Aura Lucía Mera

Sé que moriré...

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Sábado 16 de marzo 2019

Hace unos años, con uno de mis hijos, adicto a la lectura, igual que yo, y aclaro que de esta adicción si no quiero salir jamás, me decía con tristeza la cantidad de libros que se quedaría sin leer, así leyera uno o dos libros diarios Durante toda su vida y fuera muy longevo...Vuelvo a retomar el tema ahora, precisamente, leyendo un artículo de Manuel Vilas, el autor de Ordesa, sobre este asunto: “-se quedaran perdidos, sepultados, en el caos de mi biblioteca o de otras bibliotecas... Pienso que Cervantes es un escritor inédito para el 90% de españoles... toda la historia de la literatura está inédita para millones y millones de seres humanos que no leen...”

“-...Me moriré sin saber qué pensaban de la muerte miles y miles de personajes de novelas las que hablan de la muerte y que yo no tendré tiempo de leer porque la muerte me lo impedirá...” “- La literatura y la muerte... dos grandes bailarinas en la oscuridad!”

Los recuerdos me invaden. Esos años setenta en Quito cuando inaugure, la Librería El Toro Rojo en la Plaza Artigas... Oswaldo Viteri diseñó el logo y los símbolos. Carlos Mantilla Hurtado imprimió exlibris, papelería y afiches. Mary Lou Hay y su magnífica emisora hablaban de ella. Susana Romoleroux, esa mujer irrepetible dueña de La Pomaire me permitía escoger los títulos y llevármelos en consignación, saldando cuentas al fin da cada mes... Éxito total...

Y más éxito, con la “estrategia de marketing” de regalar jerez a partir de las seis de la tarde, en mini vasitos... Se prolongaban las tertulias y se vendía el mismo libro hasta tres veces... La verdad. jamás supe si El Toro Rojo daba ganancias o pérdidas, pero movimos el ámbito cultural, con exposiciones de pinturas y concursos de cuentos además de divertirnos un montón. Época única, que desapareció abruptamente con el suicidio de Domingo Dominguín. Mi pareja y amor de la vida. El Toro Rojo cerró sus Plaza de Letras para siempre y las palabras buscaron nido en otros lugares... Porque las palabras no mueren jamás. Vuelan, bailan, jamás están quietas y siempre están dispuestas para quienes las quieren encontrar...

Pienso en lo vivido y en lo que me queda... eso sí, espero poder leer hasta el final del viaje. En este momento, en que Manuel Vilas me estremece el alma con Ordesa también caigo en la tentación de leer a Stefan Zweig y redescubrir esa prosa perfecta, profunda con que escribió páginas sublimes que golpean.

¿Piedad Bonnet o Balzac? Ambos autores me llevan a mundos diferentes... Proust o Jorge Icaza? La Deshumanización de Valter Hugo Mae, monstruo portugués de las letras apenas iniciándose en ese maldito oficio o La Ilíada ?...

El que lee su primer libro y se deja llevar, jamás volverá a ser el mismo... Todavía muchas palabras me esperan. ¡Qué ilusión!