Miles de salvadoreños marchan contra Bukele cuando s…
Transportistas de Pichincha denuncian desconocimient…
Ministro de Agricultura se pronuncia, tras anuncio d…
Gobierno instalará seis mesas técnicas con la Fenoci…
Campaña para concientizar la importancia de mantener…
Provisión de combustible se normaliza para el sur de…
Controles a las ventas ambulantes continuaron este d…
Los talleres artesanales de Ecuador enfrentan dificu…

Utopías

ENRIQUE PINTI
La Nación, Argentina, GDA

El equilibrio, la sensatez, la reflexión y la mayor objetividad posible se han convertido en utopías muy difíciles de conseguir.

Las sociedades prefieren a la larga o a la corta los extremos, los contrastes violentos y las soluciones radicales, impiadosas y muchas veces sangrientas.

O se castiga con severidad extrema a quien muchas veces por falta de oportunidades razonables de obtener educación y medios para conseguir un nivel de vida aceptable aun dentro de límites modestos, o se permiten todo tipo de desmanes, excesos, delitos y crímenes aberrantes ignorando el derecho a vivir en paz y sin sobresaltos. Pasamos de la justicia inflexible e inhumana a las libertades condicionales sin rigor ni selección.

O se hacina en lugares inmundos al delincuente, sin discriminar quien es primerizo en el delito y tiene una posibilidad mayor de redención, haciéndolo convivir promiscuamente con forajidos sin el menor freno moral que se convierten en maestros del horror logrando pudrir lo poco o mucho de bueno que podría redundar en convertir a un joven que cometió una equivocación en un gángster hecho y derecho. O se los pone en lo que la sabiduría popular ha bautizado como “puerta giratoria”, o sea entrar por una y salir por otra a una velocidad que habilita al ladrón para seguir robando impunemente.

Pasamos de la justicia inflexible e inhumana que tan bien pintó el magistral Víctor Hugo de ‘Los miserables’ con ese hombre pobre condenado a trabajos forzados por robar un pedazo de pan y que será perseguido por años y años por un inspector inflexible, psicótico y sádico, a las libertades condicionales sin rigor ni selección gracias a las cuales golpeadores, asesinos y violadores reiterados salen para volver a cometer sus tropelías.

Se crean estados policiales extremos con total negación de las libertades individuales y de la privacidad o se mira para otro lado haciendo la vista gorda a excesos perjudiciales para la salud física y mental de la sociedad.

Se prohíben arbitrariamente obras de arte por considerarlas obscenas o se permite solapadamente la pornografía infantil y hemos pasado de la paloma mensajera a las redes sociales sin el menor control pasando por todo tipo de comunicación que ha convertido al mundo en un “gran hermano”, donde todos espían a todos con intrusiones en la vida íntima.

Hemos ido desde la tiranía de padres autoritarios y pegadores a la relación confianzuda y sin límites ni roles claros entre familias disfuncionales y descalabradas y desde hijos anulados a padres maltratados y denigrados.

Así, en nombre de la decencia, la moral, las buenas costumbres, el orden y el respeto sumiso a cualquier tipo de autoridad o autoritarismo, o en nombre delas libertades individuales, la autoestima, la identidad, el derecho a disentir, el respeto a las diferencias de género, conducta sexual o raza y condición social, se crean, re-crean, derogan, anulan o establecen pautas de vida que, al no admitir ningún tipo de equilibrio y funcionalidad de acuerdo a los avatares que sin duda condicionan nuestra existencia, se vuelven obsoletas y anacrónicas provocando revueltas y descontentos sociales que inevitablemente llevan a enfrentamientos de impredecibles consecuencias.

¿El sentido común y la solidaridad? Mal, gracias.

Suplementos digitales