Marco Arauz

El verdadero enemigo de Moreno

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Si el presidente Lenín Moreno tan solo aplicara la décima parte de los esfuerzos que pone en los temas políticos para resolver los problemas económicos, las cosas serían distintas. La indecisión de la que él y su equipo económico -visible e invisible- han hecho gala no se compadece ni con las urgencias fiscales del país ni con el contexto general. Las salidas se complican.

En todos los sondeos, sin excepción, las preocupaciones económicas han ido ganando peso, incluso por encima de temas como la corrupción o la inseguridad. La falta de empleo y la crisis son señaladas como los principales problemas del país por más de la mitad de los encuestados. Y ese mismo número es pesimista sobre el futuro económico.

Si la memoria no falla, ha transcurrido ya un año desde cuando Moreno expuso la realidad económica con los datos de los que disponía. ¿Qué ha hecho desde entonces para reparar de modo práctico la falacia de la ‘mesa servida’ del anterior gobierno? Da la impresión de que tiene miedo de los costos políticos; debiera actuar como presidente de transición.

El INEC informó hace unos días que en julio hubo deflación por cuarto mes consecutivo; poco antes señaló que los indicadores de empleo a escala nacional no tuvieron variaciones significativas en un año (el desempleo está en 4,1% y el subempleo en 19,4%), mientras que la pobreza extrema aumentó a 24,5%.

La Ley de Fomento Productivo contempla varios incentivos que no pueden aplicarse en el corto plazo, y la posibilidad recaudatoria se basa en una condonación de intereses, multas y recargos para deudores de 12 entidades públicas. Unos USD 500 millones pudiera rendir este año esta medida que es solo una vieja fórmula que deja en desventaja a quienes sí cumplen sus obligaciones.

En cuanto a la posible eliminación de subsidios a los combustibles, lo que empezó como una decisión para quitarlos a quienes se benefician sin necesitarlos y mantenerlos para quienes sí los necesitan, se volvió un debate que puede terminar en una medida tibia y sin trascendencia fiscal. De nada sirve saber que el costo total de los subsidios llegará este año a 3 000 millones si no se cambia su estructura.

Más todavía, sin una política fiscal seria, el Gobierno no podrá cumplir la oferta de reestructurar la deuda pública en cuanto a plazos e intereses. Y tal como está el riesgo país, cualquier emisión de nueva deuda, al estilo del anterior gobierno, tendrá altos intereses. El peor de los mundos para una economía sin turbinas que no termina de despegar.

De nada servirán la seguidilla de ‘triunfos’ sobre el anterior gobierno a partir de un apabullante frente político; de nada servirá la campaña internacional para desmentir al expresidente, si al final se le da la razón y la oportunidad. El verdadero enemigo, presidente Moreno, es la economía, y si pierde la batalla, usted y el país perderán todo.