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Confinamiento por covid-19 deja a animales de zoológico de Jerusalén añorando las visitas humanas

Una jirafa mira su área habitable en el Zoológico bíblico de Jerusalén, que está cerrado debido a la cuarentena por el COVID-19. 31 de enero, 2021. Foto: Reuters

Una jirafa mira su área habitable en el Zoológico bíblico de Jerusalén, que está cerrado debido a la cuarentena por el COVID-19. 31 de enero, 2021. Foto: Reuters

Una jirafa mira su área habitable en el Zoológico bíblico de Jerusalén, que está cerrado debido a la cuarentena por el COVID-19. 31 de enero, 2021. Foto: Reuters

Mientras observaban a los visitantes desde sus moradas, eran una fuente popular de entretenimiento en el Zoológico Bíblico de Jerusalén.

Pero los humanos no llegan desde hace un mes debido a las medidas por el coronavirus en Israel, y los animales echan de menos mirarlos, dicen los cuidadores del lugar.

“Están sentados allí arriba, juegan entre ellos”, dijo Nili Avni-Magen, veterinario jefe del zoo, en el recinto de los primates. “Intentamos hacer que se entretengan, pero echan de menos a los visitantes en la gran ventana frontal”.

El zoo de Jerusalén contiene una gran variedad de especies, pero da prioridad a las que aparecen mencionadas en la Biblia. Sin visitantes, ahora los animales deben conformarse con interactuar con sus cuidadores, que están ocupados alimentando y atendiendo a canguros, cebras y elefantes.

Un elefante asiático come en su área habitable en el Zoológico bíblico de Jerusalén, que está cerrado debido a la cuarentena por el COVID-19. 31 de enero, 2021. Foto: REUTERS

Cuando un equipo de Reuters TV visitó el lugar, los monos aulladores negros y dorados salieron de sus casas, ansiosos por echar un vistazo.

“Lo echan mucho de menos”, dijo AvniMagen sobre la interacción diaria con los visitantes. “Están sentados esperando que el zoo vuelva a abrir”.

Los leones, sin embargo, parecen ser una excepción, ya que ahora se acercan a sus cuidadores y a las zonas delanteras de su recinto debido a la tranquilidad reinante.

“Ellos se sienten más seguros cuando ven menos gente”, dice Avni-Magen.

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