11 de junio de 2020 00:00

108 osos andinos, especie peligro de extinción, fueron analizados

Los estudios se realizaron con osos distribuidos a distintas altura de la cordillera de los Andes. Cortesía: Inabio

Los estudios se realizaron con osos distribuidos a distintas altura de la cordillera de los Andes. Cortesía: Esteban Suárez / USFQ

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Diego Ortiz
Coordinador (I)

La investigación en torno al oso andino se ha diversificado en el Ecuador para ampliar la comprensión de la especie más allá de su comportamiento. A inicios de junio del 2020, un estudio publicado por investigadores de la Pontificia Universidad Javeriana, el Instituto Nacional de Biodiversidad (Inabio), la Fundación Oso Andino y la Universidad de Minnesota-Crookston pone énfasis en la historia genética de la especie, en peligro de extinción, y en sus zonas de tránsito.

La situación del oso andino en el Ecuador es compleja desde varios frentes. La expansión de la frontera agrícola, la cacería, la fragmentación del hábitat y las construcciones en zonas cercanas a sus lugares naturales son las principales amenazas a las cuales se enfrenta esta especie.

En general, un oso andino puede desplazarse 18,7 kilómetros en línea recta entre uno o dos días, en el caso de los especímenes machos, sin embargo, ahora están más limitados.

La falta de movilidad segura del oso andino obliga a que los animales se muevan en territorios cada vez más pequeños. Esto podría generar problemas para los descendientes de una misma familia, ya que las enfermedades y problemas congénitos se podrían manifestar en nuevas crías.

Armando Castellanos,
presidente de la Fundación Oso Andino y participante en la investigación, explica que este trabajo demostró que la población de osos se incrementó en los últimos 200 a 300 años, expandiéndose por todo el país, y que los procesos de fragmentación y caza todavía no afectan al ADN mitocondrial.

“Sin embargo, los problemas de endogamia aparecerán y afectarán a la especie en el país, cuando las poblaciones queden aisladas por actividades antropogénicas, como ya sucede en la cordillera Occidental del Ecuador”, dice.

En el estudio, los investigadores analizaron el material de 108 osos para conocer su diversidad genética y, al mismo tiempo, compararla por provincia, cordillera y regiones norte y sur. Entre los resultados, ellos determinaron que los límites provinciales no condicionan el tránsito de la especie en el país. Asimismo, la cordillera Andina no representaba un mayor obstáculo en sus flujos migratorios.

De acuerdo con el Inabio, el estudio demuestra que “prácticamente no había patrón filogeográfico ni diferenciación genética entre las poblaciones de osos andinos en Ecuador, por provincia o por cordillera, para marcadores mitocondriales o microsatélites”.

Al respecto, Castellanos comenta que la investigación evidenció que “toda la población de osos andinos ecuatorianos debe tratarse como una Unidad de Manejo. Eso es buena noticia para los programas de reintroducción con esta especie, pues los animales rescatados en cualquier sitio del país pueden ser liberados en cualquiera de las áreas protegidas”.

Ya en el Plan de Acción para la Conservación del Oso Andino (Tremarctos ornatus) en el Ecuador, desarrollado por el Ministerio del Ambiente el año pasado, se contemplaba esta figura en el momento de establecer líneas de acción para la protección de la especie.

En este documento, en el que participaron investigadores de mamíferos de todo el país, se planteó la investigación de las áreas de distribución de
la especie y la creación de los corredores biológicos y zonas de protección para garantizar su reproducción.

En el Plan se identifica que, precisamente, una de las amenazas para el futuro de la especie es la destrucción de su hábitat y los problemas que encuentran en sus rutas.

A pesar de estar presente en 15 provincias del país, apenas un 31% de su territorio se encuentra dentro del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Es por ello que, en la última década, se han registrado avistamientos de osos de anteojos en reservas privadas, carreteras o zonas pobladas. Tal fue el caso, en noviembre del 2019, de la aparición de una familia compuesta por una osa y dos crías en el sector de La Legarda, en Pichincha, lo que movilizó a un equipo del Ministerio del Ambiente para hablar con la comunidad cercana y explicarles que su presencia no era peligrosa para los humanos.

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