28 de marzo de 2018 00:00

Una ‘fractura’ en el campo magnético preocupa a los científicos

La Anomalía del Atlántico Sur sería una manifestación  del debilitamiento del  campo ­magnético terrestre, un hecho cuyos orígenes datan de hace 160 años. Foto: Cortesía ESA y NASA

La Anomalía del Atlántico Sur sería una manifestación del debilitamiento del campo ­magnético terrestre, un hecho cuyos orígenes datan de hace 160 años. Foto: Cortesía ESA y NASA

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Diego Ortiz
Coordinador (I)
ortizd@elcomercio.com

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En las últimas semanas, los cambios a nivel del campo magnético de la Tierra se han convertido en un fenómeno preocupante para los científicos.

La denominada Anomalía del Atlántico Sur, que se extiende desde Sudamérica hasta una porción de África, se ha ampliado considerablemente y debilitado en esta porción del planeta el campo magnético que nos rodea.

Como consecuencia, en esta zona se ha convertido un problema el tránsito de satélites y otro equipo especializado de mediciones, ya que esta “fractura” permite que los rayos cósmicos interactúen con mayor facilidad con estos artefactos.

Al igual que la capa de ozono protege los gases que permiten la vida en el planeta, el campo magnético es una suerte de escudo protector que distribuye los rayos cósmicos alrededor del planeta, sin permitir que estos ingresen directamente a la Tierra sino que la rodeen y sigan su camino.

Sin esta protección extra, los rayos cósmicos, que se generan como producto de las tormentas solares, entran al planeta y pueden interactuar con todo tipo de células y con toda clase de aparatos.

Por ejemplo, en el 2016, el satélite Hitomi, desarrollado en Japón para realizar fotografías espaciales mediante rayos X, sufrió una avería en el momento en que cruzó alrededor de la zona de la anomalía.

En un reciente estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters, un grupo de investigadores liderados por Vicent Hare, de la Universidad de Rochester (EE.UU.), explica que la Anomalía del Atlántico Sur respondería a un solo fenómeno: el cambio de los polos magnéticos del planeta.

Hare señala que llegaron a esta conclusión luego de analizar los datos arqueológicos obtenidos de artefactos de los antiguos agricultores de Sudáfrica, Zimbabue y Botsuana, de hace más de 40 000 años, quienes tenían la costumbre de quemar porciones de sus cosechas, casas y algunas de sus herramientas cuando la sequía era demasiado fuerte, en una suerte de acto ritual.

En estas quemas, la arcilla, que era la base de algunos de sus artefactos, interactuaba con otros minerales al llegar a altas temperaturas. Al estabilizarse nuevamente y enfriarse, los minerales se alineaban con los polos magnéticos de la Tierra.

Hare señala que en este proceso de enfriamiento se pudo notar que los materiales tenían una alineación diferente a la de los actuales polos magnéticos, por lo cual es el primer registro de este tipo que demuestra que en la Edad de Hierro hubo un cambio en los polos magnéticos de la Tierra.

En ese sentido, la Anomalía del Atlántico Sur es tan solo una manifestación real de que este proceso está nuevamente iniciándose, lo que implica que en los próximos siglos esta fractura magnética podría agrandarse.

Los científicos añaden que, de hecho, en un momento el campo magnético podría llegar a un punto cero, cuando los polos nuevamente se estabilicen. Y la preocupación frente a ello es saber cómo la instrumentación terrestre y los seres vivos del planeta reaccionarán a los rayos cósmicos.

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