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Entre Dhaka y Pekín

Como presidente reelecto, Rafael Correa destacó ante la prensa extranjera su política favorable a la economía popular y solidaria: “Mientras que en el sector capitalista moderno, ustedes por cada USD 10 000 crean un puesto de trabajo, en ese sector popular y solidario… por cada USD 800 se genera un puesto de trabajo”.

Ya son siete meses de esa aseveración. Pero como el desempleo crece, cabe hacer ciertas precisiones. Porque el desempleo es más preocupante de lo que las autoridades dejan traslucir.

En un año el sector capitalista moderno ha perdido 218 mil empleos: 117 de cada mil que existían en setiembre 2008. A la luz de la declaración anterior no es algo muy preocupante; con un desembolso de USD 175 millones se crearían empleos en igual número en el sector solidario.

Si es tan fácil compensar la pérdida de plazas de trabajo en el sector capitalista moderno, ¿por qué preocuparse por el alza de impuestos, en recesión?, ¿qué importa que un alza desproporcionada de los salarios bote gente a la calle, si con un préstamo de USD 800 a cada uno, se resuelve?

El punto en cuestión es que la calidad del empleo no es el mismo. Quien pierde un puesto de trabajo en una oficina o fábrica y lo recupera gracias al microcrédito que le permite comprar un refrigerador y vender gaseosas desde su ventana, pierde poder adquisitivo. Tiene menos expectativas de salir adelante. La actividad que realiza añade menos valor a la economía.

El microcrédito es una gran herramienta; toda política encaminada a propagarlo, sea bienvenida. Pequeñas sumas de dinero permiten a una persona movilizar su principal capital, que es ella misma. En sociedades tradicionales como la rural o en poblaciones con poca movilidad, no es viable la opción de ahorrar para hacer un capital que permita adquirir un negocio o herramientas. Se requiere un microcrédito.

La densa red familiar y de allegados hace que quien por su esfuerzo o fortuna llega a recibir un monto importante  deba usarlo para superar las necesidades urgentes de otros: remedios para la abuela, útiles escolares para el sobrino, pagar la hipoteca del hermano. En cambio un crédito permite adquirir el bien productivo y luego aplicar el rendimiento para servir la deuda.

Pero el microcrédito no es un sustituto del empleo. Por  ideología, el gobierno prefiere la microempresa informal al empleo formal que no puede pagar lo que el gobierno considera lo mínimo justo aunque los informales ganen menos. El país paradigmático del éxito del microcrédito es Bangladesh, y su estrella Yunus. El país que optó por la estrategia de crear empleo en el sector moderno de la economía es China. ¿Adónde fue Obama a tratar sobre el futuro de la economía mundial? ¿A Pekín o a Dhaka?