20 de agosto de 2019 00:00

Quito no tiene inventario oficial de salas de teatro ni oferta teatral durante el año

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Fernando Criollo y EL COMERCIO DATA (I)

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El escenario del Teatro Patio de Comedias, en su horario estelar, estará ocupado hasta el próximo 1 de septiembre, con la temporada de estreno de ‘El súper mandarina súper mangoneado’, una comedia a cargo de José Pacheco.

Este es uno de los espacios vinculados a las artes escénicas en Quito, con 39 años de trayectoria, pero que hasta la actualidad no es parte de ningún inventario oficial de teatros, que permita a los espectadores de la capital conocer la oferta teatral y la demanda de las obras presentadas.

EL COMERCIO DATA identificó 40 locales públicos y privados, sin contar bares, restaurantes, instituciones educativas y espacios comunitarios, que incluyen programación teatral.

Sin embargo, el Cuerpo de Bomberos de Quito apenas registra 26 locales catalogados bajo tres denominaciones: Gestión de espacios, Producción de espectáculos y Supervisión y gestión de otras unidades, entre los que constan teatros, pero también bares, restaurantes, productoras de eventos y personas naturales.

En el sector público, bajo la administración municipal hay cuatro espacios equipados como teatros, mientras que la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE) tiene siete a su cargo, pero solo dos están acondicionados como teatros.

De lado del sector privado, la Red de Espacios Escénicos Independientes (Reei) agrupa 20 espacios de difusión escénica. Estos representan 50% de los 40 locales identificados por EL COMERCIO. No todos estos espacios cuentan con estadísticas sobre su operación.

El Teatro Nacional Sucre es uno de los cuatro escenarios que están bajo la administración municipal. Foto: Archivo/ EL COMERCIO.

El Teatro Nacional Sucre es uno de los cuatro escenarios que están bajo la administración municipal. Foto: Archivo/ EL COMERCIO.

Este Diario pudo cuantificar 7 517 butacas de los 40 teatros, cuya capacidad va desde 20 hasta 2 017 espectadores.

Alfonso Espinosa, vocero de la Secretaría de Cultura del Municipio de Quito, reconoce que la falta de información detallada sobre los escenarios es un requerimiento urgente de la nueva administración para realizar un diagnóstico, establecer prioridades y organizar la inversión.

“El trabajo de los espacios escénicos es muy precario” en términos económicos y operativos, admite Javier Cevallos, director de la Reei y a esto agrega que también existe “informalidad entre los mismos trabajadores de las artes”.

Apenas cuatro teatros públicos (Sucre, Variedades, México y Capitol) y dos privados (Humberto Calaña y Aya Hatariy) accedieron a entregar datos a este Diario. De este grupo se evidencia que en 2018 asistieron 82 479 espectadores a 377 eventos. Esta cantidad significó 15,4% menos que en 2017, con una asistencia de 97 593 personas, pero en más eventos: 445.

También resulta novedoso, que el espectador asiste más a espectáculos de música, seguido del teatro, cine, la danza y otras expresiones artísticas (Ver infografía de espectadores por género).


Un sondeo de EL COMERCIO DATA evidenció que los profesionales adultos, entre 35 y 64 años de edad, son los que más consumen teatro. Prefieren ir, entre jueves y sábado a funciones, entre las 19:00 y 20:00. Además, 4 de cada 10 admiten que van una vez cada tres meses a las salas de teatro.

Otro problema que Cevallos identifica es la falta de diferenciación en las categorías definidas en la Licencia Metropolitana Única para el Ejercicio de Actividades Económicas (Luae) y el Registro Único de Contribuyentes (RUC).

Para tramitar estos documentos, por ejemplo, Cevallos explica que no se hace diferencia entre escenarios como el Teatro Nacional de la CCE que tiene 2 017 butacas de otros como la sala Guagua Pichincha que solo tiene 20.

El Servicio de Rentas Internas (SRI), en cambio, registra a los contribuyentes que tienen locales dedicados a obras escénicas bajo dos categorías: Gestión de salas de conciertos, teatros y otras instalaciones similares y Producción de obras de teatro, conciertos, óperas y espectáculos de danza. No hay una especificación solo de salas de teatro.

Quito tampoco cuenta con una estadística de cuántas obras se presentan al año. Javier Cevallos calcula que, al año, en promedio, se estrenan 80 obras. Este dato es referencial en función al número de aplicaciones para el Festival Quito Tiene Teatro. “Pero no sabemos si nos estamos peleando entre todos por el mismo público reducido que va al teatro, en vez de buscar formas de generar más público”.

Para los gestores de teatros mantenerse en el mercado tampoco es tarea fácil, principalmente por la gratuidad. El costo de las entradas en los seis espacios analizados varía entre USD 3 y 60. Sin embargo, el número de espectáculos gratuitos supera a los pagados. De los 822 eventos de los dos últimos años, el 54% (444) fueron de acceso libre.

El Teatro Humberto Calaña abrió hace cinco años con 34 butacas en San Carlos y hace dos se cambió a otro local arrendado en Cotocollao, en el norte de Quito. Giovanna Valdivieso, administradora, explica que las redes sociales es la vía de comunicación con el público, sobre las obras que presentan fines de semana, cada 15 días. El costo por entrada se calcula en referencia al valor de otros teatros.

El Patio de Comedias también recurre a las redes, invitaciones por correo electrónico y a los medios de comunicación para mantener la fidelidad del público y atraer a nuevos espectadores.

Por otro lado, en la Casa de la Cultura, según un sondeo realizado en 2018, el Ágora y el Teatro Nacional recibieron alrededor de 50 000 espectadores. Carlos Paez, director de fomento artístico y cultural de la CCE, explicó que la programación se divide en partes iguales entre producciones propias y externas.

Este año se implementará un plan para reactivar los cuatro elencos institucionales (Camerata, Conjunto de Cámara, Coro y Teatro Ensayo); se fortalecerá alianzas con otras instituciones públicas y artistas independientes y se creará un sistema de boletaje que genere información, para gestionar la programación y controlar la gratuidad.

Alfonso Espinosa asegura que desde la Secretaría de Cultural del Municipio la propuesta es mejorar los trámites y procesos burocráticos para la realización de espectáculos en espacios públicos, incorporar a los colectivos escénicos en la programación cultural, mejorar las dinámicas de circulación de obras artísticas en territorio y la actualización de una ordenanza para trabajar en sintonía con lo que establece la Ley Orgánica de Cultura.

Mientras esto ocurre, los teatros siguen sus propias rutas para mantenerse a flote, dependiendo de las redes sociales, los medios tradicionales y del boca a boca…

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