2 de agosto de 2018 00:00

Los artesanos jóvenes recuperan al tradicional danzante

Adriana Pallo y su esposo Diego Olmos son los artesanos que  investigan al danzante.

Adriana Pallo y su esposo Diego Olmos son los artesanos que investigan al danzante. Foto: Raúl Díaz para EL COMERCIO

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Modesto Moreta
Coordinador 
(F-Contenido Intercultural)

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Espejos, bambalinas, la chakana o cruz andina, las cintas de colores y bordados hechos a mano del Taita Inti (padre sol) dan color a los trajes que elabora a mano Adriana Pallo.

Su nombre está en la lista de los artesanos jóvenes que confeccionan esta vestimenta en el cantón Pujilí, en Cotopaxi.

A Pallo, de 30 años, no se le escapa ningún detalle al momento de confeccionar esta vestimenta que sobresale en las fiestas del Corpus Christi y en celebraciones religiosas de los pueblos cercanos.

Su taller se levanta en el centro de la urbe. En el exterior de la casa antigua de dos plantas construida con bahareque, madera y techo de teja, sobresale un mural gigante donde está pintado un danzante.

“Mis abuelos y padres confeccionan los trajes de los danzantes. Heredamos esos conocimientos”, cuenta Pallo, mientras pega cada uno de los adornos de oropeles (oro falso) en las prendas.

Corta y cose telas brillantes sin olvidar el más mínimo detalle. Borda a mano cada uno de los dibujos que representan a la naturaleza. Su esposo Diego Olmos, considerado la quinta generación de artesanos de la pintura y del barro en este cantón cotopaxense, le ayuda en su trabajo.

Antes de confeccionar los trajes elaboraban en barro las figuras del danzante con todos los detalles. Eso lo lograron tras 10 años de investigación con los taitas y mamas de las comunidades del cantón.

“Es algo especial primero plasmar en barro con todos los detalles y luego coser los trajes. Eso atrae a los turistas que quieren tomarse fotos con la vestimenta y compran las figuras como recuerdo de Pujilí”, asegura Pallo.

Confeccionar un traje cuesta entre USD 1 500 y 2 000. Son decorados con piezas de plata y bronce. “Son piezas originales que se elaboran. Todo el traje puede llegar a pesar 40 libras. También constan los cascabeles que se ajustan en las pantorrillas y suenan con cada movimiento”.

El director de Cultura del Municipio de Pujilí, Juan Albán, explica que es positivo que artesanos jóvenes mantengan la tradición en la confección del traje y el baile del danzante declarado como Patrimonio Cultural del Ecuador.

Se presenta especialmente en las fiestas del Corpus Christi en las calles de la ciudad. “Su baile al son del bombo y el pingullo es un agradecimiento al Taita sol y a la Pachamama por la buena cosecha de los frutos que nos dan todos los años. Por eso les apoyamos”.

La vestimenta está compuesta por el faldón y la camisa de color blanco, la pechera cubierta con espejos y monedas antiguas. Atrás lleva la banda compuesta por siete telas de colores, que representan al arco iris, en el cabezal sobresalen el sol y la luna y está cubierta de plumas de pavo real. Al año confecciona hasta 10 trajes.

Su esposo Diego Olmos comenta que el danzante es un sacerdote indígena que con su traje da culto al sol. “En su cosmovisión andina, con el baile trata de agradar al sol y agradecer por las cosechas que se recibe en junio durante el Inti Raymi o el solsticio”.

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