar exámenes hasta compartir laboratorios de ciencias entre escuelas. Según la versión en español consultada por EL COMERCIO, la reforma ya pedía a las escuelas prevenir de forma proactiva los riesgos éticos y morales de las aplicaciones de IA. La cautela llegó primero. La política específica, después.
Ocho meses más tarde, ese instinto se convirtió en norma municipal. Desde el semestre de otoño de 2025, todas las escuelas primarias y secundarias de Beijing deben ofrecer educación general en IA. La norma fija un mínimo de ocho horas lectivas al año, con cobertura total para todos los estudiantes.
La progresión es por edad: en primaria, experiencia e introducción al tema; en secundaria básica, comprensión y uso de la IA para el aprendizaje y la vida cotidiana; en bachillerato, aplicación e innovación. Un programa llamado: Plan de las 100 y 1 000 Semillas formará a 100 docentes especializados y 1 000 docentes clave en toda la ciudad.
El mismo documento incluye una frase que no suele acompañar a un plan que pide más horas de tecnología. Hay que “prevenir riesgos como la dependencia excesiva de profesores y estudiantes y el embotamiento del pensamiento”. En PISA 2025, los propios estudiantes de B-S-J-Z reportaron un uso semanal de chatbots de IA para aprender menor que el promedio de la OCDE: 41% frente a 46%.
También dijeron investigar menos con IA (17% frente a 31%), resumir menos textos con IA (19% frente a 30%) y redactar menos con IA (21% frente a 29%). Uno de cada cinco dijo no usarla nunca o casi nunca, más que el 14% de la OCDE. Son datos autoreportados por los propios estudiantes, no una medición de si la política de Beijing -contemporánea a la prueba- ya estaba produciendo ese comportamiento.
Shanghái llegó a la misma preocupación por un camino distinto: no el currículo de IA, sino la tarea diaria.
Desde 2023, una regla obliga a que al menos el 5% de las horas de clase de cada materia, cada semestre, sea aprendizaje basado en proyectos: resolver un problema real, no repetir un ejercicio. Otro 5% debe ser actividades que integran varias materias a la vez. Para 2026, la ciudad quiere que esto sea la norma en toda la educación obligatoria, no la excepción.
Desde el 30 de mayo de 2025, además, Shanghái puso límites duros al tiempo de tarea, según la norma que la propia Comisión de Educación municipal publicó el 24 de abril de ese año. Los dos primeros grados de primaria no tienen tarea escrita. El resto de primaria, máximo 60 minutos al día. Secundaria básica, máximo 90. Una vez por semana, cada escuela debe reservar un día sin tarea.
En esa misma norma aparece la misma alarma que en Beijing, con otras palabras. Hay que “prevenir que se obtengan respuestas de tarea simplemente mediante inteligencia artificial u otros medios tecnológicos, para evitar que se embote la capacidad de pensamiento de los estudiantes”.
La norma añade, además, una lista de 10 cosas que ninguna escuela puede hacer:
Jiangsu quiere ser, para 2027, la primera provincia del país en llevar la educación general en IA a todas sus escuelas primarias y secundarias. El plan promete unas 60 zonas y escuelas experimentales de nivel provincial, y 15 facultades universitarias de inteligencia artificial.
El plan tiene ocho apartados y 22 artículos. El gobierno provincial lo presentó en una rueda de prensa el 19 de abril de 2025. Incluye una salvedad para no dejar a nadie atrás: el Plan de Educación en IA para Todos, dirigido específicamente a escuelas rurales y de educación especial.
Ahí está, otra vez, la misma idea, con la formulación más directa de las tres. Hay que “prevenir la dependencia excesiva y el abuso de la tecnología de IA”. En Nanjing, la capital provincial, ya hay un plan propio a tres años, con la meta de que el 100% de sus escuelas ofrezcan cursos de IA y un programa de formación docente en cascada: 100 mil profesores con capacitación general, 10 mil con capacitación especializada por materia, un núcleo de mil y cien maestros destacados.
Zhejiang es la excepción del grupo, y lo es de dos formas distintas. Planteó el horizonte temporal más largo de las cuatro: un plan a cinco años, de 2025 a 2029. Incluye un modelo de lenguaje educativo propio, un centro provincial de datos y una alianza de cómputo con la Universidad de Zhejiang.
Entre estas cuatro jurisdicciones, Zhejiang publicó más tarde sus directrices específicas para primaria y secundaria: el 27 de octubre de 2025, siete meses después que Beijing. La progresión de etapas es casi calcada de la de Beijing: “percepción-experiencia-creación” en primaria, “comprensión-aplicación-colaboración” en secundaria, “investigación-innovación-integración” en bachillerato.
En los documentos revisados, Zhejiang pone el acento en el pensamiento crítico y en “comprender dialécticamente los límites del desarrollo tecnológico”, pero no formula una advertencia explícita en los mismos términos que Beijing, Shanghái y Jiangsu sobre la dependencia o el abuso de la IA.
612 puntos en matemáticas y 597 en ciencias, los más altos del mundo; 527 en lectura, segunda tras Singapur; 560 en pensamiento computacional, tercera tras Macao y Singapur. B-S-J-Z es el nombre que la OCDE usa para Beijing, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, agrupadas juntas desde 2018. No representa a toda China, sino a esas cuatro jurisdicciones.
No. Son dos de los cuatro municipios de administración directa del gobierno central; solo Jiangsu y Zhejiang son provincias. Las cuatro forman el grupo que la OCDE evalúa en PISA bajo el nombre B-S-J-Z, sin que ese resultado se pueda extender al resto de China.
Tres de las cuatro —Beijing, Shanghái y Jiangsu— exigen enseñar inteligencia artificial con currículo y horas obligatorias, y al mismo tiempo advierten por escrito contra la dependencia excesiva de esa misma tecnología. Cada una lo dice con sus propias palabras, en documentos separados de 2025.
No de la misma forma. Tiene el plan de infraestructura de IA más largo de las cuatro (2025-2029), pero sus documentos hablan de pensamiento crítico y de los límites del desarrollo tecnológico, sin la advertencia explícita contra la dependencia que sí aparece en Beijing, Shanghái y Jiangsu.
Prohíbe que los estudiantes obtengan respuestas de tarea usando inteligencia artificial u otra tecnología, para no debilitar su capacidad de pensar. La misma norma, de 2025, también limita el tiempo de tarea diario y exige un día a la semana sin tarea escrita.