Milagros Aguirre

Cacamachín

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Jueves 05 de marzo 2020

La laguna del Edén, en el río Napo, está cubierta de lechuguines (Pistia). Edén Yuturi es uno de esos paraísos amazónicos del Yasuní que corre riesgo de desaparecer. La gente de la comunidad ya no sabe qué hacer para combatir esa plaga que ha cerrado la entrada a la laguna, una de las más bellas de la región. Su actividad de turismo comunitario está corriendo peligro: los turistas no pueden entrar al lodge ni disfrutar del paisaje. Los lechuguines lo cubren todo. Los peces han desaparecido: los lechuguines les tapan la luz y sin ella no pueden sobrevivir. La comunidad hace minga cada mes para intentar despejar el camino, mover las pesadas lechugas, machetearlas para que fluyan y se las lleve la corriente, en una tarea tan dura como inútil.

¿Cómo llegaron allá? No es cuestión de Dios ni de la naturaleza como quieren hacer creer. Es contaminación. Hay un desastre ecológico ahí que nadie quiere ver. Todos miran a otro lado. La gente en la comunidad sabe que antes de que esté la compañía, la laguna era limpia. Algo han echado ahí… Cacamachín, dicen. Y los lechuguines han crecido y se han multiplicado por millones. Y es la gente de la comuna la que tiene que ir a limpiar. Alguna vez les prestaron rastrillos para que intenten sacarlos, pero fue inútil: los lechuguines se enredaban.

¿Qué será del Ministerio del Ambiente? ¿Habrán visto en sus tantos paseos por ahí? ¿Les parece normal esa plaga que crece donde hay fertilizantes y aguas servidas? ¿No van a ayudar a la comunidad a sacar los lechuguines para hacer con ellos abono? ¿Han averiguado si hay algún desfogue de aguas sucias y servidas que está dando a la laguna y que permite que esa plaga se expanda de semejante forma?

En lugar de perseguir y castigar a las personas de las comunidades amazónicas cuando van de cacería o cuando venden alguna corona de plumas, ¿no será de que se den vuelta por ahí para ver qué está pasando y cuál es la causa de ese desastre ecológico?

Por más mingas que haga la gente de la comunidad, usando sus botes, arriesgando que se dañen sus motores, la lucha contra los lechuguines será infructuosa. El Ministerio de Ambiente y la compañía deben ayudar a resolverlo y terminar de una vez con la plaga y con la fuente que la produce. No es la única laguna del país destrozada por la contaminación, por la basura, por receptar aguas servidas.

Amigos ecologistas y ambientalistas: hay un daño ahí que no tiene color de negra brea petrolera, ni de derrame, ni de llamas encendidas en mecheros de gas que se queman en la selva. Este daño es verde y flota y lo ha cubierto todo. La gente de Edén necesita ayuda: no solo que no les cumplen los convenios, sino que la Cacamachin que ha crecido les va a dejar sin laguna, sin paraíso.