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‘El miedo a no entender la danza es infundado’

Talía Falconí trabaja con el músico argentino Federico Valdez. Foto: cortesía Lord Comepiña

Talía Falconí trabaja con el músico argentino Federico Valdez. Foto: cortesía Lord Comepiña

Talía Falconí trabaja con el músico argentino Federico Valdez. Foto: cortesía Lord Comepiña

Si el teatro es narrativo, la danza equivale a una poesía del movimiento, desde la concepción de la coreógrafa y bailarina ecuatoriana Talía Falconí. ‘Frágil’, su más reciente obra de danza contemporánea, es definida como un poema escrito con el cuerpo, una lírica corpórea que duda y enfrenta violencias.

“Mi línea de trabajo tiene que ver con una exploración del movimiento, con cómo desde el cuerpo podemos decir cosas que desde la palabras no se pueden enunciar”, dice la artista quiteña, que desarrolló gran parte de su carrera en Venezuela y fue galardonada en ese país con el Premio Nacional de Danza por su solo ‘Sueño pelele” (2007).

‘Frágil’, una pieza que estrenó también como unipersonal en agosto del 2018 en el Teatro de la Danza de Ciudad de México, llega ahora a Guayaquil en una versión para un trío de bailarinas. La obra se presentará en dos funciones el próximo sábado 25 y domingo 26 de enero del 2020 en el Espacio Muégano Teatro de Guayaquil.

“Muchos otros sentidos se despiertan de manera tangible en la danza por la vista, por la sensación que despierta, por la atmósfera en la que sucede la obra o por su forma de llevar un ritmo”.

La pieza conjuga los ámbitos de la danza, la música en vivo, la teatralidad y los lenguajes audiovisuales de la videodanza. La temática central parte de la idea de la fragilidad como juego entre un estado de relajación corporal, de resistencia, de tensión máxima y un hipotético punto de fractura.

“Es una manera metafórica de hablar de la fragilidad de la existencia humana con una mirada poética”, dice Falconí. “El lenguaje de la danza es una forma de comunicación no racional, no tienes que entenderlo lógicamente, el público va a recrearse desde su propia subjetividad”, explicó.

La idea también es explorar distintas perspectivas a partir de una acción recurrente -según la coreógrafa-, e indagar en el movimiento como dislocación, pues en vez de mantener siempre la armonía “busca el quiebre, la fragmentación o la descomposición”.

El trío de intérpretes lo complementan las bailarinas Vanesa Pérez y Lorena Delgado, mientras que la música original tocada en vivo es una colaboración con el compositor argentino Federico Valdez. Todos son docentes de la Universidad de las Artes del Ecuador.

“Hay un miedo a no entender la danza, creo que es algo completamente infundado, porque luego la gente que supuestamente no entendió la historia de una obra enuncia un montón de claves que descubrieron”, indica la coreógrafa.

“Estamos acostumbrados a que nos cuenten una historia y hay otras maneras de hacer arte. Cuando ves una pintura abstracta o escuchas una sinfonía no estás tan centrado en la historia”, agrega.

La acción de la pieza parte de la imagen de una mujer arrojada en el espacio escénico, como una Eva que se incorpora por primera vez, se reconoce desde lo gestual y nombra las partes de su cuerpo, se viste y comienza a desarrollar una manera de moverse.

Luego la misma acción se multiplica a través de las otras dos intérpretes en escena… Las piezas de videodanza con otras tres bailarinas en espacios abiertos y domésticos ahondan en la idea de la multiplicidad, y son como “respiraciones” para la acción en vivo.

La obra juega con un texto, con una pequeña frase que se repite y se disloca, también. Es una frase de corte nihilista existencial del dramaturgo irlandés Samuel Beckett: “La cabeza lo tranquilizó diciendo eso solo está en tu cabeza”.

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