17 de octubre de 2018 00:00

Artistas reflexionan sobre territorio e identidad en una exposición

‘La vida en su boca, la muerte acuna su brazo’, del artista guatemalteco Naufus Ramírez Figueroa. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

‘La vida en su boca, la muerte acuna su brazo’, del artista guatemalteco Naufus Ramírez Figueroa. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO.

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Gabriel Flores
Redactor (I)
gflores@elcomercio.com

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La más castellana de América es una instalación hecha con reproducciones de columnas convertidas en ruinas, cuyo interior está cubierto de pan de oro.

Para su creación, la guayaquileña María José Argenzio sacó varios moldes de elementos arquitectónicos de Quito en los que vio que se revelaba el cruce entre el orden de la arquitectura hispánica y la mano de obra indígena.

A través de esta pieza, que es parte de ‘Horizontes Errantes’ -exposición que desde el sábado 13 de octubre del 2018 se exhibe en el Centro de Arte Contemporáneo (Montevideo y Luis Dávila)- Argenzio arma una metáfora sobre la devoción hacia la hispanidad que existió en la época de la Colonia y que puede ser apreciada en las joyas del arte quiteño.

La crítica vinculada a las estructuras de poder heredadas de la Colonia también atraviesa el trabajo del resto de artistas que son parte de la exhibición: Gabriel Acevedo, Diego Lama y Marco Pando, de Perú; Christian Salablanca, de Costa Rica; Edgardo Aragón, de México; Jonathas de Andrade, de Brasil; Naufus Ramírez, de Guatemala; Beatriz Santiago, de Puerto Rico; Pilar Quinteiros, de Chile; David Guarnizo, de Colombia, y Rometti & Costales, de Francia y Bielorrusia.

A través de videoinstalaciones, videoesculturas, fotografías y esculturas, estos artistas también reflexionan sobre las representaciones culturales y visuales del territorio y de la identidad en la vida contemporánea, como sucede en las obras de las artistas ecuatorianas Angélica Alomoto y Karina Aguilera Skvirsky.

Alomoto participa con una videoescultura, en donde se observa una danza ritual sobre arcilla realizada en la provincia de Napo. Este ritual, que duró 90 minutos, fue registrado y proyectado sobre una estructura que contiene las huellas de la danza realizada sobre la arcilla, agua y petróleo.

A criterio de Eduardo Carrera, curador de la exhibición, la artista “experimenta desde el gesto ritual las diversas formas de entender el ser, el estar, la permanencia y la transmutación del cuerpo y su energía. Del mismo modo, como habitamos y construimos el conocimiento a partir de un sistema de signos heredados, incorporados y encarnados”.

Por su parte, Aguilera presenta El peligroso viaje de María Rosa Palacios, un video en el que narra la historia de su bisabuela María Rosa Palacios, una afroecuatoriana descendiente de esclavos quien en 1905, a los 15 años, dejó su pueblo natal (en el valle del Chota) con destino a Guayaquil, atravesando durante varias semanas un arduo camino con el propósito de trabajar para una familia adinerada. Para este proyecto, la artista se em­barcó en la realización de un videoperformance, reconstruyendo la ruta tomada por su bisabuela.

La exposición estará abierta hasta el 25 de noviembre. La atención es de martes a domingo, desde las 09:00. La entrada es de acceso libre.

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