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La vacuna es una forma de protegerse, pero no libra del contagio

Marianita Chávez, de 69 años, ya recibió las dos dosis: el 15 de abril y el 13 de mayo. En el 2020 enfrentó al covid-19. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Los primeros días de enero, los esposos Nancy Morales y Víctor Silva, de 71 y 77 años, respectivamente, dieron positivo para covid-19. Sus síntomas fueron moderados. Hubo fiebre, dolor muscular y dificultades para respirar.

Afortunadamente no tuvieron que ser hospitalizados y su recuperación fue rápida. “En un mes estuvimos libres del virus. Sin embargo, no sabíamos si podíamos recibir o no las vacunas anticovid-19”.

Inicialmente, en el país -al igual que en otras naciones- se descartó la posibilidad de inocular a quienes ya se contagiaron. La Organización Mundial de la Salud (OMS) se pronunció sobre la necesidad de hacerlo, ya que no se conoce cuánto tiempo podría durar la inmunidad natural.

Con las dosis se evitan las complicaciones graves por el virus; más no se previene el contagio, destaca la OMS.
A los esposos Nancy y Víctor les aplicaron la fórmula de Pfizer-BioNtech el 5 de mayo, en el Centro de Exposiciones Quito. La segunda, los primeros días de este mes, en el Centro de Atención del Adulto Mayor, del IESS; es decir, cerca de 3 meses luego de su contagio.

“El médico nos recomendó vacunarnos, para alcanzar la protección frente a síntomas severos”, relata Víctor.
Según el infectólogo David Larreátegui, no hay un tiempo definido para colocarse las dosis después de haberse contagiado. Sin embargo, los pacientes sí deben cumplir con algunas condiciones, como no presentar síntomas respiratorios, fiebre, etc. “Las personas generan anticuerpos tras el contagio. Con el paso del tiempo disminuyen, y deben vacunarse”.

En su caso, él ha sugerido aplicársela dos semanas después de la recuperación y cese total de síntomas. Las personas deben estar complemente sanas y libres del virus.

En esta condición se encuentran cerca de 400 000 ciudadanos, más del 90% de casos confirmados de covid-19 en el país.

Marianita Chávez, de 69 años, está en este grupo. Se infectó el 15 de junio del año pasado. Cree que la transmisión se dio tras el contacto con uno de sus inquilinos, que dio positivo para SARS-CoV-2.

Los síntomas no fueron intensos. Tuve tos, congestión y pérdida del gusto y olfato”.

El malestar duró casi un mes. Finalmente se recuperó. El 15 de abril pasado, Chávez acudió a recibir su primera dosis y el 13 de mayo fue por la segunda. ­Estaba emocionada.

“Los primeros días del contagio sentí miedo; pensé que podía agravarme, por lo que esperaba que llegaran las vacunas al país para protegerme. Quiero estar saludable para pasar con mi esposo, mis tres hijas y siete nietos”.

El infectólogo Larreátegui ha tratado casos de personas que se han infectado tras la colocación de la primera dosis. Se ha advertido que las vacunas no evitan el contagio, sí la muerte u hospitalización.

“Los diagnósticos de quienes se inmunizaron y pos­teriormente se infectaron no son frecuentes. Pero la mayoría de ellos presenta síntomas más leves, ya que la vacuna disminuye los efectos graves de la enfermedad”.

La OMS ha subrayado que después de la primera dosis, en las fórmulas que requieren dos aplicaciones, existe una buena respuesta inmune del organismo, que se activa aproximadamente dos semanas después de ser aplicada.

Pero la protección total aparece tras la administración de la segunda. “Aumenta esa respuesta inmune y la protección ya adquirida se vuelve más fuerte después de su aplicación, en un período de tiempo más corto”, según sostiene
el organismo.

César Oña, de 51 años, es docente y padre de dos hijos. En febrero dio positivo para covid-19. Sus síntomas fueron intensos. Pasó hospitalizado cuatro días. Por ello nunca dudó en vacunarse. El 23 de mayo le aplicaron la primera dosis de AstraZeneca, espera la segunda, pero sigue protegiéndose.