Roberto Salas

Empresas y derechos humanos

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Miércoles 07 de octubre 2020

A propósito de los Principios Rectores sobre las empresas y los Derechos Humanos emitidos por la ONU desde 2011, la pandemia ha sido un catalizador para impulsar la necesidad de masificar su promoción, adopción, y comprometer la responsabilidad de las empresas, y sobre todo llamar la atención a los gobiernos que con voluntad política y coherencia deben liderar con el ejemplo la obligación moral y ética de proteger, respetar y remediar los derechos humanos.

Las empresas deben conocer las normas y regulaciones locales e internacionales para difundirlos, gestionarlos con transparencia y debida diligencia, siendo protagonista en respetar y remediar. Además de asumir compromisos públicos, como adherirse a los Principios del Pacto Global, o contribuir a los ODS que promueven la paz, la justicia, las instituciones sólidas y la colaboración para enfrentar los desafíos, se debe actuar proactivamente en la elaboración de políticas, procesos, programas de capacitación y considerarlos en sus procesos de toma de decisiones principalmente en las juntas directivas y los equipos de gestión.

La prioridad es garantizar el derecho de todo ser humano a la vida, su integridad y la dignidad. Por esta razón es fundamental la gestión de la salud y seguridad en los puestos de trabajo, garantizando ambientes laborales sanos y seguros, de tal manera de trabajar fuerte y retornar a casa cansados... pero contentos. Lo mismo en la garantía de evitar el trabajo forzoso o el emplear niños que deben estudiar y jugar para formarse integralmente, así como evitar la discriminación de cualquier tipo o impedir la libre asociación, y permitir el acceso a un salario digno y al derecho al descanso necesario.

Sin embargo, el contexto tiene elementos conflictivos, como la violencia de género sobre las mujeres, la seguridad para la movilización libre, el derecho a la libertad de expresión, o situaciones más complejas como el derecho de adopción de parejas homosexuales sin considerar el impacto sobre los derechos del niño o niña que no puede elegir, cuando se privilegia el derecho de la mujer a decidir sobre el aborto sin considerar el derecho del que está por nacer, o cuando gobiernos y organizaciones desprestigian los derechos humanos dándoles más protección a los delincuentes que a las víctimas.

Volviendo a las empresas, el desafío de construir confianza depende de la percepción de los grupos de interés sobre el respeto y la valoración que otorga la empresa a los derechos de las personas involucradas.

El público espera más de las empresas y sus dirigentes. Cumplir los Principios Rectores es lo correcto, y también es lo más inteligente, por eso el anuncio del Gobierno a desarrollar una agenda compartida entre Gobierno, empresas y sociedad es una gran oportunidad.