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Sábado 20 de febrero 2021

Entre los movimientos filosóficos, uno de los más controversiales es el “cinismo”. Su antecedente histórico se remonta al siglo IV a. C. Se dice que su primer exponente fue Antístenes, discípulo de Sócrates, quien transmitía sus ideas y principios en la plaza del Perro – Cinosargo, del que viene el nombre que nos ocupa… cino/perruno: cinismo.

Sin embargo, evidentemente, su representante más conocido es Diógenes, nacido en Sinope, ciudad de la costa turca del Mar Negro, que en la antigüedad fue un importante puerto de Asia Menor. Es conocido aquel pasaje de Diógenes, quien al preguntársele por qué se autodenominaba cínico respondió “porque muevo el rabo ante los que me dan algo, ladro a los que no me dan, y muerdo a los malvados”.

El fundamento del cinismo lo encontramos en la connotación negativa de felicidad (“eudemonía”), a la cual se accede con la supresión de necesidades, que lleva al ser humano a buscar su sola independencia y tranquilidad. Sustentados en este arrimo a la vida, los cínicos moran consigo mismos al margen de la sociedad. Rehúyen “cínicamente” a todo convencionalismo, dando exclusiva importancia a la naturaleza, que es la suya propia. Al actuar así se sienten ciudadanos de “su mundo”.

Algunos pensadores modernos identifican en el cinismo al cosmopolitismo extremo pregonado por el neoliberalismo deshumanizante. Este cinismo, sostienen, se diferencia de aquel ascético que defiende la marginalidad, en tanto los impúdicos de este segundo tipo más bien se adaptan a las circunstancias satirizando las mismas. Citemos a P. Sloterdijk, filósofo alemán contemporáneo. Cataloga al cinismo moderno como una voluntad de saber, en la cual el poder carece de ideales y es infeliz. El cinismo actual parte de una premisa errada, cual es conceptuar a la “felicidad” como un estado de deleite, siendo que ella – la felicidad – es más bien un momento de excelsitud.

Volvamos a Diógenes y los orígenes del cinismo. Propagaba éste que la felicidad viene al hombre por concesión de los dioses, pero que la misma se resquebraja si se la busca con subterfugios. Otra anécdota: a un ateniense su criado le calzaba, Diógenes dirigiéndose al primero lo reprochó afirmando “no vas a ser feliz hasta que también te suene los mocos, y esto te pasará cuando te quedes manco”. Lección de vida… al cínico social por más “ilustrado” que sea, tarde o temprano la sociedad le pasará la necesaria factura, mas será temprano siendo que su displicencia siempre desenmascara al cínico.

Irónica y sarcásticamente, la sociedad en que predomina la injusticia, la indigencia, la miseria, la intolerancia, la hipocresía, la insensatez, todas representadas por cínicos que consideran que el mundo es su mundo, y por moralistas de doble faz, como que requiere de cínicos intolerantes que vapuleen la falsedad social.