Carlos Jaramillo

Una década de Unasur, pero…

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Sábado 05 de mayo 2018

Hace diez años, en mayo del 2008, la Asamblea de Presidentes de América del Sur aprobó y suscribió en Brasil el Tratado Constitutivo de Unasur, que entró en vigencia el 11 de marzo del 2011, una vez que ratificaron el documento los respectivos Congresos Nacionales, y designó a Quito sede permanente de la Secretaría General y a Cochabamba, Bolivia, sede del Parlamento de ese organismo, que actualmente está sumido en un colapso sin precedentes.

Luego de la decisión adoptada el 20 de abril del presente año, esto es hace dos semanas, por seis de los doce miembros de la Unión de Naciones Suramericanas de suspender, en forma indefinida, su participación y aporte económico, el actual presidente pro témpore, Fernando Huanacuri, canciller de Bolivia, asumió su cargo ese mismo mes y anunció que después de pocos días convocará una asamblea para procurar soluciones.

Los seis países que se retiraron (Brasil, Argentina, Chile, Perú, Paraguay y Colombia) representan una abrumadora mayoría de población y extensión territorial de la región, lo cual se refleja en la contribución económica de 82.23% en total, equivalente a 8´933.653 dólares anuales. Entre los otros seis está Ecuador, que tiene una cuota de 404.149 dólares y, además, construyó un novedoso edificio en la Mitad del Mundo, que costó USD 39 millones, para las actividades de la dependencia que le fue asignada, Desde enero del 2017, en que se retiró Ernesto Samper no se ha podido designar nuevo Secretario Ejecutivo, y el Canciller chileno increpó que “este bloque no conduce a nada” y que “hay disputas feroces” entre los funcionarios del organismo.

La génesis de la Unasur se remonta a la Reunión de Presidentes de América del Sur que tuvo lugar el 8 de diciembre del 2004 en Cuzco, Perú, en la que Hugo Chávez, mandatario de Venezuela, planteó la creación de la Comunidad de Naciones Suramericanas, “para integrar procesos regionales desarrollados por el Mercosur y la Comunidad Andina”, pero era evidente que más que nada buscaba una corporación regional capaz de eclipsar a la OEA y marginar a Estados Unidos.
En abril del 2007, en la Isla Margarita, Venezuela, los Jefes de Estado cambiaron el nombre del organismo a Unión de Naciones Suramericanas, que ahora está muy afectada por el ocaso de unos cuantos gobernantes que se cobijaban bajo la bandera del Socialismo Siglo XXI y partidos afines, varios de ellos implicados en graves escándalos de corrupción y afán de perennizarse en el poder.

Lo cierto es que los propósitos de Unasur han quedado en aspiraciones. El Banco del Sur, uno de los más ambiciosos proyectos, tampoco nació siquiera, pese a que sus promotores afirmaban que contaban ya con el capital inicial de USD 8.000 millones. Ningún país depositó un centavo.

La situación de la Unasur es de vida o muerte. Requiere un golpe de timón prodigioso o naufraga. El tiempo dirá.