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La fiebre del oro se suspendió en Los Ajos luego de la tragedia

El agua de consumo humano en el recinto Los Ajos llega por gotas por una manguera desde una cascada vecina. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

El agua de consumo humano en el recinto Los Ajos llega por gotas por una manguera desde una cascada vecina. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Los moradores del recinto Los Ajos no han regresado a ‘minar’ oro desde el 18 de noviembre, el día de la tragedia. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Unas 50 cabañas de paredes de madera y techos de metal, ubicadas a los dos costados de una calle de tierra, conforman el recinto Los Ajos, en el norte de Esmeraldas.

Este es el último pueblo al que se llega en carro, antes de ingresar caminando, por tres horas, hasta la mina en donde murieron sepultadas cinco personas el 18 de noviembre, mientras buscaban oro.

En Los Ajos, en el cantón San Lorenzo, viven 350 vecinos. Las viviendas no tienen agua potable ni alcantarillado. Tampoco hay señal de telefonía fija o móvil, ni Internet, explica Taurina Castillo, de 63 años.

Solo hay luz eléctrica y el agua que llega desde una cascada, a través de una manguera negra que cruza delante de las casas. Castillo tiene 10 hijos. Las familias numerosas son comunes en el sector.

Los niños corretean en la calle, con el dorso desnudo para aliviar el calor de 28 grados centígrados. En el poblado funciona la escuela Juan Barreto. Ahí se matricularon 29 niños, que no pueden asistir a clases por la pandemia.

María Silvia Cortez, la única profesora del plantel, visita a los estudiantes de primero a séptimo, casa por casa, para indicarles las tareas. Ninguno tiene computadora o tableta.

Antes del deslizamiento de la semana pasada, el recinto se quedaba vacío desde las 04:00, porque la mayoría de adultos iba a ‘minar’ oro. Pero desde que ocurrió la tragedia ya no se permite la extracción.

También llegaban los buscadores del metal dorado desde las vecinas comunidades de Carondelet, Urbina, San Javier de Cachaví, 5 de Junio y Concepción. Al igual que en Los Ajos, estos poblados no disponen de servicios básicos.

La Policía realiza patrullajes sorpresivos para verificar que la restricción se cumpla en la mina de Los Ajos. Este es uno de los 52 frentes mineros que hay en San Lorenzo y Eloy Alfaro, en donde se extrae oro de manera ilegal.

El agua de consumo humano en el recinto Los Ajos llega por gotas por una manguera desde una cascada vecina. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Patricio Pazmiño, comandante de la Policía de San Lorenzo, asegura que hay 68 frentes más que están abandonados o cerrados. En la mayoría hay cráteres -de 70 metros de diámetro por 40 de profundidad- junto a ríos contaminados, con mercurio y arsénico.

En muchos de ellos se han encontrado vestigios de campamentos, con áreas para cocinar, dormir y rutas de escape, ante un operativo inesperado.

Para llegar a Los Ajos hay que ingresar por un ramal que se conecta a la carretera Ibarra-San Lorenzo. La ruta está lastrada y flanqueada de plantaciones de palma africana y sembríos de plátano y cacao.

La vía tiene 24 kilómetros y atraviesa varios recintos. Un camión ranchero hace un viaje diario desde Los Ajos a Carondelet y otro de vuelta.

Una mujer cuenta que hay personas que alquilan los terrenos para extraer el oro. Ellos llevan máquinas excavadoras y contratan de cuatro a seis hombres para buscar el metal. A cambio les pagan un jornal diario, de USD 15 a 20.
“A las mujeres no nos dan trabajo. Solo nos permiten “minar” por nuestra cuenta”.

Las mujeres caminan detrás de los mineros con bateas de madera en las manos. Ahí colocan un poco de arena con agua y las mueven en espera que las partículas de oro se asienten.

Hay días buenos en que logran encontrar oro. La mitad de la cantidad encontrada la tienen que entregar al dueño de la mina. El resto lo pueden vender en el sitio. Aseguran que por un gramo les pagan USD 13. Y en San Lorenzo pueden venderlo hasta al doble.

Dependiendo de la cantidad deciden si van o no a la ciudad, pues el pasaje de ida y vuelta les representa USD 6.

Los pueblos de la parroquia Urbina, como Los Ajos, nacieron junto a la antigua vía férrea, que en 1957 enlazó Ibarra con San Lorenzo. Pero, desde 1985 la ruta se cerró y estos recintos comenzaron su agonía.

Segundo Mina, presidente de la Junta Parroquial de Urbina, recuerda que cuando era niño las cargas de madera y los productos del campo y del mar iban rumbo a Ibarra, por tren, y desde la Sierra llegaban textiles y alimentos hacia el puerto de San Lorenzo. También había numerosos turistas.

La huella del paso del tren son los rieles abandonados. Hay tramos que son usados actualmente por los madereros y los mineros. Utilizan coches con ruedas, que son halados por mulas, para llevar productos como combustibles y maquinarias.

Pazmiño calcula que hay 150 km de rieles, que son usados para esas actividades. Asegura que a la minería ilegal están atados otros delitos como la adquisición de diésel y gasolina, que en las fronteras se venden racionados. También, el posible lavado de dinero, para la compra del oro. Además, está el trabajo informal.

Ocho comunas esperan que el Municipio de San Lorenzo construya en el 2021 el sistema de agua que está planificado.

En contexto

La Gobernación de Esmeraldas convocó a una mesa sectorial, en San Lorenzo, para el 17 de diciembre. En la cita, a la que fueron invitadas autoridades nacionales, se evaluará el avance de las resoluciones tomadas en la reunión del 21 de noviembre.

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