15 de August de 2009 00:00

Cumandá todavía no se rehabilita

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Redacción Quito
 quito@elcomercio.com

En 45 días se definirá el plan de uso para  la ex terminal interprovincial Cumandá, en el Centro Histórico. Ese fue el compromiso que realizó ayer el alcalde Augusto Barrera a los comerciantes y vecinos de la deshabilitada  estación.

El acuerdo se concretó  cuando  Barrera, junto con un centenar de moradores y propietarios de los negocios aledaños a Cumandá, recorrieron las instalaciones que fueron desalojadas la madruga del 17 de julio pasado.



La ex terminal
En  la  ex terminal  de Cumandá funcionaban 172 locales comerciales que fueron reubicados a las nuevas estaciones de Carcelén y Quitumbe.
El Fondo  de Salvamento del Patrimonio (Fonsal) estaba a cargo de la rehabilitación del espacio. Pero hasta el momento no se han hecho las intervenciones en el edificio. 
La construcción  del Cumandá se contrató en 1977   por   335 millones de sucres. Los trabajos concluyeron en agosto de 1986.  Colchones arrinconados en las paredes, restos de fogatas, basura y papel periódico acumulados en las esquinas fue el panorama que observaron  Barrera y su equipo de trabajo en los pasillos y andenes de la estación de buses.

Algunos locales como el de Mario Hidalgo están destruidos. Las paredes del que fue su negocio por más de 23 años fueron derrocadas. “Es increíble el mal estado de todo este sitio. Solo ha pasado un mes”, refirió Hidalgo.

Pero no solo las malas condiciones de la ex terminal de buses  preocupan a la comunidad, sino también la inseguridad y la falta de  flujo de personas  para mantener los negocios en la zona aledaña a Cumandá. Pocos negocios todavía abren las puertas de sus  locales sobre la calle Morales.  

Por ejemplo, Aída Montero  aún atiende su negocio de  víveres con la esperanza de un plan de reactivación. “Esto se ha convertido en un cementerio. No hay movimiento”. Ella trabaja en  su tienda desde  hace 40 años y también  se queja por la presencia de indigentes y ladrones en el sitio.

“El desempleo y la inseguridad nos están matando. Ayúdenos, señor Alcalde”. Era  una de las   leyendas  escritas  en las pancartas que llevaban  los representantes del comité  Pro Mejoras del Barrio Cumandá. Juan Sañaiceda, dirigente  barrial,   señaló que el sector se  ha convertido en una zona peligrosa desde la salida de los buses. “El espacio es utilizado como una guarida para los delincuentes por la falta de vigilancia policial”.

Los moradores presentaron su carta de petición al Alcalde. En ella exigen la urgente reconstrucción y rehabilitación del edificio, piden seguridad y la vigilancia para evitar el expendio de droga, el control a la mendicidad...

Luego de efectuar la visita y de   escuchar las peticiones de los comerciantes,   Barrera señaló que el problema será atendido con urgencia. Con molestia admitió que este es un problema heredado de la pasada administración y definió un plan de emergencia.

Aseguró que se reunió  con la Policía  para solicitar  la  vigilancia permanente   y que se impida  cualquier tipo de apropiación. También exigió que se controle el  expendio de   droga en el sitio.

Entre las soluciones a corto plazo está fortalecer la vigilancia policial en el sitio,  estructurar  una comisión  entre el Municipio y la comunidad para analizar el uso turístico, recreativo y comercial de la zona y planificar la intervención en el antiguo edificio.

Sobre el proyecto presentado por  la administración anterior de edificar un parque y un parqueadero público, Barrera dijo que “ se deben estudiar otros usos recreativos, comerciales y de descongestionamiento para el sector”.

Además, acotó que  no existe un plan para la reactivación de la zona, por lo que se deberá ejecutar uno a la  brevedad posible.     

Una de las propuestas en las que  insisten los comerciantes es la reubicación de la terminal de buses interparroquiales que funciona en La Marín hasta ese sitio. Asimismo, piden que los articulados de la Ecovía y del Corredor Central Norte lleguen al lugar y la prolongación del parque lineal del río Machángara.

Para Sañaiceda,  esa sería una solución a la congestión de La Marín y reactivaría el comercio en la zona. Pero Montero refiere que otra propuesta sería que la infraestructura se conecte con la tradicional calle La Ronda. “Este debe ser un espacio turístico y de entretenimiento”.

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