28 de diciembre de 2018 00:00

El macetero es una tradición en la parroquia Cumbe, al sur de Cuenca

Juan Pillacela participó este domingo como macetero de la comunidad de San Pedro

Juan Pillacela participó este domingo como macetero de la comunidad de San Pedro. Foto: Lineida Castillo / El Comercio

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Lineida Castillo

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El macetero es un personaje importante de las celebraciones religiosas en la parroquia de Cumbe, ubicada a 14 kilómetros al sur de Cuenca. Allí, el domingo pasado se realizó el pase del Niño, que congregó a más de 3 000 personas de 45 comunidades y barrios.

En la procesión participaron personajes bíblicos, priostes, pendoneras, guías, floreras, sahumeriantes, danzantes, mayorales y los maceteros.

Estos últimos aparecen solo en celebraciones religiosas y se caracterizan por llevar en brazos un taburete, a veces lo llevan incluso en su cabeza. Sobre este se coloca la denominada ‘compostura’, elaborada en barro u otros materiales y cubierta con rosas frescas. La decoración se completa con un adorno de flores de papel.

El investigador cultural de la parroquia cuencana de Cumbe, Jaime Chinchilima, señala que este personaje apareció en la colonia. Su tarea consiste en ayudar al prioste a arreglar todos los espacios de su casa, incluido el altar donde se venera la imagen del Niño Jesús.

Es una actividad que se cumple antes de recibir a los invitados. “Son parte de las tareas específicas que debe cumplir cada uno de los personajes delegados por el prioste para que la fiesta salga como estuvo planificada”, cuenta Chinchilima.

Según él, antes se elegían hasta 10 maceteros por celebración. En la actualidad, solo es uno por pase o fiesta religiosa, pero tiene el apoyo de la comunidad, explica el macetero Alberto Tenelanda.

Juan Pillacela participó el domingo pasado como macetero de la comunidad de San Pedro. Para él, es un trabajo laborioso. Durante dos días elabora la ‘compostura’ en barro, carrizo, cartón y papel. Este adorno no debe ser comprado sino realizado por el macetero, con ayuda de sus vecinos.

Por lo general, unos amasan el barro y lo pegan sobre el taburete. Otros cortan las seis tiras de carrizos del mismo tamaño, las clavan sobre el barro y las sostienen con alambres. Su intención es formar una especie de maceta. Dejan que se seque para que se endure.

Al siguiente día pegan sobre el carrizo las hojas y las flores elaboradas en cartón y papel. La base del barro es cubierta con flores naturales de colores intensos. Detrás de esta tradición también se expresa la cosmovisión andina de la relación del hombre con la naturaleza, explica Chinchilima.

En las procesiones, el macetero desfila con la florera, quien es una mujer que lleva otro adorno grande elaborado en papel brillante. Ambos caminan juntos detrás de la imagen religiosa a la que veneran.

Otro personaje lleva el adorno sobre la cabeza, para faci­litar su traslado y que sea más visible para los asistentes al pase del Niño. Este personaje se mantiene en este cargo durante un año y asume este compromiso para todas las fiestas religiosas que se realizan en su comunidad o que participan como invitados, dice Chinchilima. “De esta forma rescatan esta y otras expresiones culturales de las fiestas religiosas”.

Otra de sus responsabilidades es convocar y unir a los vecinos durante las celebraciones de fe, cuenta el macetero del barrio Sucre, Eduardo Calle. Él ha representado a este personaje en las celebraciones del Señor de Los Milagros y San Luis de Cumbe. “Acepto las veces que me pidan, porque quiero mantener la tradición”.

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