9 de agosto de 2019 00:00

La Isla Puná, una población ancestral que mira al futuro

El desembarco de mercadería, y la salidad y llegada de pescadores marca la actividad del muelle de Puná. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

El desembarco de mercadería, y la salidad y llegada de pescadores marca la actividad del muelle de Puná. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

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Redacción Guayaquil
(F-Contenido Intercultural)

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La isla Puná, un mega pulmón de 920 kilómetros cuadrados, en el Golfo de Guayaquil, fue el territorio de los aguerridos Punáes. Los fieros guerreros resistieron primero a la conquista de los Incas e hicieron frente al propio embate de los conquistadores españoles, según las crónicas de Indias.

En esa zona se asientan 22 poblaciones en la desembocadura del río Guayas.

La población de la cabecera parroquial, en la punta noreste de la gran Isla, sigue identificada con ese pasado ancestral. “Somos pacíficos, seguimos guerreando por la vida y conservamos esa herencia de buenos navegadores y pescadores, un 80% de la población se dedica a la pesca de corvinas, bagres, camarón y a la captura de cangrejos”, dice José Mendoza, presidente de la Junta Parroquial de Puná.

Las luchas contemporáneas del territorio de batallas y sacrificios inmemoriales encarnadas en la figura del cacique Tumbalá, señor de la isla Puná, cuyo busto mira a la lejanía en el parque central de la parroquia, tienen que ver ahora con el desarrollo de una población que había permanecido anclada al siglo XX. Un hospital, alcantarillado y relleno sanitario están entre sus necesidades.

La parroquia rural de Guayaquil inauguró la semana pasada una planta desalinizadora para agua potable, construida con una inversión de USD 4,7 millones, que beneficiará en un inicio a 5 000 habitantes -la población de la cabecera- y de los recintos aledaños es de 7 000 personas.

A Puná se sigue llegando solo por vía fluvial y así llegaba desde Guayaquil -entre una y dos horas de viaje en lancha- el agua para beber, en bidones que se adquirían en USD 2,75. El líquido para otras actividades cotidianas se obtenía de dos pozos superficiales y pozos artesanales, pero no era apto para el consumo humano.

La alcaldesa guayaquileña, Cynthia Viteri, inauguró la planta junto al exalcalde Jaime Nebot, en cuyo periodo se inició la construcción de la obra. Viteri afirmó que la planta es de ósmosis inversa que convierte el agua salobre en potable.

Se estima que un 80% de las familias de la cabecera parroquial se dedica a la pesca y a la captura de cangrejos. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

Se estima que un 80% de las familias de la cabecera parroquial se dedica a la pesca y a la captura de cangrejos. Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

La planta consta de un pozo profundo con capacidad para generar 60 litros por segundo. La primera etapa tendrá una producción de 1 000 metros cúbicos al día; la segunda llegará a 1 500 m3. “Con la segunda etapa Puna pasará de ocho horas de agua al día a 24 horas con el servicio”.

María González, habitante de la cabecera parroquial, dijo que el agua potable era un viejo anhelo y agradeció que ahora tendrá el servicio de forma eficiente en su casa. “Antes el agua era mala, los niños se enfermaban, ahora se la puede tomar directamente de la llave”.

El Municipio busca convertir a la isla en un símbolo de protección y mejora del medio ambiente. “Ya empezamos los estudios para poner en Puná no solamente el sistema de recolección de basura, sino el tratamiento, disposición final y la generación de energía (con los desechos)”, dijo Viteri.

El Cabildo anunció que está contratada la primera lancha ambulancia de las dos que tendrá la isla, la otra será gestionada por el Cuerpo de Bomberos.

También está en proceso de contratación del techado para la cancha deportiva y el próximo año se construirá el Hospital del Día. “Estuvimos muchos años en el abandonado, desde hace cinco empezamos a luchar por las obras. Tenemos un subcentro de salud, pero lo más urgente ahora es la lancha ambulancia y el hospital ”, dice Mendoza, presidente del GAD Parroquial.

El alcantarillado y el relleno sanitario siguen en el orden de las prioridades. En el antiguo pueblo de los Punáes hay mucho por hacer.

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