María Herrera Heredia

¿Democracia o electoralismo?

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Domingo 17 de marzo 2019

Las próximas elecciones seccionales de marzo, la cantidad de candidatos a las diferentes dignidades de elección popular, como alcaldes, concejales, prefectos, consejeros, el despliegue de amplia y variada propaganda, lleva a pensar si lo que estamos viviendo es ciertamente un proceso democrático o una suerte de electoralismo al que vamos porque tenemos que ir y donde se impone el más fuerte o con mayor cantidad de recursos, sean estos financieros, demagógicos, partidistas, infraestructura, etc.

Es muy importante para los países considerar seriamente los procesos democráticos, entendidos como la decisión del pueblo para elegir a sus gobernantes, en un marco de respeto a la institucionalidad y a la ley, donde prime la equidad y las normas se apliquen para todos los ciudadanos por igual, donde haya rendición de cuentas de los recursos usados y un cumplimiento estricto de los objetivos y prioridades nacionales, seccionales o locales.

La interpretación sesgada del “poder” a nivel global y particularmente en nuestro caso, en los últimos tiempos, conforme lamentables evidencias de corrupción, permite a los electores, ciudadanos comunes, observar el proceso como una carrera con aspiraciones de partido, agrupación o individuales, donde lo sustancial es obtener el mayor número de votos y llegar a la meta, sin propósitos de trabajo claros, proyectos definidos ni sostenibilidad de los mismos. Los sobreprecios en las contrataciones, el cobro de diezmos por parte de funcionarios públicos o de elección popular, tema fresco en la Asamblea, dan cuenta del procedimiento de ciertos funcionarios.

Este proceder, lamentable, que obviamente no corresponde al 100% de ciudadanos ecuatorianos, ni al 100% de candidatos, va haciendo efecto; sin embargo, en la sociedad, que repliega a muchos ciudadanos valiosos, trabajadores y honestos a involucrarse en este tipo de contiendas, con pérdida significativa para el desarrollo del país, provincias, cantones, parroquias, que requieren urgentemente acciones para alinearse al ritmo de crecimiento del mundo del siglo XXI y su globalización, y que demandan gestiones urgentes a favor de la salud, la educación, el empleo, el cuidado del medio ambiente, etc.

Es fundamental repasar el concepto de democracia, entenderla como la antítesis de la dictadura y de una carta abierta al despliegue del libre albedrío de quien llega a ostentar el poder, concebirla como un espacio de respeto a las decisiones, donde la política pública sea resultado de la organización y participación ciudadana libre e igualitaria, donde se observen los derechos fundamentales, se propicie un ambiente de convivencia y seguridad comunitaria, cuidado en el manejo de los fondos públicos y disciplina en su manejo.

Entendida así, la democracia está por sobre la urna y sus votos, está en la legitimidad ganada en base a la transparencia.