10 de noviembre de 2018 00:00

Haruki Murakami: ‘Soy fan de la literatura de Gabriel García Márquez’

Estudió literatura y teatro griegos en la Universidad de Waseda. Entre las distinciones más importantes que ha recibido están el Franz Kafka y el Jerusalem. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

Estudió literatura y teatro griegos en la Universidad de Waseda. Entre las distinciones más importantes que ha recibido están el Franz Kafka y el Jerusalem. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO.

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

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La charla con Haruki Murakami ocurre en un pequeño salón del segundo piso del hotel Plaza Grande de Quito, la primera ciudad que el escritor japonés, de 69 años, visita en Sudamérica. Es jueves (8 de noviembre del 2018), 17:15 y afuera el cielo encapotado anuncia la llegada de la lluvia. Él, cuerpo menudo y cabello al ras salpicado de canas, viste ligero.

El tiempo pactado para la charla con este Diario es de 15 minutos, poco si se piensa en todo lo que se podría conversar con uno de los escritores más leídos del mundo, o un lujo si se recuerda que el autor de ‘Tokio Blues’ ha sido siempre esquivo con la prensa. En esta carrera contra el tiempo, él, que ama las maratones, suelta algunas ideas y reflexiones sobre su nuevo libro, su gusto por la novela y la importancia que tiene la libertad en la vida de un creador.

En su nuevo libro, titulado ‘La muerte del comendador’, da la sensación de que su literatura se reconcilia con la cultura tradicional de Japón, ¿usted lo mira de esta manera?

Mi nueva novela es una obra bastante larga. Tiene muchos elementos y la cultura tradicional japonesa es solo uno de ellos. Ahí también aparecen alusiones a la cultura popular, a escritores como Raymond Chandler o a la música de Mozart.

¿Por qué la música sigue ocupando un papel protagónico en su literatura, en este caso a través de la ópera Don Giovanni de Mozart?

La música siempre ha sido muy importante en mi vida, la música es primer amor. La literatura es el segundo. Amo la música desde que soy un adolescente. Fui el propietario de un club de jazz. Nunca pensé en ser escritor pero a los 29 años, de pronto, decidí cerrar el bar y dedicarme a la literatura.

¿Qué es lo que siempre lo hace volver a motivos literarios como la muerte, la soledad o la pérdida?

Tengo una ventana a través de la cual miro el mundo. Para verlo utilizo siempre el mismo marco y la misma ventana, es por eso que estos motivos se repiten en todos mis libros. Jorge Luis Borges dijo que hay cinco o seis cosas sobre las que podemos escribir en la vida y que por lo general estas se van repitiendo en el trabajo de un escritor.

En esta novela también persiste la presencia de personajes que evocan mucho y de los que se sabe poco. ¿Por qué el pasado tiene tanto peso en la vida de sus personajes?

El pasado no solamente es importante, sino esencial. Muchas veces la personalidad de la gente está marcada por el pasado. Nosotros siempre estamos heredando memorias y recuerdos de nuestros antepasados. Esas memorias y esos recuerdos son muy importantes porque forman parte de las historias. Son una herencia y escribir sobre ellas es una obligación.

Otra de las cosas que persisten en su vida es su gusto por correr


Bueno eso es simple de responder porque necesitamos estar fuertes físicamente para poder escribir. Esa es la razón que me lleva a seguir corriendo.

¿Por qué seguir apostando por textos de largo aliento como las novelas en un mundo que está lleno de lecturas y escrituras fragmentadas?

Escribo novelas porque en ellas se puede ver el valor de las historias. Las novelas son el arte de contar estas historias, como lo hicieron nuestros antepasados 10 000 años atrás narrando su vida dentro de las cuevas. Volvamos por un momento a esta imagen de hace 10 000 años atrás, de estas personas narrando historias dentro de cuevas. Seguramente tienen temor de lo que ocurre afuera, de la oscuridad o de los animales salvajes, pero adentro de la cueva hay una persona que está cautivando y motivando a otros a través de sus historias. Algunas de esas personas creen que son simplemente historias pero hay otras que lo escuchan con muchísimo interés. Lo mismo ocurre hoy. Hay gente que no necesita leer novelas pero hay otras que sí necesita mucho leerlas, por eso hay que seguir contando historias.

¿Por qué en un mundo donde los valores parecen que importan poco, usted ha embanderado a la libertad como una de las cosas más importantes en la vida de un creador?

Los escritores tenemos que estar libres de todo. Necesitamos la libertad tanto como necesitamos del aire fresco. Si no tenemos libertad no tenemos nada. Cuando era joven los críticos literarios del Japón me criticaron de forma severa porque mi escritura era distinta a la de los otros autores. Después de eso me sentí tan sofocado que decidí salir al exterior para poder sentirme libre.

En ‘Tokio Blues’, uno de los personajes lanza esta famosa frase que dice: “si leyera lo mismo que los demás, acabaría pensando como ellos”. ¿Qué está leyendo por estos días y cómo le ha ido con la lectura de escritores latinoamericanos?


Actualmente estoy leyendo ‘Nuestro amigo en común’ de Charles Dickens. Soy fanático del escritor colombiano Gabriel García Márquez, de Manuel Puig y por supuesto de Jorge Luis Borges. Durante mi adolescencia los autores latinoamericanos me llenaron de esperanza.

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