Camilo Luzuriaga: ‘El superhéroe revive al niño en el espectador’

Camilo Luzuriaga, cineasta. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Camilo Luzuriaga es uno de los directores de referencia en el cine ecuatoriano. Sus películas fueron las más taquilleras de la década de los años 90. Desde el 2005 está dedicado a la docencia en el Incine, un espacio ubicado en el corazón del barrio La Floresta, en donde tuvo lugar esta conversación.

¿Qué tal la experiencia de dar clases a mileniales?

Para mí ha sido una experiencia altamente educativa. He aprendido un montón. Soy profesor desde los años 80. Comencé en la Facultad de Artes de la Universidad Central, luego di clases en la Universidad de Cuenca y en la Universidad Católica. Mi experiencia como profesor en el Incine me ha permitido darme cuenta de que las dificultades que enfrentan los estudiantes son las mías y por derivación las del conjunto del movimiento cinematográfico ecuatoriano.

¿Cuál es la diferencia entre los estudiantes de los años 80 y los de las últimas dos décadas?

Reconozco una cierta tendencia en los estudiantes, sobre todo, entre el 2005 y el 2021 a otro tipo de actividad, más introspectiva. Esta tendencia al aislamiento se traduce en una dificultad para el trabajo colaborativo.

¿Los estudiantes de los años 80 y 90 eran más militantes?

En la Central, mis estudiantes más bien siempre estuvieron vinculados al mundo del arte y no a la militancia. La militancia estaba en un grupo reducido de personas, la mayoría eran estudiantes de sociología. Los que paraban la universidad eran un grupúsculo. La inmensa mayoría quería y hacía otras cosas. Ahora, siempre tuvieron interés por la sociedad, la ecología, los derechos o temas de género. Lo de la militancia fue en los 70.

En los años en que usted estaba dedicado al teatro popular.

Sí, eso fue en los años 70, mientras estudiaba ingeniería química en la Politécnica Nacional. Entré al grupo de teatro Ollantay, que era parte de la extensión politécnica. Gracias a ese grupo recorrí el país entero. Lo conocí desde una mirada diferente, porque nuestras presentaciones eran en sectores populares, barrios, comunidades y sindicatos. Desde el Sindicato de Choferes de Santo Domingo de los Colorados, hasta el Sindicato de Ferrocarrileros de Guayaquil.

Volviendo al tema de la educación, ¿algún profesor memorable?

Definitivamente el que me marcó fue Hernán Rodríguez Castelo, que fue mi profesor de literatura en el colegio. Él, me introdujo al mundo de la lectura. Mi familia es de origen rural y en casa no se leía. Para mí, lo más importante fue el cine club que tenía en el San Gabriel. Realizaba proyecciones de unas películas brutales y de vanguardia, de la nueva ola francesa, del neorrealismo italiano, y del realismo ruso e inglés. Esa experiencia quedó palpitando en mí.

¿Este filón literario es lo que lo impulsó a adaptar ‘Entre Marx y una mujer desnuda’?

Definitivamente sí. Siempre he leído literatura ecuatoriana con una mirada de posible adaptación. Cuando leo también me intereso por entender cómo los literatos están construyendo la ficción y comparo sus problemas con los de los cineastas, en relación a la construcción de la ficción. Ahí percibo que los literatos ecuatorianos están más adelantados que los cineastas. Una de las razones es porque empezaron mucho antes.

¿Jorge Enrique Adoum le dio libertad para escribir el guion?

Era parte del acuerdo al que llegamos y eso me pareció algo sano. Hay que acordarse que Jorge Enrique (Adoum) fue crítico de cine cuando vivió en Chile, además era un cinéfilo a rabiar. Fue la primera persona que vio la película en el país. Armamos una proyección en la sala de ensayos del Teatro Bolívar. La película la vimos en absoluto silencio. Al final nos levantamos, él se acercó y me dio un abrazo. La verdad contuvimos las lágrimas para no llorar.

En el cortometraje ‘Chacón Maravilla’ trabajó con niños. ¿Cómo fue esa experiencia?

Trabajar con niños es muy difícil. A los estudiantes siempre les recomendamos que en sus primeros cortometrajes eviten trabajar con niños y animales. Creo que lo hice por el atrevimiento de los años de juventud y porque no sabíamos a lo que nos metíamos. Creo que tuvimos suerte.

Ahora hay un ‘boom’ del cine infantil, pero en el país sigue en los márgenes, ¿por qué?

Creo que eso tiene sentido. No sé si es algo intuitivo o porque lo hemos estudiado pero para trabajar con niños hay que ser un director experimentado. Si te fijas las películas infantiles que están triunfando no son hechas por principiantes sino por directores sesentones o más.

¿Aceptaría dirigir una película de superhéroes?

Claro que aceptaría, creo que los superhéroes han sido muy maltratados por la crítica. Claro que hay películas de superhéroes que son planas y otras que tienen una potencia increíble. Lo mismo pasa con el cine de terror y hasta con el cine ensayo. No podemos dividir los géneros cinematográficos en buenos y malos, porque es un tema de gustos. Finalmente el de superhéroes es un cine para niños.

¿Pero es consumido hasta el empacho por los adultos?

Porque de alguna forma el ser humano sigue siendo niño hasta la vejez. El superhéroe revive en el espectador ese niño que tiene adentro. Me pregunto qué puede ver de improductivo en eso, para mí nada.

¿Cuál es el ideal de los estudiantes de cine ahora?, ¿la meta sigue siendo llegar a Hollywood?

La idea de llegar a Hollywood es algo que se ha disuelto muchísimo. Era un mito en las primeras promociones del Incine. Para las nuevas generaciones, el cine está en otras partes, como en esas pequeñas pastillas que comparten por Tik Tok, WhatsApp, Facebook, Instagram o YouTube. Ya no están en la búsqueda de una obra prolongada, en la sala de cine, o en las series de televisión, sino en estas producciones que ven de forma incesantemente en redes sociales.

Trayectoria

Entre sus cintas destaca ‘Chacón Maravilla’, ‘La Tigra’, su primer largometraje, y ‘Entre Marx y una mujer desnuda’. Desde los años 80 se ha desempeñado como docente universitario. Tiene un doctorado en Literatura. Actualmente es director del Incine.