Menos niños en las aulas por falta de transporte y m…
El crimen organizado gana terreno en las fronteras e…
Aterrizaje forzoso
Organizada y periférica, dos tipos de alquiler de de…
La estrategia de Jorge Glas fue no presentarse a la …
El crimen organizado avanza ante una débil institucionalidad
Negocios suman más guardias por inseguridad
Proceso de paz en las cárceles no frenará, a corto p…

Caso Debanhi: ¿Por qué las amigas no tienen culpa en su muerte?

Dos especialistas sostienen que no se debe quitar la responsabilidad a los agresores y al Estado, mientras se culpa a las amigas de una víctima de violencia de género. Foto: redes sociales.

Tras el hallazgo del cuerpo de Debanhi Escobar en México se ha señalado a sus amigas como responsables. El argumento es que ellas abandonaron a la joven de 18 años antes de su muerte. Este lunes 25 de abril del 2022, EL COMERCIO habló con dos especialistas, quienes explican por qué las amigas no tienen la culpa.

Este caso es una muestra de que el verdadero problema es el machismo, explica la investigadora feminista Rocío Rosero. Ella sostiene que este naturaliza todas las formas de violencia, incluidas las más extremas como la trata, la desaparición y el feminicidio. El fenómeno de la desaparición de mujeres y niñas -asegura- no se visualiza como parte de un contexto de violencia de género.

Rosero explica que culpabilizar a las mujeres de la violencia es la estrategia que desarrollan, activamente, los operadores de justicia. Asegura que estos encubren a los violadores y feminicidas. El fenómeno de personas desaparecidas, cuando se refiere a mujeres y niñas, suele verse como un asunto que se origina en causas sociales, que no se leen de manera adecuada en el contexto de los crímenes, dice. “Se excluye la lectura desde los enfoques de género diferencial e interseccional, que expresan violencias extremas o sistemáticas contra mujeres y niñas”.

Otro eje del problema, que no tiene nada que ver con las amigas de una víctima, es el patriarcado, explica la especialista. “Es una ideología bien estructurada y afianzada en la realidad, de carácter sexista, androcéntrico, misógino y falocéntrico”. Este se expresa en la posesión de las mujeres como propiedad de los hombres; y en el poder, sometimiento y control sobre ellas y sus cuerpos, indica.

Lo que se omite

Al culpar a las amigas de Debanhi, se omite el papel del agresor, del feminicida, del violador y del Estado, señala la secretaria de la Coalición Nacional de Mujeres del Ecuador, María José Machado. El último responsable, dice, “es el que permite estas violencias, al no prevenirlas, al no investigar los crímenes, al no sancionar, al no atender a las víctimas, al no enseñar a los hombres a no ser violentos”.

Es lamentable, dice la abogada feminista, que este discurso se haya extendido hasta trasladar a sus amigas la culpa de una estructura que es sistemáticamente misógina y violenta contra las mujeres. “Al poner la atención en la amigas como las responsables inmediatas estamos perdiendo de vista que en muchos otros países del mundo, donde ser mujer no es tan peligroso como en Latinoamérica, las jóvenes disfrutan de sus vidas, se van a fiestas, regresan a altas horas de la noche y en eso no se les va la vida“.

Lo de las amigas de Debanhi, dice Machado, permite reflexionar sobre la práctica de la solidaridad en el día a día de las mujeres y sus protocolos personales de seguridad. Pero es lamentable, enfatiza, que en América Latina sea “casi parte de la canasta básica de las mujeres tener una serie de rituales o protocolos propios para evitar ser violentadas, agredidas y asesinadas”.

Una frase es el ejemplo

En sus movilizaciones, las mujeres de Latinoamérica repiten la frase ‘El Estado no me cuida, me cuidan mis amigas’. Machado señala que esta describe una realidad desesperada de las mujeres latinoamericanas. “Nuestros estados y su fuerza pública, no solo que no nos protegen, sino que son los primeros en violentarnos cuando protestamos”.

Por ello, señala que las mujeres confían más en la protección y el cuidado de su círculo cercano. Sin embargo, recuerda que todas tienen un grado de vulnerabilidad y viven los mismos riesgos. “Entonces, una responsabilidad tan desmedida como la de mantenernos con vida, de no ser asesinadas, no debería estar en manos de nosotras mismas”.