15 de octubre de 2018 00:00

Unas 20 familias han nacido de la unión de tsáchilas y chachis

En la comuna Chachi, los habitantes deben comprar agua y almacenarla en tanques. Foto: Diana Delgado para EL COMERCIO.

En la comuna Chachi, los habitantes deben comprar agua y almacenarla en tanques. Foto: Diana Delgado para EL COMERCIO.

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María Victoria Espinosa
Redactora
(F - Contenido Intercultural)

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Los tsáchilas y los chachis, radicados en Santo Domingo, se han relacionado laboral y familiarmente.

En los últimos 30 años, al menos 20 familias se han conformado de uniones entre tsáchilas y chachis. En estas se hablan tres idiomas: español, chapa’la y tsa’fiki. Unos viven en las comunas indígenas y otros optaron por radicarse en el centro de la ciudad.

La tsáchila Ana Calazacón y el chachi Nicolás Añapa fueron los primeros en casarse. Por más de 10 años vivieron en el centro. Pero al instalarse una comuna chachi en territorio tsáchila decidieron regresar y educar a sus ocho hijos en ese ambiente de tradiciones. Aunque no ha sido fácil porque este asentamiento no cuenta con los servicios básicos.

Con los ahorros, adquirieron un lote en USD 700 en la comuna y empezaron a construir una casa. Pero el dinero se acabó y no pudieron hacer la puerta, instalar un baño, ni colocar las ventanas.

En esa comuna hay al menos unas 30 familias, de las cuales el 60% comparte un baño improvisado con plástico.

Calazacón afirma que junto a la directiva de la comuna buscan que las autoridades intervengan el lugar.  Pero la Prefectura y el Municipio de Santo Domingo sostienen que se han llevado a esa comuna brigadas de salud, se han realizado talleres, se ha dotado de tanqueros, entre otros.

Calazacón señala que de no mejorar la situación deberán buscar un lugar apto para sus cinco hijos. “Ojalá las nuevas administraciones que se van a elegir nos ayuden y sí darle estabilidad a nuestra familia”.

La familia Añapa Calazacón vive entre las tradiciones y costumbres chachi y tsáchila por más de 20 años. Foto: Diana Delgado para EL COMERCIO.

La familia Añapa Calazacón vive entre las tradiciones y costumbres chachi y tsáchila por más de 20 años. Foto: Diana Delgado para EL COMERCIO.


Esta pareja se conoció en la comuna El Cóngoma hace 30 años aproximadamente.  Añapa dejó su natal Esmeraldas cuando aún era un niño. Junto a su familia se radicó en la comuna El Cóngoma. A los 17 años conoció a Calazacón y a los pocos meses se casaron.

Según la Gobernación Tsáchila, en el estatuto no se prohíbe el matrimonio entre indígenas de distintas etnias. La única prohibición es en contra del matrimonio con mestizos, que puede causar hasta expulsión de la comuna.

Sin embargo, cuando un tsáchila se casa con un indígena deberá presentarse ante el Consejo de Ancianos Tsáchilas para validar la unión. Pero de las 20 parejas solo dos lo han hecho. El resto ha preferido salir de las comunas o vivir en territorio chachi.

Ese es el caso de Norma Aguavil y José Pichota. Ellos viven en el centro de Santo Domingo. Pero viajan a Esmeraldas constantemente para que sus dos hijos aprendan las costumbres chachis.

Ellos tuvieron dos matrimonios. Uno durante la fiesta Kasama, la más tradicional de los tsáchilas, y otro el 24 de diciembre, que es la única fecha en la que los chachis pueden contraer nupcias.

En este hogar se comparten las tradiciones ancestrales de sus pueblos nativos como tejer canastos de paja toquilla y asistir donde el chamán tsáchila para que cure las enfermedades

Aguavil asegura que al principio, hace 10 años, no fue fácil adaptarse a las costumbres de su esposo. “En las comidas utilizan el zapallo y esa fruta no se da en tierra tsáchila. Pero hemos buscado un equilibrio”.

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