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Alumnos están interesados en una modalidad híbrida

Darien Castro, estudiante de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, en sus clases virtuales. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

Cuando Emilia, de 16 años, iba a diario al colegio antes de la pandemia llegaba a su casa pasadas las 15:00. Hacía tareas y pronto anochecía. No tenía tiempo para más actividades. La educación virtual cambió su rutina. Ahora, en los momentos libres que tiene durante la mañana, adelanta deberes. En la tarde practica danza árabe y ritmos latinos. Y toca el piano.

Emilia reconoce que extraña a sus amigos y maestros. Sin embargo, considera que esta modalidad le permite cumplir con sus obligaciones a su ritmo. “Me resulta más fácil gestionar mi tiempo, puedo ser más independiente”.

Por eso, cuando se supere al covid-19, le gustaría acceder a una modalidad semipresencial, que le permita continuar con esa autonomía y socializar en el colegio.

Pablo Cazar es su profesor de Gestión Empresarial. Coincide en que retornar en un 100% a la antigua forma de educación sería retroceder lo avanzado. “El desafío es mayor ahora que en marzo del 2020”.

Por ejemplo, él quisiera que los chicos sigan subiendo las tareas a una aula virtual y no que las hagan, como antes, en un cuaderno, ya que tendría que llevárselos, calificar sus deberes y devolverlos.

También piensa en actividades didácticas que hicieron con herramientas en línea y que deberían combinar con la asistencia presencial. “Los chicos van a preferir tener una clase interactiva, con videos y juegos, en su casa, que sentarse a escucharnos en el aula”.

Joaquín, de 11 años, se adaptó a la modalidad no presencial. Se volvió mucho más organizado. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Sus alumnos desarrollaron un proyecto de fin de año, a través del que presentaron una idea de negocio real. El producto final está en Youtube y Facebook. “En una asistencia presencial al 100%, probablemente habríamos armado estands en el patio o en el salón de eventos”.

Más que nada, los cerca de 300 000 alumnos de planteles particulares de Sierra y Amazonía se han familiarizado con una nueva forma de aprender. Padres, docentes y autoridades coinciden en que la educación virtual llegó para quedarse.

Además de la modalidad presencial, las instituciones autorizadas pueden ofertar educación abierta (virtual o en línea) y en casa (‘homeschooling’).

Para inicial, básica y bachillerato, 43 planteles solicitaron implementar la primera durante el ciclo 2020-2021 en Sierra y Amazonía. Se atendió a 2 189 alumnos; y 96 instituciones ofertan educación en casa, con 236 familias que se acogieron.

En el Johannes Kepler, por ejemplo, los padres pueden elegir entre ‘homeschooling’, clases 100% presenciales, 100% ‘online’ o una modalidad híbrida (mitad presencial, mitad virtual).

Joaquín está en modalidad en línea. Aunque anhela reencontrarse pronto con sus compañeros y maestros, el niño de 11 años cuenta que al volver le gustaría seguir usando plataformas y que prefiere escribir en computadora que a mano.

Su madre, Viviana Granda, dice que Joaquín se adaptó y se volvió un niño más independiente. Sube sus tareas a las plataformas y cumple con los tiempos necesarios en línea de lectura, ejercicios de matemáticas, etc. “Como madre, me es útil la virtualidad y a mi hijo también”.

A nivel universitario también se aprovechó la virtualidad y se aspira a mantener ciertas prácticas de la misma. Santiago Ron, docente de la U. Católica, hizo una encuesta a 22 alumnos de su clase de Evolución. El 63% quiere una modalidad híbrida, que combine clases virtuales y presenciales.

Los chicos, por ejemplo, ven mayor facilidad al no incurrir en gastos de movilización o vivienda, en el caso de quienes viajan de otras provincias a la PUCE Quito.

Para el futuro, Ron considera que para la parte teórica -en modo presencial- solo sería necesaria una clase a la semana para resolver dudas. Él ha invitado a científicos del mundo a enseñar a sus alumnos.

En su carrera de Ciencias Biológicas, Darien Castro, de 23 años, recuerda sus trabajos en grupo en el aula. Después de la experiencia de los últimos meses se convenció de que para actividades como esa no será necesario volver, pues con la herramienta Remo, por ejemplo, han hecho lo mismo durante la pandemia.