11 de febrero de 2018 00:00

La moda busca bajar su huella en el ambiente

Activistas de Green Peace protestan durante la Semana de la Moda realizada en París. Foto: AFP

Activistas de Green Peace protestan durante la Semana de la Moda realizada en París. Foto: AFP

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Ana C. Alvarado. Redactora (I) aalvarado@elcomercio.com

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Hacer una camiseta de algodón requiere de 2 700 litros de agua, según la World Wildlife Foundation. Mientras tanto, en Asia Central, el mar de Aral está cerca de desaparecer debido a que los agricultores de algodón extraen agua de los ríos que alimentan este mar. Este es el resultado del crecimiento de las empresas de pronta moda, que hacen ropa de forma rápida y económica. Sin embargo, la materia prima y mano de obra baratos tienen un precio que el consumidor final ignora.

El éxito de la fórmula del ‘fast fashion’ es la novedad a bajo costo. Así, los ciclos de la moda pasaron de ser dos al año a 50 anuales. De acuerdo con la consultora McKinsey & Company, los consumidores promedio en países como Estados Unidos, Brasil, China o India compraron 60% más ropa en el 2014 con relación al 2000.

El problema de la industria de la moda se inicia en los campos de cultivo y en la granjas. El algodón, por ejemplo, es la fibra natural más común en la producción de ropa, con el 33% en el pastel de las fibras usadas. Además, los cultivos de algodón son responsables por el 24% de insecticidas y el 11% de pesticidas, a pesar de ser solo el 2,4% de tierra de cultivo.

En la siguiente fase, el daño también está presente. 20% de la contaminación industrial de agua se debe a la producción de ropa, según el Natural Resources Defense Council. Asimismo, se usa el equivalente a dos millones de piscinas olímpicas en agua cada año para la tintura de textiles.

En cuanto a la huella de carbono, las prendas de poliéster contaminan el doble que las de algodón , de acuerdo con el Instituto de Tecnología de Massachusetts. La producción de una camiseta de poliéster emite 5,5 kg de carbono, y la de una de algodón emite 2,1 kg. En total, la producción de textiles de poliéster emitió 706 000 millones de kg de gases con efecto invernadero en el 2015.

La industria de la indumentaria seguirá creciendo: para el 2020 el gasto en ropa crecerá en 2,78% y el 9,18%, en EE.UU. y China, respectivamente, según proyecciones de Planet Retil. Sin embargo, la preocupación por el impacto de la moda se está convirtiendo en el motivo de innovación de la industria. Una fuerza importante detrás del movimiento por la sostenibilidad tiene que ver con que el 66% de consumidores jóvenes, de acuerdo con Euromonitor, prefiere productos con sellos verdes.

Conglomerados y marcas multinacionales han emprendido iniciativas para disminuir la huella de carbono. El grupo de lujo LVMH (dueño de 70 marcas, entre ellas Louis Vuitton, Dior Givenchy), para citar un caso, creó en el 2015 un fondo para financiar investigaciones para reducir las emisiones de carbono. El Carbon Fund consistía en que cada una de las empresas tenía que pagar 15 euros por cada tonelada de carbono producida. Desde el 2018, el impuesto es de 30 euros o USD 36,75.

Empresas como Patagonia son un ejemplo de que la moda puede ser una industria sostenible y asequible. En 1996, la marca optó por usar materiales orgánicos. Ahora está publicado en su página web el impacto ambiental de algunos de sus productos con el fin de trabajar de forma constante y transparente para reducir la huella ambiental. La marca hace chompas polares de botellas recicladas y también de ropa reciclada. El uso de energía, papel y otras acciones son constantemente examinadas.

La tecnología es una aliada a la hora de buscar soluciones. Un caso cercano es el de Inexmoda de Colombia, un instituto de investigación de moda que se alió con Torna, una empresa de tratamiento y reciclaje de agua. Inexmoda tendrá una planta de tratamiento móvil, que dará servicio a domicilio a las empresas que busquen eliminar los vertimientos de agua contaminada y reusar hasta el 95% de agua. No solo el ambiente gana, porque con este sistema se disminuye hasta el 48% en la factura del agua.

Las marcas de pronta moda también se han comprometido en reducir su impacto. Una iniciativa que involucra al consumidor tiene que ver con el reciclaje. Algunas tiendas en Europa reciben ropa para transformarla en materia prima.

En fin, las soluciones para esta problemática alcanzan un amplio espectro. Estos son algunos puntos señalados por la consultora McKinsey & Company para empresas: desarrollar estándares y prácticas para el diseño de ropa que pueda ser reusada o reciclada; invertir en el desarrollo de fibras amigables con el ambiente; apoyar el desarrollo de tecnologías de reciclaje químico y mecánico, establecer altos estándares para los proveedores y hacer transparente la cadena de producción; y animar a los consumidores a preferir indumentaria de empresas responsables y a cuidar de su ropa con métodos de bajo impacto (como disminuir el uso de la secadora).

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