17 de August de 2011 10:26

Cerró la cafetería Richmond, refugio literario de Jorge Luis Borges

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Los sillones de estilo inglés de la cafetería Richmond de Buenos Aires albergaron a intelectuales, artistas y escritores argentinos, entre ellos Jorge Luis Borges, pero ahora el histórico recinto es una cáscara vacía, sin vida, ni voces, ni muebles.

La legendaria 'confitería', como le dicen en Argentina, cerró sus puertas abruptamente en la peatonal Florida en el microcentro de la capital argentina, entre gallos y medianoches, para dejar lugar a un local de ropa deportiva de una compañía estadounidense ramificada en todo el mundo.

En los años 1920, Borges era un poeta y ensayista de 25 años cuando se reunía con escribas de su grupo literario en la Richmond, donde cada día a las siete de la tarde y antes de la tertulia, cumplían con un rito.

De pie, alrededor de una mesa, entonaban 'La donna è móbile' que Giuseppe Verdi compuso para su ópera Rigoletto, pero reemplazaban la letra original por un himno propio.

"Un automóvile, dos automóviles, tres automóviles, cuatro automóviles. Cinco automóviles, seis automóviles, siete automóviles, un autobús!", Cantaban risueños.

Años más tarde, en su novela Rayuela, el escritor argentino Julio Cortázar ubicó a uno de sus célebres personajes 'cronopios', tomando un café en la tradicional confitería.

"Mientras toma café en el Richmond de Florida, moja el cronopio una tostada con sus lágrimas naturales", relata el autor que vivió entre Buenos Aires y París.

Incluida entre 54 cafés notables de Buenos Aires, es decir con valor patrimonial propio, la Richmond fue ocupada el martes por sus camareros y empleados, la mayoría con más de 30 años de antiguedad en la firma, que quedaron en la calle y reclaman el pago de salarios caídos e indemnizaciones.

Las cadenas y el candado doble que los dueños dejaron la madrugada del domingo para sellar las puertas de vidrio, pintadas de blanco para ocultar el interior, fueron rotas por sindicalistas gastronómicos que ingresaron al local.

"Hace 40 años que trabajo acá, me he encontrado con un despojo total. Se han llevado todo. Nos retiramos el sábado a las ocho de la noche con todo en el lugar y el domingo ya no quedaba nada", se lamentó el mesero Luis Ángel.

No hubo aviso de cierre para él y los otros 13 empleados que quedaban en la cafetería, que llegó a emplear a 40 meseros en sus épocas de gloria, pero las versiones sobre su supuesta venta para abrir un meganegocio de artículos deportivos habían sembrado la alerta.

Ícono e historia viva en el microcentro de Buenos Aires 

"Esto es un ícono cargado de tradiciones y costumbres. Aquí se sentaron Borges, Leopoldo Marechal, Leopoldo Lugones, hay mucha historia en sus mesas y es un lugar de encuentro de porteños", advirtió a la AFP Mónica Capurro, secretaria general de la Comisión de Preservación de Patrimonio.

Capurro fue una de las impulsoras de un abrazo simbólico a la cafetería realizado la semana pasada bajo la consigna "No al cierre de la Richmond", pero que no logró frenar la avanzada.

La Legislatura (parlamento comunal) la declaró patrimonio histórico, obligando a preservar su fachada y el edificio en general, pero no a conservarlo como lo que fue.

"La Richmond era mi refugio en pleno centro de Buenos Aires. Para mí, era entrar en un lugar mágico a la salida de la oficina en medio del caos de gente, era como ingresar en una película del pasado", dijo a la AFP Hebe Piano, de 55 años.

Piano no podrá más hacer sus paradas reparadoras en este tradicional salón de té, café y pastelería, genéro que se conoce en Argentina como 'la confitería'.

El salón señorial inaugurado en 1917 y diseñado por el arquitecto belga Jules Dormal, creador también del célebre Teatro Colón de Buenos Aires, fue vaciado por los dueños el domingo en medio de la oscuridad de la noche.

No están más los grandes sillones estilo Chesterfield, las mesas de mármol, los billares ni las mesas de ajedrez del subsuelo: todo desapareció en la madrugada del domingo en varios camiones de mudanza, contó el encargado de un edificio vecino.

Sólo quedó colgando una antigua araña en este bar de la calle Florida, hoy peatonal y una de las más comerciales y turísticas de la Capital, que supo cobijar también a escritores e intelectuales como Oliverio Girondo, Conrado Nalé Roxlo, Horacio Quiroga, Eduardo Mallea y Raúl Scalabrini Ortiz.

Integrantes de la revista cultural Martín Fierro (1924-27) , entre ellos Borges, fueron conocidos como Grupo Florida, porque la redacción funcionaba en una oficina en esa misma calle y a 150 metros del bar que los convocaba.

El Grupo Florida, con la mirada hacia Europa, mantuvo una histórica polémica sobre arte y literatura con el llamado Grupo Boedo, que se reunía en el barrio homónimo, y más identificado con la realidad social argentina y las luchas obreras.

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