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Sebastián Cordero: ‘hay que sacarle el jugo a lo malo minimizándolo’

El director de cine, Sebastián Cordero, en su casa en Tumbaco.  Foto: Galo Paguay/EL COMERCIO

El director de cine, Sebastián Cordero, en su casa en Tumbaco. Foto: Galo Paguay/EL COMERCIO

El director de cine, Sebastián Cordero, en su casa en Tumbaco. Foto: Galo Paguay/EL COMERCIO

Sebastián Cordero está de vuelta, esta vez como coproductor de Sumergible, del director Alfredo León León, una historia de cuatro narcos en un submarino que sufre un desperfecto. Lo marginal lo seduce, tal como ocurrió cuando hizo ‘Ratas, ratones, rateros’, la mayor película del cine ecuatoriano, aunque sea un mundo ajeno al suyo.*

“Es gracioso porque soy una persona como cinéfilo y otra cuando soy cineasta. Como cinéfilo, veo películas de géneros distintos; como cineasta, me concentro en algo que no es una decisión consciente porque quiero explorar diversos caminos. Me interesa la transgresión, los personajes oscuros, supongo que hay un tema de sacarse los monstruos que uno tiene”.

Y ser monstruosos para otros. Se podría decir que son estereotipos y ser objeto de condena.

Es un mundo extraño el que vivimos. Cambiaron las formas de comunicarse y las redes, el algoritmo… Es bien ‘heavy’. Creo que nos afecta 100 mil veces más de lo que cualquiera hubiera anticipado en cuanto a comportamiento, a actitud de colmena, a la pérdida del pensamiento individual. A veces genera respuestas muy destructivas. Es algo muy rayado, pero es el mundo en el que estamos. Es muy fácil que una vida y una carrera se destrocen y eso asusta.

¿Te ha frenado?

Hasta ahora no, afortunadamente. No he estado en una situación de decirme que no puedo tocar un tema. Pero igual, uno también se frena antes de acercarse a ciertos temas. No tengo conciencia de algo concreto sobre eso, pero sí sientes que algunos temas pueden ser delicados. Hacer cine o escribir una novela es hacerse un espacio para profundizar los conflictos.

Hay una palabra perpetua en los cineastas: ‘proyecto’; y muchas veces solo queda en eso…

Los proyectos son como los sueños. En la cabeza sabes que algún día quisieras que se materialice en una película. Pasan los años y, por el hecho de que no son fáciles de levantar, muchos se quedan en el archivo de proyectos. Y hay algunos que yo sé que se harán y otros que no. Uno vive con el sueño de esas películas futuras. Sería interesante hacer un documental de guiones no producidos, de cosas que no lograron ver la luz.

Al ser una industria, con tanta inversión, la película tiene que salir sí o sí, no es como la literatura, por ejemplo, que puedes tirar el borrador al basurero…

Uno como cineasta tiene una responsabilidad con la película, con la gente involucrada, los inversionistas, con todo el esquema gigante. Y la tienes que acompañar hasta el final y hacer la mejor versión posible. Y te das cuenta de repente que debes hacer cambios por razones logísticas, prácticas y de presupuesto. Hasta hay cosas que pasan que están más allá de cualquier presupuesto. Un actor se peleó con su pareja y lo echaron de la casa y no estaba en la onda necesaria para la escena que querías filmar. Y lo que toca es buscar la solución.

¿Y entonces?

Son días durísimos. Rodar 45 días es correr una maratón. No todos los días serán buenos. Habrá cinco días increíbles, unos cinco horribles. Es así. Hay que sacarle el jugo…

¿Cómo se saca el jugo a lo malo?

Minimizándolo, buscar la manera de destilar la esencia. Generalmente lo malo no es malo de gratis. Suena simplista, pero si algo no está funcionando es porque hay algún elemento que no calza y muchas veces no nos damos cuenta. Son cosas en las que vienes trabajando mucho tiempo; en el papel funcionaban y de repente algo no calza.

Vives en un lugar alejado. ¿Está bueno recluirse para crear?

Para crear necesitas rutinas. Si aislarte te lo permite, increíble, pero a veces distrae. Me pasó al comenzar el encierro por la pandemia. No hice nada por la angustia de lo que estaba pasando, pero sobre todo por el exceso de tiempo. Normalmente empiezo a las 07:00 mi jornada de escritura y termino a las 11:00. Pero me dije: ¿por qué tengo que escribir a las 07:00? Más bien comienzo a las 14:00. Soy dueño de mi tiempo, pero cuando se te cambia el chip mental, pierdes la rutina, dejas de hacer. Pasaron cuatro meses y me pregunté qué pasó, si estuve en la casa, debí ser hiperproductivo. No tuve distracciones, ni una sola reunión, no he pasado en huevadas e igual pierdo el tiempo. Recién en octubre agarré ritmo nuevamente, pero en cosas que no son visibles porque era la escritura o la edición.

Un oficinista de la escritura como Vargas Llosa

Es lo más eficiente. Me pasa que logro esa rutina cuando me meto en un proyecto -¡otra vez esa palabra!-un buen rato. Hay un punto donde generalmente es el momento más productivo y es porque mantengo la rutina. Al terminar el proyecto, siempre digo voy a continuar así para el próximo proyecto y no siempre funciona.

Es disciplina, una palabra que suele caer muy mal…

Es que las cosas no salen si no las trabajas. Creo que un buen trabajo sí se hace con la labor de hormiga, día a día, ir puliendo. Muchas veces te puedes pasar años dando vuelta a una situación, a unos personajes que están madurando. Me ha pasado que hay proyectos que he demorado muchos años y otros que han surgido rápidamente, como Rabia, un libro que me propusieron adaptar. Y es uno de los proyectos que me ha acompañado más tiempo porque luego hice una versión teatral. Es un misterio porque no siento que fue la vocación de mi vida.

¿Sientes que, cuando hay una buena película, se genera algo como un orgullo nacional?

Sí y es complejo porque no lo controlas en absoluto. Lo que pasó con ‘Ratas’ es que se volvió un emblema y la gente se identificó. Eran tiempos en que comenzaba el ‘sí se puede’. Creo que si me pusiera a hacer una película pensando en que quiero lograr eso, me muero. Puedo controlar que una película sea sólida, que no decepcione, trabajar en las actuaciones, sorprender al público, pero de ahí a que se identifiquen, no tengo idea.

TRAYECTORIA

En 1999 dio un vuelco al cine con el estreno de ‘Ratas, ratones, rateros’. Desde entonces, se convirtió en el mayor referente de la filmografía ecuatoriana. En los cines se exhibe la película ‘Sumergible’, dirigida por Alfredo León León y de la cual él es coproductor.

*Esta entrevista se publicó originalmente el miércoles 24 de marzo del 2021 en la edición impresa de EL COMERCIO.