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Razón, Emoción y voto

Si tuviéramos un chip en el cerebro que genere un algoritmo racional como anticipa el Sr. Noa Harari para el futuro próximo, o si dejaremos que las elecciones seccionales o nacionales fueran hechas por una computadora, la cual maneje todos los datos que provienen de un candidato y en esos datos estuvieran sus cualidades y defectos, probablemente tendríamos los mejores dirigentes que la racionalidad nos puede ofrecer.

El voto por uno u otro candidato estaría basado en hechos, en las características de personalidad, en su nivel de conocimiento sobre la función a la cual pretende acceder, incluso podría deducirse a partir del análisis de su data, si sus intenciones y motivaciones para llegar a ocupar ese cargo son genuinas y nacidas de un deseo de servir o, si son producto de un deseo de servirse. Estamos a punto de ir a elecciones seccionales para las cuales, más de 80 000 ciudadanos están dispuestos a sacrificarse en aras del servicio público. En algunos cantones creo que hay más candidatos que votantes.

¿Qué será que lleva a tanta gente a someterse a una campaña electoral en la cual uno no puede trabajar ni producir, que es extenuante, que termina produciendo espasmos en los músculos de la cara por tanto sonreír?

Muchos de esos miles de candidatos, saben que no van a ganar, que el numero de votantes a su favor no excederá el numero de parientes con derecho al voto, y para indignación de más de uno de ellos, comprobarán que ni siquiera los parientes votaron a su favor. Entonces ¿por qué ser candidato?

Bueno en parte porque nuestro Código de la Democracia asegura que si se tiene un candidato y un número de firmas que lo respalde, se forma un movimiento y ese movimiento recibirá de las arcas del Estado, un monto de dinero que pagará la campaña, que a algunos les sacará del desempleo, al menos por un tiempo.

Muchos de estos candidatos se presentan por narcisismo, el placer ver su rostro empapelando postes y en pancartas, el escuchar su nombre en spots publicitarios y finalmente incluir en su ridiculum vitae, el haber sido candidato. Como no somos robots, ni cyborgs, ni computadoras, el voto de los seres humanos en su gran mayoría se da por emociones y de estas, según Paul Ekman, son siete las básicas e incluyen a la tristeza, felicidad, ira, desprecio, sorpresa, asco, y miedo.

Ojalá en estas elecciones no votemos solamente por la emoción que nos trasmitió y nos despertó él o los candidatos. Ojalá pudiéramos tomarnos un tiempo, identificar la emoción y contraponerla con la razón. Tratar de lograr un equilibrio entre esos dos elementos y así escojamos a los mejores.

Ya tenemos suficientes tumbos en nuestra historia para que sigamos nuevamente de tumbo en tumbo.

Columnista invitado