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Jeovanny Benavides: ‘La literatura es un ejercicio en libertad’

Jeovanny Benavides es coautor de libros de crónicas y relatos.

Jeovanny Benavides es coautor de libros de crónicas y relatos.

Jeovanny Benavides es coautor de libros de crónicas y relatos. Foto: Cortesía

El escritor manabita Jeovanny Benavides, nacido en 1981, ganó el concurso de novela corta Miguel Riofrío con su obra ‘Pilares de la noche vana’. El libro correspondiente se editó y alcanzó a circular brevemente antes de que la pandemia hiciera estragos en la actividad cultural.

A la espera de que la situación de normalice y las librerías retomen los envíos, este Diario conversó con el autor.

¿Hubo una razón especial para ambientar este relato en Argentina y España?, porque la historia es de carácter universal y puede funcionar en casi cualquier país.

Sí, efectivamente, mi historia podría desarrollarse en cualquier escenario, pero la ambienté en Argentina y España porque los cuatro años de mi formación doctoral (2012-2016) los pasé con un pie en ambos países. Quizás ahora, ya en Ecuador, el tiempo transcurrido lejos de La Plata, Buenos Aires y Barcelona me hizo sentir cierta nostalgia por esas ciudades y la descripción de los parques, las calles, las plazas, podía hacerlo mejor porque algo dentro de mí extrañaba todo cuanto viví allá. No lo pensé inicialmente; luego, cuando empecé a escribir la novela, creí que sería ideal situar a mis personajes en esos lugares. A lo mejor me atrapó una morriña inconsciente, o qué sé yo, algo parecido debió suceder para tomar esa decisión narrativa.

Un tema del relato es el cambio súbito e inesperado que afronta la vida de una persona. El problema de la protagonista está en que no tiene armas para afrontar su nueva realidad. Pero tomando en cuenta esta crisis mundial que ha puesto en aprietos a millones de personas, ¿es posible adquirirlas?

Yo creo que sí. El ser humano tiene una capacidad impresionante para superar barreras, pero no lo sabemos sino hasta cuando la vida nos enfrenta a esos retos que tanto miedo les teníamos. ¿Cuántos de nosotros no decimos alguna vez que no podríamos vivir si algo o alguien nos faltara? Y cuando ya no está, sí que podemos, nos cuesta quizás al comienzo el frío de la ausencia, pero seguimos adelante. En ‘Pilares de la noche vana’, la protagonista se ve despojada de prácticamente todo y le toca buscar, hurgar, redescubrirse, para encontrar su lugar en el mundo. Está claro que esas armas las va descubriendo y usando cada quien según sus circunstancias, como pasa en mi novela.

No existe una receta para afrontar una crisis.

No hay una receta mágica que podamos seguir al pie de la letra para resolver nuestros problemas. De allí que la mayoría de los libros de autoayuda sea un embuste total. Lo que existe son las ganas, la esperanza y el deseo de levantarnos para emprender el viaje en el que, finalmente, se convertirá nuestra vida. La crisis mundial de ahora, por ejemplo, nos enfrenta a una situación que hasta hace poco era inimaginable. Vamos a salir adelante, no sé la forma ni el modo, pero lo haremos. Y cuando ello ocurra miraremos hacia atrás y pensaremos que todo cuanto pasa actualmente ha sido una burda pesadilla sacada del décimo círculo del infierno que le faltó crear a Dante Alighieri.

El amor entre padre e hija es otro de los grandes temas del libro. ¿Qué busca reflejar la novela?

Sí, es un leitmotiv presente a lo largo de mi novela. Con ello se busca dejar en evidencia que, pese a las adversidades, el lazo entre padre e hija es fuerte, indestructible, eterno. En mi obra ese amor se ve expuesto a complejas circunstancias en varios momentos y de todos esos conflictos ambos salen ilesos y más fortalecidos. Se trata de un nexo que eleva el afecto hacia su punto más alto. Pese a ello, mi novela no es un manual de cómo deben comportarse los miembros de una familia, ni tiene el tufo aleccionador de una fábula con moralina, porque, de hecho, ambos personajes cometen groseros errores, pero siempre tratan de comprenderse el uno al otro y darse la mano.

Nada ni nadie vence al amor de un padre que está unido con sus hijos, pese a la distancia y los obstáculos de quienes luchan por separarlos. Llega un momento en que la protagonista, Victoria, llama a su papá y le dice: “Acabo de matar a un tipo, ¿qué hago?”. O sea, es un mensaje que descuadra a cualquier ser humano, pero sabes que tienes que intervenir, hacer algo, y no abandonar al ser querido a su suerte. Si algo busca la novela con este tema del amor filial, es la comprensión que se necesita para superar hasta las situaciones que creemos imposibles en su momento.

Todo texto tiene referencias inevitables, ¿cuáles son las que han inspirado esta obra?

