10 de marzo de 2019 00:40

Azuay: 70 familias cuidan un bosque

La cima más alta de la zona está ubicada a 3 900 metros sobre el nivel del mar

La cima más alta de la zona está ubicada a 3 900 metros sobre el nivel del mar. Foto: Xavier Caivinagua para El Comercio

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Lineida Castillo
Redactora. 
(F-Contenido intercultural)

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A 10 minutos al oeste de Cuenca está la parroquia Sayausí. La zona colinda con el Parque Nacional Cajas y está rodeada de montañas e invadida de árboles. Está rodeada por los cerros Chocar, Curiquingue, Pirincajas, Culebrillas, Minas y Cabogana.

Más de 350 hectáreas de bosque nativo de los tres últimos cerros son cuidadas por 70 familias que están vinculadas al turismo comunitario o que se benefician de los cinco proyectos de agua potable y de riego que captan las aguas de los ríos Culebrillas y Saracanchi, que nacen en este territorio.

Es una cuenca hídrica importante. Solo el proyecto de agua potable Culebrillas de la Empresa Municipal Etapa capta 150 litros por segundo. Con ese caudal se atiende a 14 barrios con 13 000 habitantes.

Para ingresar al bosque se avanza en vehículo por un camino empedrado de herradura -construido por sus habitantes a punta de picos y palas- hace más de 90 años. Se llega hasta el sector de Shapucay.

En ese trayecto se atraviesa por un pajonal verde donde se observa el ganado. En este punto están los tanques de agua potable de Etapa y allí empieza la caminata en ascenso por las rutas del Arriero, Río Saracanchi, Carcabón y Cabogana, que están conectadas entre sí y señalizadas por los mismos habitantes.

Los senderos se bifurcan y por la composición del suelo son poco transitados. Los abuelos del azuayo Johnny Peñaloza le contaron que este bosque era una zona remota y que el camino era utilizado por los contrabandistas.

Él conoce cada atajo y mientras avanza sigue su relato: “mi abuelo decía que este bosque era rico. Algunos cazaban venados y conejos y pescaban truchas en la quebrada. Era fácil conseguir alimento”.

Además, la gente sacaba madera y no había ley que protegiera el bosque ni conciencia de que cortar los árboles era malo, cuenta Peñaloza. Pero hace 60 años surgió el primer grupo de habitantes empeñados en proteger la zona.

Su esfuerzo sirvió porque, aunque se cortaron árboles maderables y se extendió la frontera agrícola, se conserva una parte importante del bosque, dice Blanca Quichimbo, quien participa activamente en la conservación.

En la parte baja están los huertos y en la media y alta el bosque comunal. Las familias participan cada mes en mingas de limpieza de los senderos y de las captaciones del agua. También han realizado campañas de reforestación.

Hace seis meses, las 25 familias socias del proyecto de Turismo Comunitario colocaron 10 rótulos informativos sobre la importancia de cuidar el área. Ellos usan los senderos para los recorridos turísticos.

“Para nosotros el bosque también en una fuente de ingresos y estamos convencidos de que si anhelamos una vida sana para el futuro debemos cuidar este territorio”, dice Mesías Morocho, socio de esta asociación.

En una hora de caminata se llega a la cima del cerro de Carcabón, uno de los cruces del torrentoso Culebrillas que atraviesa por un encañonado.

En la parte alta está el rocoso Puente del Diablo, llamado así porque hasta hace unos diez años olía a azufre. El entorno es único.

El canto de los pájaros y el torrente del río Culebrillas se escuchan en todo momento. Los árboles como el guagual, sarar, gañal y dul-dul son abundantes. Hay hongos amarillos y tomates y de diferentes formas.

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