27 de August de 2011 00:01

Cerro de Cuentos recobró por una semana la tradición oral

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La ciudad escucha los susurros del campo. Esos susurros hablan de naturaleza. De amores. De tristezas. De fantasmas, aparecidos, pactos con el diablo. De ríos y comida. El campo susurra fino en la ciudad.

Del Litoral vienen muchos de los habitantes de Guayaquil. Y aquí echaron raíces y tuvieron hijos y nietos. El Puerto está lleno de manabitas, esmeraldeños, dauleños, orenses, vinceños, fluminenses y la lista sigue de largo, es casi interminable.

Esta herencia, estos relatos, estas memorias y tradiciones son mostradas en Cerro de Cuentos, un encuentro que se realiza por 8ª ocasión en Guayaquil, organizado por la Corporación Cultural Imaginario.

Este año, el Cerro de Cuentos brinda un homenaje a la tradición oral de la provincia de Los Ríos. Así, se trajo para este año a cuenteros fluminenses. Una de ellos es Catita Coque.

Ella es una mujer mayor, que ronda los 70 años. Cuenta amorfinos, versos, historias.... Comenzó a hacerlo a los 8 años, escuchando a su padre. “Canto los cuentos de nuestros padres, de nuestros abuelos. De allí vienen. Algún día, cuando ya no esté, espero que alguno de mis hijos o nietos siga haciéndolo”.

Cerro de Cuentos, que empezó el domingo 20 de agosto con una comparsa, hará lo mismo mañana para su clausura. Se arman grupos que recorren los callejones del Cerro Santa Ana, que se detienen en las estaciones donde los cuenteros narran sus historias. Este año, además de los narradores fluminenses, se invitó a cuenteros de Argentina, Colombia, Cuba y España.

Primo Rojas, colombiano, es uno de los invitados. Formado en el teatro, hace 25 años recurrió a las técnicas actorales para irse metiendo en el mundo de la narración oral. Su historia, ‘Las botas del tío Manuel’, habla de la gente que emigra del campo a la ciudad y que se olvida de sus raíces.

Rojas se basó en una experiencia personal, ya que su familia era de la región de Santander, pero se instaló en la capital colombiana, Bogotá. En su historia, tres muchachas llegan a la ciudad y deciden ocultar su origen campesino.

Yo creo, dice Rojas, que la gente piensa que los campesinos viven una vida primitiva. “Esa vida rústica, sencilla, se ve como un defecto en un mundo moderno vinculado a la tecnología, a lo urbano. Cuando es en esa vida en que se aprende paciencia, valor, disciplina; respeto por la naturaleza”.

Entre los narradores nacionales participan Raymundo Zambrano, Henry Layana, Silverio Vite, Hugo Jiménez. Entre los invitados internacionales están Mayerlis Beltrán y Fernando Cárdenas (Colombia), Claudio Ferraro (Argentina), Arnau Vilardebò (España) y Aldo Méndez (Cuba). Todos ellos tienen en la palabra su materia prima; son una especie de resucitadores de los orígenes orales de la literatura...

“Nosotros trabajamos en este proyecto por ocho meses. No es solo traer a los narradores. Es encontrarlos. Es ir y entrar a su mundo, convencerlos de que vengan. Todo eso se graba, y ese video también se presenta”, explica Ángela Arboleda, mentalizadora del proyecto Cerro de Cuentos. En años anteriores se han hecho homenajes a la narrativa de Salitre, Manabí, Esmeraldas...

Aldo Méndez, narrador cubano, tiene 16 años trabajando en la narración oral. Los últimos cinco se ha dedicado a investigar los orígenes comunes que tienen los cuentos en diferentes partes del mundo. Su conclusión: los hombres hablamos de lo mismo, no importa la nacionalidad.

“Los hombres y las mujeres tenemos las mismas preocupaciones existenciales. Puedes verlo en los cuentos rusos, en los cuentos populares chinos, en la cultura hindú, en el caribe colombiano, etc. En nuestros países, lo más rico es que todo puede ser verdad”.

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