Fausto Segovia Baus

Navidad: ¿tráfico de ilusiones?

Recuerdo un ensayo de Gabriel García Márquez, cuando a propósito de la Navidadescribía que no le gustaba porque es una fiesta desigual, es decir, entre los que disfrutan y los millones de niños y niñas pobres del planeta que están privados de sus derechos, en condiciones infrahumanas y excluidos de las luces y centellas, de los cantos de paz, los obsequios, los abrazos, ysobre todo de un pan en sus estómagos.

En rigor hay que reconocer que la Navidad ha tomado otro giropor incidencia de un fenómeno global: la modernidad. Para ello han contribuido nuevos símbolos, reconocidos como marcas registradas: San Nicolás, convertido en Papá Noel, un hombre gordo vestido de rojo, quien con su sonrisa inconfundible hizo reír a los dueños de una gaseosa y traer obsequios en un carro halado por ciervos… Luego aparecieron los árboles, la escarcha, los juguetes y el círculo se cerró con una simbiosis extraña: la colocación del árbol y Papá Noel junto al Niño Jesús, el salvador del mundo.

El espíritu de la Navidad, según latradición, es profundo: no el regalo suntuoso, sino el mejor regalo: usted, a sí mismo y a los demás; no el cumplido vacío y superficial, sino la entrega generosa de una sonrisa, de la confianza de creer en la gente; la capacidad de compartir y solidarizarse, de dar y darse a la propia familia con generosidad, sin esperar recibir nada a cambio.

Otras miradas sobre la Navidad existen. He escuchado versiones, que cuestionan los ritos y, en especial, esas costumbres arraigadas en los sistemas religiosos que repiten preces, mensajes y oraciones -presenciales y virtuales, en un tráfico de ilusiones- con deseos de paz, felicidad y amor, y una vez terminadas las novenas, los pases, las posadas y, por supuesto, las fiestas y los gastos…retorna el mundo del egoísmo, el dolor, la indiferencia y el calendario de tragedias.

¿Cómo romper este círculo vicioso que nos invade todos años? ¿O es que hemos convertido al Niño Jesús en un subterfugio o pretexto para mantener un estatus quo que nos avergüenza?¿Utilizamos a Dios y a la religión a nuestra conveniencia?

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