6 de diciembre de 2018 00:00

Proyecto de la fundación Jocotoco se enfoca en salvar al guacamayo

Los animales deben pasar un proceso de preadaptación en una jaula en la reserva. Foto: cortesía Fundación Jocotoco.

Los animales deben pasar un proceso de preadaptación en una jaula en la reserva. Foto: cortesía Fundación Jocotoco.

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Isabel Alarcón
Redactora (I)
ialarcon@elcomercio.com

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El guacamayo verde mayor desapareció hace 50 años de la zona del Parque Nacional Machalilla. Ahora su población se ha reducido a alrededor de 12 individuos que vuelan por el oeste de Ecuador. Ante la amenaza que sufren estos animales, los esfuerzos se enfocan en repoblar la Cordillera Chongón-Colonche con las aves criadas en cautiverio.

Se estima que la población mundial de guacamayo verde es de 3 700 ejemplares extendidos desde el sur de Guatemala hasta el suroeste de Ecuador. La subespecie que habita en nuestro territorio es la Ara ambiguus guayaquilensis, la cual es endémica de este país y está considerada como en peligro crítico, al tener tan pocos individuos en libertad.

Michael Moens, director de Conservación de la Fundación Jocotoco, explica que si no se toman medidas, hay un 50% de probabilidades de que esta subespecie se extinga en los próximos 10 años. Entre sus principales amenazas se encuentran la deforestación y el tráfico ilegal de especies.

Motivados por proteger a los guacamayos de estas amenazas y, al mismo tiempo, recuperar sus poblaciones, la fundación Jocotoco emprendió un proyecto en el 2017 en su reserva Ayampe, ubicada al sur del Parque Nacional Machalilla. La Fundación Loro Parque, basada en Tenerife, España, decidió apoyarlos con el financiamiento y continúa haciéndolo hasta el momento, mientras que la Fundación de Rescate Jambelí donó los guacamayos. Esta institución se ha dedicado durante los últimos 20 años a la reproducción en cautiverio de esta subespecie, solo con fines de conservación.

Para empezar el proyecto se seleccionó a 10 guacamayos de diferentes edades. Después llevaron a las aves a la jaula que construyeron para su preadaptación en la Reserva de Ayampe. Esta estructura mide 20 metros de largo, 6 de alto y 5 de ancho. Las medidas se calcularon tomando en cuenta que los guacamayos que han nacido en cautiverio necesitan practicar el vuelo antes de ser liberados.

Durante este período, las aves tuvieron que aprender a alimentarse de frutas y también debieron enseñarles que los humanos son peligrosos, para evitar que se acerquen a zonas pobladas y sufran ataques. Finalmente, cuatro ejemplares fueron liberados, pero dos de estos después tuvieron que ser rescatados.

En una segunda etapa se liberaron seis guacamayos más, que nunca regresaron a la jaula. La idea es volver a liberar a otro grupo de seis el próximo año, pero esta vez los dejarán salir con collares equipados con sistemas satelitales.

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