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Paula Barragán muestra los orígenes de su trabajo artístico en la galería N24

Paula Barragán junto a la obra ‘Llegando al puerto’, un dibujo a tinta china, témpera y collage. Foto: Vicente Costales/El Comercio

Paula Barragán junto a la obra ‘Llegando al puerto’, un dibujo a tinta china, témpera y collage. Foto: Vicente Costales/El Comercio

Paula Barragán junto a la obra ‘Llegando al puerto’, un dibujo a tinta china, témpera y collage. Foto: Vicente Costales/El Comercio

A Paula Barragán, el encierro por la pandemia le ha permitido trabajar en su taller de una manera más pausada, crear nuevas obras y terminar otras que por años permanecieron inconclusas. Estas piezas ahora son parte de ‘Orígenes’, la exposición que abrió en la Galería N24.

Asimismo, decidió exhibir parte de su colección de semillas. Se trata de simientes que ha recolectado en sus pequeñas travesías por el país, en sus visitas a bosques y parques, pero también de obsequios, que muestran la variedad de formas, colores y texturas que existen en el reino vegetal.

Una de las semillas que más llama la atención tiene la forma de un pequeño roedor de pelaje esponjoso. Se trata de una semilla de balsa, que el día en que la encontró tenía la forma de una vaina alargada y dura. Durante un año la guardó, junto a otro puñado, en una caja hasta que las sacó -mientras preparaba esta muestra-, y las dejó sobre una mesa.

“Era una tarde soleada -cuenta- salí de mi casa y cuando regresé me asusté porque pensé que habían entrado ratones. Luego me di cuenta que eran las semillas que había dejado y que por el calor habían comenzado a reventar”.

A la semilla de balsa se suman otras como la de una flor de loto; la de un árbol de chirimoyas, al que le había caído un rayo; una semilla de tagua; la de un tamarindo, la de una amapola; o la de una uvilla que encontró en la puerta de su taller. La observación de estas decenas de semillas se convirtió en el detonante para la serie de grabados que ocupan una de las paredes de la galería.

Ahí están las figuras de las semillas de la serie ‘Toctes’, que comenzó en el 2006, y otra más reciente que tituló ‘Tequilas’. Estos grabados, en los que aparecen, sobre todo, simientes frutales fueron creados con la técnica de la collografía. En estas series, Barragán pasa de las formas orgánicas, a unas más geométricas y luego a otras más arquitectónicas, formas que le han permitido escapar de la contaminación visual y sonora de la ciudad.

En medio de ese empeño comenzó la serie ‘Quitos’, que actualmente está compuesta por ocho piezas, que dan cuenta de la visión particular que tiene de la ciudad. En la muestra se exhiben tres cuadros de esta serie, obras que más que retratar la geografía quiteña dejan ver la efervescencia de la vida social que tenía la urbe antes de la pandemia.

Una de las improntas de esta serie, a más de la paleta de colores vivos, es el perfil de las montañas, que para Barragán son parte de la esencia de la ciudad. “Humboldt -dice- no entendía como los quiteños dormíamos tranquilos viviendo a los pies de un volcán, pero las montañas forman parte de lo que somos, de nuestra vida cotidiana”.

En la muestra también se exhiben una serie de oleos de pequeño formato. Son obras que comenzó a trabajar al inicio de su carrera. Varias fueron a una galería en Nueva York, pero otras se quedaron en su taller sin terminar. Estas piezas abstractas muestran que, incluso en su trabajo pictórico, mantiene su espíritu de grabadora.

Como parte de este ejercicio de pensar en los orígenes de su trabajo incluyó la obra ‘Llegando al puerto’, un dibujo a tinta china, témpera y collage que comenzó hace varios años y que terminó durante los primeros meses de pandemia y que ahora se exhibe a unos pasos de la entrada de la galería.