Decía Borges que uno es lo que ha leído, no tanto lo que ha escrito. Un buen autor es, sobre todo, un buen lector, y de sus lecturas va recogiendo algunas enseñanzas. Ningún escritor grande, o que haya pretendido serlo, ha aprendido algo valioso en un seminario de escritura creativa, todo lo asume y lo absorbe del aprendizaje que le han dado obras emblemáticas y autores que dejaron buena parte de su vida en ellas. Por eso, yo no hablaría de inspiraciones, sino de ciertas marcas y huellas que determinados libros y autores van dejando presentes, ineludiblemente, en mi obra y en la de cualquier novelista. De este modo, y guardando las distancias enormes que me separan de los grandes maestros, puedo decir que un lector acucioso de mi novela puede encontrar tal vez, y solo tal vez, ecos lejanos de Javier Marías, resonancias remotas de Mario Vargas Llosa, vibraciones distantes de Heinrich Böll, reverberaciones cercanas de Octavio Paz, leves murmullos de Coetzee y ligeros efectos garciamarquianos. Quizás de todo ese melódico híbrido narrativo se eleva una historia con voz propia, con un estilo bien marcado y poderoso, que se llama ‘Pilares de la noche vana’.

Un debate de estos tiempos está centrado en el ‘compromiso’ de la literatura. ¿El escritor tiene un deber ético que cumplir?

Stephen King dice que la única responsabilidad del escritor es buscar la verdad dentro de su corazón. En ese sentido, el compromiso que tiene todo autor está supeditado a encontrar certezas que trasciendan su propia realidad; igual que Shakespeare, Cervantes, Flaubert, Dickens y tanto maestros que consiguieron las respuestas a su cotidianidad en la escritura de sus obras y al hacerlo hallaron también la eternidad literaria. El escritor no es, no debería ser, un títere del poder ni de la sociedad; cuando pretendió serlo surgió la mala literatura, porque hubo cierto tipo de autor que quiso convertirse en la voz del pueblo y fracasó de forma estrepitosa, dice Gao Xingjian. La escritura es, sobre todo, la voz de un individuo que se eleva en un momento histórico concreto para contar una verdad literaria trascendente, distinta a su realidad efímera.

No tendría que importar, tampoco, el llamado “deber ético”; de lo contrario Sófocles no hubiera escrito la historia de Edipo, porque su compromiso ético con la sociedad lo hubiera interpelado: “¿Cómo va a pensarse que tu personaje mate a su padre y se case con su madre? Mejor escribe otra cosa”. Ni Dostoyevski hubiera escrito “Crimen y castigo”, porque la ética le diría que no hay que matar a ancianas indefensas por muy usureras que sean. Y así con miles de obras que fueron trascendentales porque sus autores se saltaron la clase de ética en el colegio. El tipo de palabras “deber ético”, “responsabilidad literaria” y toda esa falacia, ha pretendido coartar la creatividad cuando la literatura es un ejercicio en y para la libertad. Cuando en los congresos y círculos literarios, a los cuales cada vez asisto menos, un colega dice que en su obra practica “el deber ético” pienso que ha cometido el peor de los pecados en que puede caer un escritor y que es la autocensura. Sigo creyendo que la escritura es el único modo capaz de dejar una huella en la fugaz transitoriedad de los días que estamos destinados a vivir. Y hacia allá trato de dirigirme como escritor.

¿Cuál será el tema de su próximo trabajo?

Tengo el proyecto de mi segunda novela bastante avanzado, pero he tratado de “desintoxicarme” de “Pilares de la noche vana” con la escritura de algunos cuentos. Ocurre que uno como escritor a veces está tan imbuido con una obra, que ha sido densa y que le ha tomado tanto tiempo, que luego le es difícil zafarse de la historia y de sus personajes. Yo estoy en la fase final de ese proceso. Mi nueva novela aborda el viaje hacia las aguas turbulentas del desamor y la traición; visita el puerto de los conflictos y las desavenencias conyugales; navega por las peligrosas fronteras del conformismo y la desidia marital; pasa por el emporio de los celos y de la posesión enfermiza; y culmina su travesía con el mortal e ineludible impacto en el iceberg de la indiferencia, la monotonía cotidiana y la ruptura total.

El propósito de mi obra es trascender mi realidad, mi tiempo, mi historia, porque, como decía García Márquez: “Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad”. Y eso pretende hacer, ese tipo de autor pretendo ser.


Datos del autor

Benavides tiene un PhD en Comunicación por la Universidad de La Plata, un Posdoctorado en Historia por el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Freie Universität de Berlín y una Maestría en Edición por la Universidad Complutense de Madrid. Ganó el Concurso Internacional de Cuentos Carátula de Nicaragua, en el 2011. Es coautor de libros de crónicas y relatos.

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