Los emprendedores y los consensos

Michelle Arévalo -Carpenter
Columnista invitada

En mi trabajo diario, me dedico a acompañar a “emprendedores”: ese segmento de gente innovadora y tremendamente diversa. Un grupo de gente que, si emprende buscando mejores oportunidades, es optimista por definición. Una comunidad que es en su mayoría joven genera valor mediante la innovación. Una categoría que, según el Global Entrepreneurship Monitor, incluye hasta el 30% de adultos en Ecuador. Un sector que rara vez se involucra en debates públicos, más allá de ocasionalmente, opinar sobre temas de emprendimiento.

La semana pasada participé, representando a nadie más que a mí mismo, en los “Consensos de Cusín”. Este encuentro ha sido subvalorado por su nombre, que resalta la aspiración de un resultado (“los consensos”), y atenúa su aspecto más importante: el proceso de generar diálogos entre quienes en otras circunstancias difícilmente conversarían. Para mí, este es el valor real del encuentro.

Sabiendo que no todas las voces estuvieron representadas, me siento en necesidad de apelar por la participación activa de emprendedores en ejercicios de diálogo como este. Propongo que los emprendedores deberían ser actores clave en todo foro que se discuta el rol del Estado, su responsabilidad con quienes están en situación de vulnerabilidad y la importancia de garantizar derechos. ¿Por qué?

Porque los emprendedores podemos sumar en estas ocasiones. Son tres las características que nos hacen buenos aliados en tener conversaciones complejas:

  1. Tenemos práctica en generar compromisos. El diálogo no es el fin, es un ejercicio de constancia. Los vaivenes de emprender en Ecuador nos han enseñado que la única manera de crecer y aprender es tener tolerancia para actuar fuera de nuestra zona de confort. Tenemos experiencia continua en encarar circunstancias inesperadas, adaptándonos, pivoteando y encontrando maneras de seguir adelante.
  2. Somos pragmáticos. La necesidad de seguir moviéndonos para no hundirnos nos da un sesgo natural hacia aguas menos turbulentas, hacia el centro – un espacio que está poco de moda-, pero que debe ser ocupado con firmeza para evitar polarización excesiva en el discurso público.
  3. Sabemos ponernos en los zapatos del otro. La empatía es la habilidad más importante para un emprendedor: el éxito de un nuevo producto o servicio nace de la capacidad de entender la perspectivas de otros para tener un profundo entendimiento de sus problemas antes de construir una solución. Ciertamente, un diálogo se enriquece cuando al menos una parte busca entender, con honesta curiosidad, por qué el otro piensa distinto.

    Los emprendedores podemos aportar una perspectiva de futuro, una predisposición al diálogo y habilidades clave que practicamos a diario para generar consensos. Conociendo a mis colegas como practicantes constantes de este tipo de resiliencia, vale la pena hoy apelar a que se incluya a más emprendedores en diálogos públicos de visión integral. La semana pasada en Cusin, ojalá la próxima en el siguiente encuentro que busque consensos mínimos sobre temas públicos que nos conciernen a todos. 

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