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Testimonio de enfermero que trabaja en las brigadas de vacunación del IESS: ‘Al día vacuno a 120 personas adultas mayores’

Daniel Mero realiza la vacunacion contra el covid-19 en Quito. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

Daniel Mero nació hace 27 años en Montecristi (Manabí) y es licenciado en enfermería, graduado de la Universidad Laica Eloy Alfaro de esa provincia. En esta semana, él ha colaborado en las brigadas de vacunación contra el covid-19 que dirige el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). Aquí su testimonio:

“En promedio, yo vacuno cada día a 120 adultos mayores que se acercan a la sede del IESS ubicada en la avenida Naciones Unidas y Veracruz. Sigo los protocolos de bioseguridad al pie de la letra y primero me presento ante cada paciente. Les digo que soy enfermero y que me encargaré de inocularlos contra el covid-19.

Como parte del procedimiento, primero les muestro que la jeringuilla es nueva y que se encuentra sellada, lo mismo con el frasco de la vacuna. Les explico el proceso de cargar la dosis al interior de la inyección.

Algunas personas se asustan y me piden que lo haga despacio, pues temen que les cause dolor. Les calmo, les digo que la aguja es pequeña y que solo sentirán lo que el líquido ingresa suavemente por el brazo para que no se ofusquen.

Algunos usuarios se quejan, pero les tengo paciencia. Al final me agradecen y me felicitan porque tengo ‘buena mano’. A veces, ellos llegan un poco molestos porque esperaron varias horas en la fila, pero se van contentos porque lograron inmunizarse.

Revisan y preguntan si el frasco realmente contiene la vacuna contra el coronavirus. Les enseño las especificaciones técnicas para que el proceso se desarrolle con normalidad. Algunos toman fotos del envase o tratan de llevárselo como recuerdo a sus casas. Les explico que está prohibido porque nuestra obligación es entregar los frascos vacíos.

Hay usuarios que piden Pfizer o Sinovac y les indico que tienen la misma efectividad. Por suerte, nunca me han faltado al respeto y la gente sale agradecida por la atención. Eso es bueno porque termino agotado tras las jornadas laborales, las cuales empiezan a las 07:00 y no tienen hora de salida.

A veces, solo alcanzo a ducharme, comer y rápidamente me quedo dormido. Al otro día me levanto temprano y salgo de mi casa ubicada en Chillogallo para continuar con las actividades.

Desde que comenzó la emergencia sanitaria, en marzo del año pasado, los médicos y enfermeros no hemos parado de auxiliar a quienes contrajeron covid-19. En mi caso, yo he trabajado en el hospital del IESS Quito Sur que es centinela en medio de esta pandemia.

Pertenecí a las áreas de epidemiología y control de infecciones. También me encargué de habilitar camas, subir pacientes a hospitalización o la Unidad de Cuidados Intensivos. Para los profesionales de ese centro asistencial nos significó un cambio drástico la llegada del covid-19.

Al principio, nos asustamos porque se trataba de un virus nuevo, desconocido. A medida que se han ido actualizando los estudios sobre esa enfermedad, he ido perdiéndole el miedo.

Siempre me encomiendo a Dios cuando salgo a laborar. Hasta el momento no me he contagiado, pero sí mis compañeros. Un amigo se infectó, pero tuvo síntomas leves, se aisló por 14 días. Una compañera que perteneció el área covid-19 murió. No aguantó, estuvo en cuidados intensivos, intubada, se le trató de salvar, pero se complicó el proceso.